"The Story of Film": Irrumpe el nuevo cine moderno

Fuente: filmin

"The Story of Film": Irrumpe el nuevo cine moderno

¿Un capítulo en el que tienen cabida Bresson, Fellini, Bergman, Tati, Resnais, Truffaut, Godard, Pasolini, Leone, Visconti, Antonioni y hasta Buñuel? Mark Cousins lo hace posible en el séptimo capítulo de "Story of Film", un ecuador brutalmente didactivo. 

Si para Ingmar Bergman el cine es teatro, para Federico Fellini es el circo. Si para JacquesTati es un rompecabezas, para Robert Bresson una cárcel. Los cuatro grandes directores de la época de los cincuenta. Pero quien abre fuego para Mark Cousins no es otro que el infame Lars Von Trier declarando amor eterno a Ingmar Bergman, de quien dice que si una película la firma él, da igual como sea, porque será buena. 

Bergman, gran atormentado de tres grandes temas: La muerte, la religión y el tacto. Fue él quién se atrevió a mirar a la cámara por primera vez a través de los ojos de Harriet Anderson, una mirada que resonaría en “El Séptimo Sello” y en los miedos de sus protagonistas. Dios muere en “La comulgata” y el subconsciente se desata en “Persona”.

“Uno no crea añadiendo cosas, si no quitándolas”. Una máxima en el cine de Bresson. En "Pickpocket" la expresividad desaparece y la austeridad en el lenguaje y los escenarios reina, como si de una película de Dreyer se tratase. Pero no solo minimiza el concepto cinematográfico, si no que lo eleva como el camino para alcanzar la rendición, para intentar mostrar lo invisible, lo indescriptible y lo trascendental.  

El cine deja de contar historias para ser la historia en sí mismo, y a Jacques Tati esto le vendrá perfecto, pues no le gustaban las historias, si no los pequeños incidentes, los detalles. Así nacerá el señor Hulot, la contraposición perfecta del Charlot de Chaplin. Lo viejo enfrentado con lo nuevo, un tema recurrente en todas las películas de Tati. Y entonces aparece el gran Fellini, con "8 y medio", con "La Dolce Vita", con su "Casanova", y las luces de su circo cinéfilo no se apagan nunca. Cousins lo eleva a la altura de Hitchcock y Chaplin como uno de los directores más influyentes de la historia. 

Pero los 60 llegan, y con ellos, otra de las grandes crisis de la historia del cine. Un bombardeo auspiciado por la primera generación de directores que salen de la universidad, la primera generación que ha crecido viendo cine. Los cuatro jinetes del apocalipsis son: Agnès Varda, François Truffaut, Jean-Luc Godard y el recientemente fallecido, Alain Resnais

Mientras que Varda y Resnais apuestan por una vertiente más política, Truffaut decide dejarla de lado para apostar por un cine más fresco. Pero el verdadero enfant terrible no sería otro que Godard, con su individualidad frenética, sus planos cerrados para aislar a la gente del mundo y sobretodo, sus jump cuts. El cine es cine, y el lenguaje tiene que palparse, la mimetización de la realidad ha quedado atrás. 

Y la Nouvelle Vague francesa da paso a la nueva ola italiana, donde Pier Paolo Pasolini intentaba desnudar el cine y la vida a través de la espiritualidad, Sergio Leone resucitaba de entre los muertos al western para transformarlo en spaguetthi, Luchino Visconti sacudía a las clases altas con óperas sociales de luchas de clases y Michelangelo Antonioni se convertía en un maestro de lo abstracto. En otra región del sur de Europa, un pequeño grupo de irreductibles directores tenía que resistir al dictador Franscico Franco. Y lo hacían a través de la insinuación y el subtexto. Marco Ferreri con "El cochecito" y Luis Buñuel con "Viridiana". 

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