"The Story of Film": El cine de posguerra

Fuente: filmin

"The Story of Film": El cine de posguerra

Abrimos el quinto capítulo de "The Story of film" con la gran noticia de una aún más grande adición a nuestro catálogo: "La diligencia" de John Ford, que se abre paso junto con un buen puñado de clásicos cinematográficos, cortesía de la distribuidora Resen, que vienen dispuestos a completar la experiencia fílmica que supone la odisea de Mark Cousins. Si en el capítulo pasado el director irlandés exploraba la llegada del sonido en el cine, en este se adentrará en un mundo azotado por la posguerra del que surgirán nuevas formas de lenguaje cinematrográfico. 

Mientras Europa luchaba por reconstruir lo que había dejado de ella una de las guerras más devastadoras de su historia, en Estados Unidos continuaban alternando el brillo hollywoodiense con los claroscuros que empezaron a atisbarse en un tipo de cine que estaba predestinado a convertirse en lo que hoy día conocemos como "cine noir". Orson Welles plantaba la semilla con "Ciudadano Kane". 

Una semilla que había recogido al inspirarse en la obra de grandes como John Ford y "La Diligencia", uno de los westerns más determinantes para la historia del cine que combinaba los rasgos de personajes puramente arquetípicos con una psicología más profunda que ayudaría a reestablecer las normas del género de ese punto en adelante. Pero no es en eso en lo que se fijó el joven Welles buscando inspiración y referencias para su obra magna, si no en la profundidad de campo empleada por Ford, que abría el espacio a los ojos del espectador y le ofrecía el reto de montar la escena por si mismo. Empleando esta técnica y numerosas innovaciones a nivel de luz y fotografía, Welles se catapultó a los libros de historia con una película en la que su voz, y sobretodo, su omnipresente presencia, llenaban todos y cada uno de los recovecos del film. 

Volviendo a la vieja Europa, las primeras películas neorrealistas italianas empezaban a emerger, y "Roma, ciudad abierta" de Roberto Rossellini se convertía en su máxima representante. Imágenes intencionalmente desenfocadas, actores amateurs y una austeridad narrativa que mostraba lo más crudo de la vida en vez de seleccionar tan solo sus partes más brillantes. Como decía Rossellini: "Si había una toma bonita, la cortaba". Testigo que también recogería el guionista neorrealista Cesar Zavattini en "Ladrón de Bicicletas" apoyándose en una desdramatización de la trama que al final, conseguía un efecto más trágico que cualquier película que Hollywood jamás hubiese podido imaginar. 

Y del pesimismo inherente del cine europeo a la total vuelta a la oscuridad en el cine nortemericano con el que, muy acertadamente, se consideró el género "noir", claramente inspirado por las películas francesas de directores como Marcel Carné. Billy Wilder, en todo un ejercicio de eclecticismo, sentaba las bases con la genial "Perdición". Empezaban a aparecer los primeros héroes trágicos, fruto de la fractura social que se produjo después de la guerra y que otorgaban más realismo a los personajes. Por su parte, los personajes femeninos pasaban a estar representados por inquietantes mujeres, e incluso directoras como Ida Lupino se atrevieron a ponerse tras las cámaras para rodar sus propias películas, siendo una de las pocas mujeres en hacerlo. 

Pasamos a los años cincuenta, los primeros indicios de la Guerra Fría aparecían y el Senador McCarthy empezaba su particular caza de brujas centrando parte de sus tentáculos en el mundo del cine, y muchos directores como el mismísimo Charles Chaplin se vieron perseguidos por el gobierno estadounidense y forzados a emigrar a Europa. Mark Cousins tiene un momento de reflexión para con Elia Kazan, uno de los más polémicos delatores de la época y posiblemente el director que mejor capturó el sueño americano con su película "America, america". Pero no todo Hollywood estaba sumido en la oscuridad. Ahí estaba Stanley Donen, cantando bajo la lluvia y evitando la censura de las formas más ingeniosas posibles y conviertiendose en uno de los grandes directores del cine clásico de los años 50.

De nuevo, de vuelta a Europa, los directores británicos como Michael Powell absorbian el pesimismo de la guerra y lo combinaban con el amor trágico, y Humphrey Jennings demostraba su brutal poesía con "Listen to Britain", alababa por Terence Davis y posiblemente referencial en su propia obra. Y con la alargada sombra de la posguerra en Viena, Carol Reed firmaba posiblemente junto con nuestro Orson Welles, "El tercer hombre", a través de planos conscientemente aberrantes que remarcaban la tensión y el desequilibrio moral al que se había visto sometido el viejo continente tras la guerra. Y abandonado el mundo occidental, en el próximo capítulo Cousins analizará como todos estos cambios y nuevas combinaciones afectaron a un medio que, cada vez más, se acercaba a una globalidad total. 

 

1939-1952: La devastación de la guerra... 

 

 

y un nuevo lenguaje cinematográfico. 

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