100 debuts de 100 grandes cineastas

Autor: Germán de Heras Álvarez

100 debuts de 100 grandes cineastas

Algunos comienzos de carreras cinematográficas son tan lejanos en el tiempo que pocas veces nos acordamos de ellos. Primeros largometrajes con trazos de talento e intuiciones de éxito que sirvieron como trampolín y escaparate. Directores que, en algunos casos, preferirían taparse los ojos de vergüenza ante la descomunal evolución que los años y la experiencia han ofrecido. Pero, en esencia, el origen de filmografías maravillosas y destacadas a lo largo de todo el planeta. Llega a Filmin la colección de los debuts, el nacimiento de los ahora consagrados. Grandes inicios de grandes cineastas. Más de 100 títulos que puedes disfrutar y que desgranamos para que no te pierdas nada.

Grandes directoras

De Sofía Coppola a Andrea Arnold, pasando por las Hermanas Wachowski. Siempre luchando a contracorriente, estas cineastas sacaron adelante sus proyectos y se hicieron hueco a golpe de demostrar incesantemente su prodigio para mirar y componer al otro lado de la cámara. Prefirieron tomárselo con humor, como en Cosas que nunca te dije”, que le valió a Coixet una nominación al Goya, “2 días en París”, el debut de la actriz Julie Delpy en dirección, que hizo malabares produciendo y componiendo la banda sonora, o en “Caramel”, la radiografía con descaro y dignidad de Nadine Labaki sobre la diversidad y las ataduras de las mujeres en Líbano. En ese sentido, y con un tono opuesto, Sofia Coppola, con nombre propio y no por ser “hija de”, conmocionó Estados Unidos en el último aliento del siglo XX con “Las vírgenes suicidas”, sobre la vida y la muerte de unas adolescentes despojadas de voluntad, controladas por el conservadurismo y reducidas a objeto sexual.

“Las vírgenes suicidas”, de Sofia Coppola

“Lazos ardientes”, de Lana y Lilly Wachowsky

“Cosas que nunca te dije”, de Isabel Coixet

“La ciénaga”, de Lucrecia Martel

“Caramel”, de Nadine Labaki

“Tú, yo y todos los demás”, de Miranda July

“Lejos de ella”, de Sarah Polley

“Red Road”, de Andrea Arnold

“2 días en París”, de Julie Delpy

“Lovely Rita”, de Jessica Hausner

“Todo está perdonado”, de Mia Hansen-Løve


Terror primigenio

La semilla del mal en versión dirección. El germen de un virus monstruoso que nos sigue cautivando hoy en día. Precedentes de muchas de las características actuales del género de terror y de la ciencia ficción. George A. Romero no inventó los zombies en "La noche de los muertos vivientes", pero sin duda estableció muchas de las reglas que hereda este subgénero en la actualidad. Seres incontrolables, peligros nucleares y biológicos y golpes mortales en la cabeza. En la misma década, Dario Argento dio un gran impulso al giallo con su “El pájaro de las plumas de cristal”, después adoptado por Estados Unidos en forma de slasher. Precisamente, John Carpenter, padre del slasher, debutó con “Dark Star”, una gran sátira de la ciencia ficción, mientras que Wes Craven, heredero del subgénero que reinventó sus reglas a través de otra gran sátira con “Scream”, se inició como maestro del horror gracias a “La última casa a la izquierda”, llena de violentas, extremas y sangrientas metáforas sobre las dudas planteadas por la fallida Guerra de Vietnam.

“La noche de los muertos vivientes”, de George A. Romero

“Hellraiser”, de Clive Barker

“El pájaro de las plumas de cristal”, de Dario Argento

“Mal gusto”, de Peter Jackson

“Vinieron de dentro de...”, de David Cronenberg

“Dark Star”, de John Carpenter

“La última casa a la izquierda”, de Wes Craven


Otras óperas primas

Trueba fue el único que dirigió “Ópera prima”, pero en España sabemos bastante de ellas. Son las que más se producen cada año en nuestra industria. Muchos cineastas no continúan adelante por las dificultades que entraña la financiación, pero en otras ocasiones resuenan nombres inolvidables que nos llenan de orgullo. Nacho Vigalondo y “Los cronocrímenes” revolucionaron el panorama de la crítica, que se peleó por desentrañar los viajes en el tiempo que planeta. Pero, por encima de todo, abrió la puerta a hacer cine de género en España. Paco León nos presentó a su madre en “Carmina o revienta”, una saga llena de humor negro y costumbrismo que nos ha regalado una de las mejores cosas del cine español de los últimos años: la irreverente familia León. Antes de “Loreak”, José Mari Goenaga y Jon Garaño nos inundaron de belleza y ternura “En 80 días” con la historia lésbica de amor en la vejez de Axun y Maite, mientras que Álex de la Iglesia marcó sus intenciones futuras con la sórdida y excelente “Acción mutante”, alrededor del humor negro, la sangre y la sátira.

“En 80 días”, de José Mari Goenaga y Jon Garaño

“Carmina o revienta”, de Paco León

“Los cronocrímenes”, de Nacho Vigalondo

“Hotel Room”, de Cesc Gay

“Tras el cristal”, de Agustí Villaronga

“La edad de oro”, de Luis Buñuel

“Las horas del día”, de Jaime Rosales

“Torremolinos 73”, de Pablo Berger

“Diamond Flash”, de Carlos Vermut

“Acción mutante”, de Álex de la Iglesia

“Pagafantas”, de Borja Cobeaga


A la conquista de Hollwyood

Es posible que al principio nunca se imaginaran que iban a estar desfilando con una estatuilla en sus brazos, hundiendo las manos en su propia estrella en el barrio de Hollywood o firmando contratos millonarios para grandes producciones. Directores reconocidos que han triunfado en el barrio de los Ángeles. Antes de “Malditos bastardos”, Quentin Tarantino con “Reservoir Dogs” dejó claro quiénes eran algunos de sus actores fetiches y qué tipo de relatos repletos de violencia y traidores quería representar en la gran pantalla. En blanco y negro y sin toques de ciencia ficción, Christopher Nolan debutó con un neo-noir en “Following”, destacando la banda sonora como gran seña de identidad en su carrera. Con 25 largometrajes a sus espaldas, Ridley Scott, padre de “Alien”, “Gladiator” o “Blade Runner”, comenzó su carrera adaptando una historia de Joseph Conrad en “Los duelistas”, un violento relato sobre la obsesión y el honor en tiempos de Napoleón. Antes de su sonado fracaso sobre la historia de este emperador francés, Stanley Kubrick se inició con “Fear and Desire (Miedo y deseo)”, un olvidado e invisible largometraje bélico que marcó su posterior carrera y la de Hollywood.

“El séptimo continente”, de Michael Haneke

“Tumba abierta”, de Danny Boyle

“Fruitvale Station”, de Ryan Coogler

“Reservoir Dogs”, de Quentin Tarantino

“Los duelistas”, de Ridley Scott

“Following”, de Christopher Nolan

“Lock & Stock”, de Guy Ritchie

“Pi (Fe en el caos)”, de Darren Aronofsky

“El hombre de más”, de Paolo Sorrentino

“Killing Zoe”, de Roger Avary

“Fear and Desire (Miedo y Deseo)”, de Stanley Kubrick

“El ansia”, de Tony Scott

“Very Bad Things”, de Peter Berg

“Ladrón”, de Michael Mann

“La infancia de un líder”, de Brady Corbet

“Shopping (De tiendas)”, de Paula W.S. Anderson


La cumbre del indie

Pudieron trabajar en ellos, pero los grandes estudios nunca fueron su verdadero hogar. Siempre se movieron como creadores alternativos, buscando historias diferentes, evitando los grandes focos, centrándose en desarrollar su arte tal y como lo percibían, apelando a la naturaleza humana. John Cassavetes inauguró con “Shadows (Sombras)” la gran ola del cine independiente norteamericano con la historia ya clásica de amor interracial. Con apenas 25.000 dólares, Gus Van Sant en “Mala noche” dejó claro su predilección, y buen hacer, con historias homosexuales y jóvenes contenedores de una rabia inclasificable. Al contrario que Van Sant, el cineasta Vincent Gallo quiso debutar a través de la comedia romántica, dirigiendo y protagonizando su “Buffalo ‘66”, culto instantáneo del indie estadounidense. Desde Reino Unido, y como contrapunto independiente de Estados Unidos, Terence Davies evocó sus recuerdos de infancia en “Voces distantes” a través de la música de Ella Fitzgerald, convirtiéndose en un maestro consagrado.

“Shadows (Sombras)”, de John Cassavetes

“Voces distantes”, de Terence Davies

“Permanent Vacation”, de Jim Jarmusch

“Mala noche”, de Gus Van Sant

“Slacker”, de Richard Linklater

“Besos de mariposa”, de Michael Winterbottom

“El muchacho de los cabellos verdes”, de Joseph Losey

“Johnny Suede”, de Tom DiCillo

“Buffalo ‘66”, de Vincent Gallo

“Synecdoche New York”, de Charlie Kaufman

“The Station Agent - Vidas cruzadas”, de Tom McCarthy

“Sexy Beast”, de Jonathan Glazer


Orgullo latino

Al otro lado del Atlántico y al sur del absurdo y futuro muro, el cine de Latinoamérica se erige en la región en continuo movimiento, experimental y atrevida, referente por su impacto y envidiada por la humanidad con la que se representa a su gente. Verdad y realismo se funden en las primerizas historias de cineastas ahora referentes, que decidieron ofrecer al resto del mundo el propio punto de vista latino, sin mediadores ni exigencias. El mexicano Iñárritu, antes de recoger tres Oscar a Mejor dirección en menos de cinco años, nos impactó con “Amores perros”, clásico inmediato por su sincero, aunque violento, retrato de una sociedad que siempre le ha acompañado en su filmografía. Fabián Bielinsky demostró con “Nueve reinas” el poder de cercanía que ofrece una producción sin decorados, utilizando la propia ciudad de Buenos Aires como herramienta y personaje de la propia historia. Glauber Rocha en 1962 nos llevó hasta Brasil con “Barravento” y llenó de poesía y simbolismo las imágenes de Bahia, impulsando el Cinema Novo como respuesta latina a las contracorrientes europeas.

“Nueve reinas”, de Fabián Bielinsky

“Amores perros”, de Alejandro González Iñárritu

“Fando y Lis”, de Alejandro Jodorowsky

“25 Watts”, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll

“Sonidos de barrio”, de Kleber Mendonça Filho

“Barravento”, de Glauber Rocha


Los clásicos

Forman parte de la Historia del cine con mayúscula. Aquellos artesanos que inventaron todo lo que ahora ya está inventado. Precursores y semilla de lo que es la cinematografía hoy en día. En muchos casos, tardaron en ser reconocidos, pero todos ellos engrandecieron un arte que tardó décadas en ser reconocido como tal. Truffaut y “Los 400 golpes” dieron el pistoletazo de salida al movimiento de la Nouvelle Vague europeo al que siguieron otros como Godard o Rohmer. Antes de Hollywood, estaba Europa. Al movimiento de la Nouvelle Vague también se sumó el aprendiz y montador de Truffaut, Alain Resnais, con su “Hiroshima mon amour”, debut basado en la novela de Marguerite Duras. “Una vida sin alegría” fue el inicio de Jean Renoir, que en los albores del cine (cuando era mudo y sin color), realizó una película sobre la lucha de clases. A sus solo 22 años, y antes de protagonizar numerosas polémicas, Bertulocci dio su pistoletazo de salida con “Commare Seca (La cosecha estéril)”, una adaptación del "Rashomon" de Akira Kurosawa y gran ejemplo del neo noir.

“Hiroshima, Mon Amour”, de Alain Resnais

“Los 400 golpes”, de François Truffaut

“El chico”, de Charles Chaplin

“Lazos humanos”, de Elia Kazan

“Los amantes de la noche”, de Nicholas Ray

“El silencio del mar”, de Jean-Pierre Melville

“El rostro impenetrable”, de Marlon Brando

“L’Atalante”, de Jean Vigo

“Commare Secca (La cosecha estéril)”, de Bernardo Bertolucci

“Día de fiesta”, de Jacques Tati

“Una vida sin alegría”, de Jean Renoir

“Crisis”, de Ingmar Bergman

“No serás un extraño”, de Stanley Kramer

“Hija del divorcio”, de Richard Fleischer

“Demencia 13”, de Francis Ford Coppola

“Los delincuentes”, de Robert Altman

“El héroe anda suelto”, de Peter Bogdanovich

“Sangre, sudor y lágrimas”, de David Lean

“Delicias holandesas”, de Paul Verhoeven

“Lily, la tigresa”, de Woody Allen y Senkichi Taniguchi


En los márgenes del mundo

Alejados de las influencias estadounidenses y ofreciendo experiencias distintas sobre la cinematografía. Cineastas que quieren incomodar, que son irreverentes y singulares. Están en el límite y arriesgaron todo en un grito inicial que ahora les vale el reconocimiento. Desde Canadá, Xavier Dolan, que bien podría ser un personaje de alguna película de Van Sant, se estrenó dirigiendo y protagonizando en 2009 “Yo maté a mi madre”, en una mezcla almodovariana y kar-waiana que refleja su obsesión por las relaciones de odio y violencia entre madre e hijo. También desde el norte del continente surgió el polémico Bruce LaBruce con su controvertida “No Skin Off My Ass”, un tono constante en su filmografía queer, que decidió dar pie a su carrera con un remake gay de "That Cold Day in the Park" entre un peluquero punk y un skinhead. Cuando todo parecía inventado, el polaco László Nemes apareció con “El hijo de Saúl” para ofrecernos un nuevo punto de vista, realmente original y crudo, sobre el Holocausto. Asfixiante y devastador relato como los de Lars von Trier, que ya daba pistas de hacia dónde se iba a dirigir su polémico cine con “El elemento del crimen”, repleta de planos que rozan la belleza de las pinturas expresionistas más complejas.

“More”, de Barbet Schroeder

“El hijo de Saúl”, de László Nemes

“El odio”, de Mathieu Kassovitz

“Ascensor para el Cadalso”, de Louis Malle

“El regreso”, de Andrei Zvyagintsev

“El elemento del crimen”, de Lars von Trier

“No Rest For the Brave”, de Alain Guiraudie

“A Swedish Love Story”, de Roy Andersson

“Contra la pared”, de Fatih Akin

“Katalin Varga”, de Peter Strickland

“Yo maté a mi madre”, de Xavier Dolan

“Chico conoce chica”, de Leos Carax

“In the Loop”, de Armando Iannucci

“Poesía y juventud”, de Abdellatif Kechiche

“Recursos humanos”, de Laurent Cantet

“El asesino”, de Elio Petri

“The Guitar Mongoloid”, de Ruben Östlund

“No Skin Off My Ass”, de Bruce LaBruce

“Abel”, de Alex van Warmerdam


Camino a Asia

Desde el continente asiático, en el Oriente siempre olvidado, es imposible no destacar el inicio de carreras prolíficas que marcan una mirada completamente distinta a la que estamos habituados en Occidente. Historias llenas de estilización, de metáforas visuales y de crudeza. Una cinematografía peculiar que roza la magia y la fascinación. El inimitable Takeshi Kitano llegó en 1989 con “Violent Cop”, lo que marcó una filmografía muy anclada en el thriller y llena de gore y humor negro. Desde Corea del Sur, Lee Sang-woo revolucionó el cine oriental con “Tropical Manila”, película que marcó el inicio de un cine protagonizado por los sucesos reales, la violencia, la controversia y el sexo más explícito y sórdido. En India, Satyajit Ray se proclamó en un nuevo genio de la cinematografía mundial a través de “La canción del camino”, primera parte de una trilogía llena de poesía, realismo y humanidad.

“La canción del camino”, de Satyajit Ray

“Violent Cop”, de Takeshi Kitano

“Tropical Manila”, de Lee Sang-woo

“Mysterious Object at Noon”, de Apichatpong Weerasethakul

“Policía en Israel”, de Nadav Lapid

“El masajista”, de Brillante Mendoza

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