Los 40 SIN Oscar

Autor: Filmin Fuente: Filmin

Hitchcock o Kubrick no fueron los primeros, Nolan, Lynch o Fincher tampoco serán los últimos. La frase "and the Oscar goes to..." nunca ha resonado en ellos, y simplemente por soltar cinco ejemplos sangrantes al vuelo. Joyas multipremiadas, fenómenos de culto, obras maestras ultrareivindicadas a lo largo de la historia, claras favoritas de la crítica que según todos los pronósticos debieran volver a su hogar con el Oscar, suelen hacerlo con la maleta vacía, cargada de decepción. Y eso, quienes al menos han llegado a pisar la alfombra roja, quienes han tenido el honor de ser nominadas y sucumbir ante superproducciones estrepitosas o sonrojantes éxitos de público. Por que las hay, para dar y tomar, las que ni tan siquiera fueron candidatas.


En Filmin tenemos 40 películas dignas de Oscar que, no más lejos de tan absurda realidad, jamás lo ganaron, es más, la mayoría de ellas ni tan siquiera llegaron nunca a optar a él en cualquiera de los diferentes apartados. Es lo que hay. Son los 40 sin Oscar, y 40, por poner un límite. Ahora sí, desplegamos nuestra particular alfombra roja a lo largo de 88 años de historia.

1. El Maquinista de la General de Buster Keaton (1927)

Situada entre las mejores películas de la Historia del Cine, irónicamente, en la época de su estreno, "El maquinista de la general" fracasó comercialmente; una de las razones de que Buster Keaton perdiese su independencia económica y artística. Para Keaton éste era su film favorito y sin duda es una de las cumbres de su genio creativo de cineasta y de cómico. Y claro, como no podía ser de otra forma, en los años posteriores el Oscar (que fue fundado en 1929) tampoco quiso saber nada de él. Así fue hasta que en 1960 el gran Buster Keaton fue galardonado con el Oscar Honorífico (o el de la vergüenza si se prefiere).



2. La Reina Kelly de Erich von Stroheim (1929)

Un trabajo atípico y extravagante en el que se combinan erotismo, religión, melodrama, comedia, vulgaridad y mística. Su última obra es la que que Erich von Stroheim consideraba como su favorita de su entera filmografía. Claro, también fue uno de los primeros en rebelarse ante la impostada espectacularidad el cine de Hollywood desde sus propias entrañas, algo que se vio con escepticismo por parte de los estudios y condenó al austríaco al ostracismo para volver a brillar una última vez más, no en el Kodak Theatre Center, pero si en ese mítico, inolvidable, eterno homenaje al cine que supone "El Crepúsculo de los dioses" (y que no hay Oscar posible que lo equipare).



3. El Doctor Frankenstein de James Whale (1931)

Boris Karloff dando vida al monstruo más célebre de la pantalla en la que muchos consideran, la mejor película de terror de todos los tiempos. Con semejantes mimbres, claro está, no hay opción a estatuilla.




4. King Kong de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper (1933)

Y siguiendo los pasos del monstruo de Whale, irrumpe el padre de "Jurassick Park" y de "Alien". El originario King Kong es un monstruo low-cost. Así es, el gorila más célebre de la historia del cine en su versión más primigenia y cruda, pero también más impactante y entrañable. Demasiado bizarro para ser Oro todo lo que reluce.


5. Tiempos Modernos / El Gran Dictador de Charles Chaplin (1936)

El hombre contra las máquina. Charlie Chaplin se enfrenta a la cadena de montaje de una fábrica en un clásico aclamado como una de las Mejores Películas del American Film Institute. "Tiempos Modernos", al igual que "El Gran Dictador", permanece como una obra satírica atemporal y como uno de los títulos claves de la historia del cine. Algo que nadie discute, tan solo la Academia.



6. La Fiera de mi niña / Luna Nueva de Howard Hawks (1938/1940)

Una de las grandes comedias románticas de todos los tiempos, cima del slapstick, obra clave en la carrera de Cary Grant y Howard Hawks. Lo tiene todo, menos el Oscar. De hecho, ni tan siquiera "La fiera de mi niña" le proporcionó el galardón a un Hawks que pese a dirigir medio centenar de películas (la mayoría de ellas son parte de la historia del cine) tan solo resultó nominado una vez (fue a Mejor Director por "El Sargento York"). Su merecido reconocimiento dorado llegaría a toro pasado, con el Oscar honorífico recibido en 1975. A buenas horas, mangas verdes.



7. Perversidad de Fritz Lang (1945)

Una de los títulos cumbres del cine negro. Fritz Lang se sumerge en una pesadilla en la que no hay despertar posible, y lo hace de la mano de la excelente interpretación de Edward G. Robinson, y una de las femme fatales más logradas del cine de todos los tiempos. Una obra maestra de imprescindible visionado que no necesita de nominación alguna para imponerse como un referente imponderable del cine clásico de suspense.



8. La Bella y la Bestia de Jean Cocteau (1946)

Ni a la Mejor Película de Habla no Inglesa, ni tan siquiera al Mejor Vestuario. Una de las cimas del gran Jean Cocteau, una maravilla insólita para su época, la mejor versión posible que jamás podrá encontrar el mítico cuento de Beaumont, tan solo fue reconocida con el Premio Louis DeLluc. Rabia.



9. Carta de una desconocida de Max Ophüls (1948)

Un clásico absoluto de la historia del cine, melodrama extraordinario, es la obra más conocida y aclamada de Max Öphuls, y la adaptación más memorable de una obra de Stefan Zweig. Y a pesar de ello. tan solo logró ser mencionada (que no galardonada) por la National Board of Review (ni tan siquiera los Globos de Oro). El año de "Hamlet", John Huston y "Las zapatillas rojas", también pudo haber sido el de "Carta a una desconocida". De hecho, debería haberlo sido.



10. En un lugar solitario de Nicholas Ray (1950)

Woody Allen como un cinéfilo que sufre una extraña y recurrente alucinación en "Sueños de un seductor", Humphrey Bogart como aquel galán que le da consejos sobre cómo seducir a las mujeres. El particular homenaje que Allen dedica al macho alfa Bogart encuentra en "Un lugar solitario" de Nicholas Ray su inmejorable aliado. No podía ser menos, presentando al héroe de "Casablanca" como un guionista que también podría ser asesino. Y claro, el Oscar no fue ni para el 'malo' de Humphrey, ni para el 'pirata' Ray.



11. El Cuarto Poder de Richard Brooks (1952)

Cine negro que también es melodrama periodístico, más bien, un tótem del cine periodístico. Es junto a "Primera plana", punta de lanza para toda ficción que osa urdir en el mezquino mundo de la mass media. Demasiado negra (y demasiado real) para competir contra el Bogart de "La Reina de África" (venía de ganar el año anterior su único Oscar), con un artefacto lúdico como "El mayor espectáculo del mundo" o con el Hollywood de la magistral "Cautivos del Mal".



12. Johnny Guitar de Nicholas Ray (1954)

Que ni tan siquiera Joan Crawford fuera nominada por su descomunal interpretación en uno de los 10 mejores westerns de todos los tiempos resulta difícilmente comprensible...hasta medio siglo después. Es ahora cuando lo entendemos todo. Y es que se quedó corta. Ver levantar el Oscar a Charlize Theron por "Monster" nos revela que lo subrayado y exacerbado es un infalible sinónimo de premio. Aún y así, preferimos recordar a la carismática e imperturbable Viena de elegante amarillo y rojo (aunque sea sin Oscar).



13. Te querré siempre de Roberto Rossellini (1954)

Una de las mejores películas de la historia del cine. Obra capital de Rosselini y cumbre interpretativa de su pareja protagonista. Su influencia ha llegado hasta el Almodóvar de "Los abrazos rotos", el Kiarostami de "Copia Certificada" o el Linklater de "Antes del anochecer". "Te querré siempre" es la crónica definitiva del (des)amor. Y ya se sabe, si el corazón deja de palpitar, también muere el amor por Oscar.



14. La noche del cazador de Charles Laughton (1955)

La mejor primera y última película de todos los tiempos. Robert Mitchum siempre tuvo muy claro que Harry Powell era su mejor papel, y Charles Laughton el mejor director con quien había trabajado. Su interpretación es tan magnética como terroríficos son sus andares. Un amoral disfrazado de reverendo, con el amor y el odio tatuados en los nudillos. La película más villana por excelencia no podía acabar de otra forma, que no fuera siendo ninguneada por la Academia.



15. Noche y Niebla de Alain Resnais (1955)

Podríamos señalarla como la película capital y definitiva sobre el Holocausto. Realizado una década después de la Liberación y del descubrimiento de los campos de concentración nazis, Alain Resnais (ayudado en la sombra por Chirs Marker) alterna con una fuerza indecible las imágenes de archivo en blanco y negro con travellings en color. Lentos movimientos de cámara sobre la arquitectura despoblada, donde la hierba crece de nuevo y reconstruye la inimaginable tragedia que sufrieron los prisioneros, así como las causas y las consecuencias de esa tragedia. ¿Acaso hay mejor enfoque holocáustico posible para un documental tan difícilmente superable?



16. Un rostro en la multitud de Elia Kazan (1957)

Una de las cumbres del director Elia Kazan ("La ley del silencio"). Se trata de una extraordinaria crítica a la sociedad estadounidense de postguerra y un ácido análisis de los medios de comunicación. Una pena, que la acidez y crítica nunca han sido santo devoción de la alfombra roja es vox populi.



17. El Fotógrafo del Pánico de Michael Powell (1960)

La cinefagia en estado tan perverso como puro. El arte de filmar, el arte de matar, pero ante todo, el arte de mirar. Una de los tesoros más siniestros, depravados, pero definitivamente embriagadores del meta-cine. Un hito de culto que debe ser descubierto por cualquiera que se considere cinéfilo (que no asesino), por más que carezca de Oscar, o de galardón internacional alguno. El premio lo tiene asegurado por encumbrarse como uno de los títulos claves del séptimo arte. Y más aún con el paso de los años.



18. Vidas Rebeldes de John Huston (1961)

Toda una suerte de personajes erráticos interpretados por actores que encarnan a la perfección lo que se quiere transmitir de ellos. No en vano, el magnífico guión de Arthur Miller acentuaba rasgos reales de los actores en los personajes de la película, en especial los de su ex-mujer Marilyn Monroe, cuya fulgurante y tortuosa carrera acababa precisamente con "Vidas rebeldes". También Clark Gable, que murió pocos días después de acabar el rodaje, fiirmando en esta película su última interpretación. Lástima que el Oscar jamás fuera rebelde.


19. Tempestad sobre Washington de Otto Preminger (1962)

Considerada una de las 10 mejores películas sobre cine político de la historia, adaptación de la aclamada novela de Allen Dury, basada en hechos reales, "Tempestad sobre Washington" es una obra imprescindible para entender el funcionamiento de la democracia estadounidense. Algo que lamentablemente, en su momento no entendieron así...¿o sí?



20. El Sirviente de Joseph Losey (1963)

"Las películas pueden ilustrar nuestra existencia... pueden afligirnos, perturbarnos y provocar a la gente para que piensen sobre si mismos y sobre ciertos problemas. Pero no pueden dar las respuestas". Y claro, el tío Oscar busca respuestas, y de esas que llegan bien mascaditas, de las que no ofrece el eterno exiliado de America por culpa de las políticas de McCarthy, aquel que tuvo que huir a Inglaterra para hacer su cine y que consiguió triunfar. Losey es uno de los directores más influyentes de los 60, llegando a ganar una Palma de Oro en Cannes por "El mensajero". No fue el caso de "El sirviente", satírica obra maestra de culto que guarda grandes paralelismos con el Buñuel de "El ángel exterminador".



21. Repulsión de Roman Polanski (1965)

Supone la entrada del universo subconsciente en los largometrajes de Polanski. Si aquello potente residía en la simplicidad del relato y en un desarrollo brillante de los diálogos; ahora un pequeño dispositivo a lo “Ciudadano Kane” deja lugar a la interpretación de una brillante Catherine Deneuve y un maravilloso trabajo de cámara que convierte el espectador en un voyeur dentro de una escena íntima y traumática. Ésta es una portentosa película capaz de crear en la audiencia un gusto por aquello desagradable y feo. Caminos paralelos, al igual que "El fotógrafo del pánico", el futuro le tenía preparado mismo destino: la senda del culto, y no del galardón.



22. Carretera asfaltada en dos direcciones de Monte Hellman (1971)

Fue la sucesora natural de "Easy Rider", la semilla que hizo bortar nombres como Martin Scorsese, Brian de Palma, Peter Bogdanovich o Francis Ford Coppola. Antes de producir los "Reservoir Dogs" de Tarantino y tras ser 'iniciado' por Roger Corman, Monte Hellman desconcertaba y fascinaba a partes iguales con "Carretera asfaltada en dos direcciones". Para unos, la american-road-movie que rodaría Bresson, para otros, un drive-in digno de nouvelle-vague, un "A todo gas" en las épocas de 'haz el amor y no la guerra' para el público palomitero, o la semilla natural de "Rubber" para todo fan de Sitges. En definitiva, una icónica cult-movie que también es la mejor road-movie de todos los tiempos. Aquella que marcaba tanto el final de la errática década de los 60, así como el comienzo de aquellos gloriosos 70 para el cine independiente de Hollywood. Y no, la revolución tampoco fue nunca bienvenida en la Academia.



23. Aguirre, la cólera de Dios / Fitzcarraldo de Werner Herzog (1972/1982)

Es la semilla del coronel Kurtz. Herzog se centró en la expedición suicida en busca de El Dorado, que Aguirre boicoteó en 1560, para lograr un relato alucinante e hipnótico en el que Coppola se inspiraría para embarcarse en la locura de “Apocalypse now”. ¿Quién mejor que Klaus Kinski para interpretar a “El loco” Aguirre? Eso mismo debió de pensar el director alemán, quien conocía de sobra el estado mental de un actor nacido en el siglo equivocado. Dos locos (pero ante todo genios) embarcados en una misión suicida que podría hacer saltar por los aires el Kodak Theatre Center. Algo que los académicos debieron tener muy claro para pasar por encima de ella y obviarla. Y es que el titánico cine del faraónico Werner Herzog sufre de una falta de reconocimiento a nivel de premios, y aunque seguro que eso no le preocupa lo más mínimo, al menos con "Fitzcarraldo" pudo llevarse el premio a Mejor Director en Cannes. Las escenas en las que el barco tiene que cruzar por tierra para continuar avanzando, son tan reales como se ven. No hay efectos especiales, y el barco de 320 toneladas fue movido tal y como se ve en pantalla. Una hazaña apoteósicamente absurda (pero ante todo épica) por la que Herzog se autodenominó "El conquistador de lo inútil". No se admite discusión, merecía su justa recompensa.



24. La Ofensa de Sidney Lumet (1972)

Uno de los mejores thrillers de Sidney Lumet (y mira que tiene para dar y tomar) propulsado por una fuerte e incisiva carga psicológica. Protagonizada por un espléndido Sean Connery y acompañado en el reparto por un Trevor Howard y Vivien Merchant que, a pesar de tener el listón bien alto, en todo momento están a la altura. Ni tan siquiera los actores, ni su complejo y deslumbrante guión, tuvieron la atención que merecían por parte de la Academia.



25. Malas Tierras de Terrence Malick (1973)

No obtuvo un importante éxito de público, pero si de crítica. Su singularidad y estilo fuera de toda norma, auguraban a una promesa sin ningún interés por ganarse el favor de la taquilla, y sí por establecer un universo propio. En la desesperada huida de un asesino en serie y su novia adolescente, Terrence Malick retrataba un país a la deriva, en la búsqueda de la propia identidad, oscilante entre sus mitos derruidos del pasado y un futuro sombrío. Fue la sucesora de "Bonnie & Clyde", también el germen de "Asesinos Natos" o "Corazón Salvaje". "Malas Tierras", demasiado 'malas' para el tío Oscar.

26. Tres mujeres de Robert Altman (1977)

Ni tan siquiera sus magníficas interpretaciones (Sissy Spacek fue Mejor Actriz en Cannes) ni la pintoresca fotografía, en el mejor de los sentidos, de Charles Rosher (hermosamente inspirada en los grandes pintores americanos de paisajes) ni tan siquiera el sofisticado trabajo de cámara de Robert Altman, permieron luchar por el Oscar a una de las películas más emblemáticas y complejas del director de "Vidas Cruzadas".



27. Paris, Texas de Wim Wenders (1984)

Emoción a flor de piel. Esa apasionante visión sobre América donde hay tomas totales del escabroso Oeste, reliquias del cine de John Ford y Raoul Walsh, polvorientas vías de trenes, fotografías e imágenes que comentan la ausencia de palabras, caminos y cruces de carretera "en donde uno se siente perdido como en medio de un bosque" y no sabe qué dirección seguir. Y claro, es lo que le pasaría al Oscar. Que se perdería en el camino. ¿Demasiado lío?



28. Sacrificio de Andrei Tarkovski (1986)

“Sacrificio” fue financiada en Suecia y utilizó los actores y el director de fotografía habituales de Bergman, consiguiendo, al igual que el sueco, comunicarse con Dios mediante el cine. Una película suprema en la que los sentimientos humanos se nos desvelan mientras el mundo se acaba. Tarkovsky sabía que era su última película y se la dedicó a su hijo –y al mundo- con unas emotivas palabras finales: “con esperanza y confianza” (y una casa que arde). Una inmejorable oportunidad para brindar ese merecido reconocimiento final a un eterno mito del cine que el Oscar dejó pasar.



29. Inseparables de David Cronenberg (1989)

Es para muchos la mejor película de David Cronenberg, la obra maestra del director de "Una Historia de violencia" y "Promesas del Este". Terror depravadamente psicológico para un cine perversamente quirúrgico. Su inquietante sutileza hace de "Inseparables" única en su pulcra grandeza. Los gemelos también golpean dos veces en la cima de Cronenberg. Del mismo Cronenberg que jamás ha optado al Oscar. No David, no; en lo reluciente, dorado y redomado, no hay gusto por la nueva carne.



30. Reservoir Dogs de Quentin Tarantino (1992)

Es la gran ópera prima de Tarantino, y para muchos, su mejor película. No debieron pensar lo mismo, sin embargo, los académicos que votaron las nominadas en el ya lejano 1992. Tendría que ser dos años después, con "Pulp Fiction", donde se reconociera el trabajo como guionista del bueno de Quentin, ofreciéndole el Oscar a Mejor Guión tras ganar la Palma de Oro en Cannes, premio que reeditaría con "Django Desencadenado" en la edición de 2013.


31. El largo día acaba de Terence Davies (1992)

Seis largometrajes realizados entre 1984 y 2008 dan una idea de la minuciosidad y la dedicación con que Terence Davies elabora cada una de sus obras. Los encuadres, los movimientos de cámara, las muy escogidas y significativas músicas y el inusual trabajo con los actores protagonizan su narrativa, revisando la memoria de la sociedad desde las emociones personales y rescatando la historia desde un punto de vista opuesto a los grandes acontecimientos oficiales, con un discurso tan lírico como contundente. Aún y así, ésto parece no ser suficiente, y evocativas y magistrales películas como “El largo día acaba” u “Of time and the city” (sin duda alguna, uno de los documentales más poderosos del nuevo milenio) parecen no “dar la talla” para Hollywood.



32. Memento / Insomnio de Christopher Nolan (2000/2002)

Todos sabemos quien es ese refinado y elegante cineasta, siempre ataviado con su inconfundible bufanda, reconocido por muchos por ser el responsable de resucitar a Batman, pero también por otros tantos por ofrecer un inesperado rayo de luz al hastiado y redundante mundo del blockbuster con monumentales entretenimientos del calado de "Origen" o "Insomnio". Pero también por dejarnos literalmente noqueados con estimulantes rompecabezas como "Memento" o su excepcional ópera prima, "Following". Con todo ello, el Oscar se le sigue resistiendo.



33. Reencarnación de Jonathan Glazer (2004)

Una de las películas más fascinantes de la pasada década firmada por el prestigioso realizador de videoclips, Jonathan Glazer. Probablemente estemos ante la última interrpretación de Nicole Kidman que realmente merecía luchar por el Oscar. Su guión, diseño de producción y trabajo de fotografía no fueron para menos. Demasiado turbia y enfermiza para luchar por el preciado Oro, suponemos. Es otra de nuestras niñas bonitas.



34. Elephant de Gus van Sant (2003)

El mismo año en el que Michael Moore ganaba el Oscar a Mejor Documental por "Bowling for Colombine", el drama inspirado en el mismo crimen pasaba desapercibido en unos Oscars que optaban por la vía fácil y dejaban fuera a la valiente y única película de Gus Van Sant. Tendría que ser en Cannes donde se reconociera la gran labor del cineasta norteamericano, donde se alzaría con la Palma de Oro.



35. Dogville de Lars von Trier (2003)

"Me inspiraron dos cosas a la hora de escribir Dogville. Cuando estuve en Cannes con “Bailar en la oscuridad”, unos periodistas me criticaron por haber hecho una película que transcurría en EE UU sin haber pisado nunca el suelo de ese país. El comentario me irritó. Que yo recuerde, ninguno de los que rodaron “Casablanca” había puesto el pie allí. Me pareció injusto y entonces decidí hacer más películas acerca de EE UU Eso fue lo primero". Credenciales que a pesar de presentar una insobornable obra maestra, prenderian fuego a la alfombra roja. Agua.



36. 4 meses, 3 semanas, 2 días de Cristian Mungiu (2007)

Ganó la Palma de Oro, fue el gran fenómeno del 2007 en lo que a cine se refiere, es una de las mejores películas de la pasada década, y es señalada por muchos como una de los mejores films de la historia del cine. Significó la eclosión del gran cine rumano, pero también la irrupción definitiva de un genio llamado Cristian Mungiu. Un sutil descenso a los infiernos que también significa una oda monumental al plano secuencia y una sofiticada muestra de metáfora referencial. Desde aquí nos preguntamos, incluso, si los académicos llegarían a verla y sentirla.



37. Shutter Island de Martin Scorsese (2009)

Martin Scorsese dirige un thriller psicológico basado en la novela homónima de Dennis Lehane (autor de "Mystic River" y "Gone Baby Gone") protagonizado por Leonardo DiCaprio. Demasiado turbia, demasiado oscura, demasiado para el Oscar, aunque todos sus ingredientes, empezando por su magistral dirección y siguiendo por su visceral trabajo interpretativo, apuntaran directamente a la Alfombra Roja.



38. Take Shelter de Jeff Nichols (2011)

Jeff Nichols, uno de los grandes directores norteamericanos de esta década, ya se puede considerar también como uno de los grandes olvidados por parte de la Academia. Ni "Take Shelter", con un inmenso Michael Shannon retomando su faceta más insana, ni "Mud", protagonizada por un Matthew McConaughey imparable, consiguieron ninguna nominación en sus respectivos años. Una injusticia que esperamos que se salde en un futuro cercano con su próxima película sci-fi, "Midnight Special".



39. The Master de P.T. Anderson (2012)

Un sublime artefacto cinematográfico, de compleja y elíptica narrativa, que acaba por erigirse en el film más distintivo y delicado de un genio llamado P.T. Anderson. Una absoluta maestría al servicio de dos titánicas interpretaciones, tanto de Philip Seymour-Hoffman como de Joaquin Phoenix y, sobre todo, de la atracción salvaje que se gesta entre ambos protagonistas. Si algo tenemos claro, es que a los académicos "The Master" les vino grande.



40. The Act of Killing de Joshua Oppenheimer (2014)

Fue la película que nunca debería haber existido y para muchos, el mejor documental del pasado año sin duda alguna. Un grupo de genocidas interpretándose a sí mismos mientras recrean todas las atrocidades cometidas años atrás. Ese es el corazón tan negro sobre el que latía "The Act of Killing", una obra valiente y arriesgada que indigna, aterra, provoca y deslumbra a partes desiguales. Demasiado para un Oscar al que ni tan siquiera fue nominada. Veremos si su excepcional secuela, que este año SÍ ha sido nominada, le hace justicia.


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