"The Story of Film": Los primeros días de la era digital
El celuloide ha muerto, den la bienvenida al digital. Despidanse también de "The Story of film", pues nos encontramos a un paso del final. Mark Cousins ya no puede ocultarse más, su profunda melancolía a los 35 mm empapa el último recorrido de su odisea. ¿Una metáfora del final? ¿Un paralelismo con el mundo del cine?
La realidad pierde parte de su realismo. Mantra indiscutible de este penúltimo capítulo de "The Story of film". El cine ha ganado en grandilocuencia, pero ha perdido humanidad, sentimiento, ese realismo inherente que siempre le había acompañado. Conceptos como CGI (Computer Generated Imagery), o Motion Capture aparecen en escena y sustituyen a actores, escenarios, y hasta las cámaras. Si "The Story of Film" se hubiese rodado después de estrenarse "The Congress", Mark Cousins habría caído rendido a sus pies.
Sobrevolamos la Roma de "Gladiator" y volvemos a los inicios del cine con "Intolerancia". Lo que ahora se hace con un ordenador, antes ya se había hecho con una grúa. La imparable capacidad humana para el progreso se palpa y late en el mundo del cine. Los años noventa nos descubrieron un nuevo mundo de posibilidades ilimitadas. Todo iba a poder verse en el cine, éste volvía a ser un espectáculo que se sentía único, un nuevo comienzo desde la llegada del cinematógrafo. Pero como siempre, y en una muestra más de lo cíclico de la condición humana, cuando la excitación pasa, las antiguas preguntas ya formuladas resurgen, y es ahí cuando la innovación y el ingenio deben dar respuesta.
Un ingenio llamado Pixar que nacía con la película "Toy Story", la muestra definitiva de la grandeza de lo digital, de que había llegado el momento en el que el ordenador podía mirarle de tú a tú a la cámara y decir, estoy aquí, y he venido para sustituirte. Lo viejo, Woody, lo nuevo, Buzz. El eje central de la película de Pixar. Todo un paralelismo, e incluso metáfora, aplicable al cine analógico y al digital. Pero todos sabemos cómo acaba, y muchos esperamos esta posible hermandad entre pixel y celuloide. En la otra cara del ingenio, películas como "El Proyecto de la Bruja de Blair" empleaban otras herramientas surgidas con el ordenador: el márketing viral a través de Internet. Algo tan asentado hoy en día que nos haría reír de la burda estrategia utilizada para una de las primeras películas de terror que se rodó cámara en mano.
Es aquí cuando la cuestión de la posmodernidad sale a la palestra. Situada en la vorágine del paradigma de lo antiguo y lo nuevo, la posmodernidad recupera las formas del pasado para remodelar las presentes. Su gran ironía: no existen las grandes verdades, todo es reciclado, una copia de una copia de otra copia. Influencias, referentes, metalingüísmo. Hasta directores que no eran de esta época, como Martin Scorsese, caen en las redes de la corriente, como en "Uno de los nuestros", donde los guiños al primer cine pueblan el metraje y donde los personajes se sienten puramente posmodernos.
En este mundo nace "Pulp Fiction" y eclosiona el concepto "tarantinesco", el surrealismo de lo cotidiano. Unos gángsters reimaginados que rompían con los esquemas preconcebidos, que habrían hecho enmudecer a Bogart con sus charlas banales y su incesante verborrea. El guión cobra una nueva vida, y el discurso pasa a primer plano para relegar la historia a un segundo. El reciclaje de referentes sacude el cine de Quentin Tarantino, que lejos de esconderse, muestra orgulloso su cultura cinematográfica en cada plano que toma prestado de los directores que ama y admira.
Tarantino revoluciona el discurso, pero no la forma. Algo que queda muy patente en el tratamiento que hace Tony Scott de su guión "Asesinos Natos", donde puede verse la tradicionalidad del cine de Tarantino. Scott nos plantea que un solo tipo de imagen no puede captar la realidad, pues ésta es múltiple y se fragmenta cada día más. Por ello utiliza celuloide, imagen digital e incluso cámaras domésticas, todas ellas mezcladas en una espiral de drogas, misticismo y televisión estadounidense. Dejamos de lado el frenetismo para sumergirnos en la ironía coeniana. La vena cómica y discrepante del cine de los Hermanos Coen, unos cirujanos de lo visual y lo narrativo que desplegan su magia en películas como "Muerte entre las flores", "O brother", y "El Gran Lebowski", la cima de la grandilocuencia gamberra.
Pero el cine no solo tomará referentes del pasado, también lo hará de un nuevo arte introducido por el ordenador: el videojuego. Profundamente inspirado por la visualización en tercera persona, de la que muchas veces es esclava el videojuego, Gus Van Sant rodará a sus personajes caminando de espaldas a la cámara. Siguiéndolos en un constante laberinto de pasillos, intentando entender qué pasaba por las mentes de aquellos chicos de Columbine, de quienes se decía que eran adictos a los videojuegos. El director estadounidense empleará una forma intrínseca del videojuego, como es ir de A a B sin la posibilidad de la elipsis, para retratar interminables caminatas que también nos recuerdan al cine de Bela Tarr. El posmodernismo de Gus Van Sant va más allá y alcanza su cúspide con el remake plano por plano que realizó sobre la película "Psicosis", de Alfred Hitchcock. Una muestra de que no se puede copiar algo sin sucumbir a la visión del individuo.
Todo este fenómeno que inundaba el cine independiente americano también acabo salpicando en mayor o menor medida al gran mundo de Hollywood. Paul Verhoeven hacía de las suyas presentando películas como "Robocop", una reacción a la época de Reagan, o "Starship Troopers", una combinación de sátira y política que le colaba a los americanos una versión futura de si mismos altamente nazificada. Una sutil ironía al alcance de pocos.
Al otro lado del mundo, en Australia, la batalla entre el digital y el celuloide se veía apaciguada por cineastas como Jane Campion, quien prefería dejar fluir el subconsciente para hacer una de las grandes películas de los años 90. "El Piano" y la única mujer ganadora de la Palma de Oro. Pero no todos pudieron librarse de tan arrebatadora corriente. Baz Luhrmann lo demuestra bien actualizando el texto de Shakespeare en la desenfrenada y altamente videoclipera película sobre "Romeo y Julieta". Un testigo que recogería también su "Moulin Rouge". La explosión del posmodernismo. Cortesanas de principios de siglo bailando al ritmo de Nirvana. Diálogos románticos que mezclan canciones de Elton John y Queen.
1990: Los primeros días de la era digital
THE STORY OF FILM HASTA AHORA:
1. Los albores de un nuevo arte.
3. La edad dorada del cine mundial.
7. Irrumpe el nuevo cine moderno.
8. Las nuevas olas inundan el mundo.
10. Películas para cambiar el mundo.
11. Innovación en la cultura popular alrededor del mundo