A dieta: 7 peculiares formas de perder peso en filmin
¡Usted! Sí, usted. ¿No está cansado de ser feliz? Concretamente, ¿no está usted harto de la curva de la felicidad? ¿No le ha pasado nunca que, al entrar en el baño, se ha preguntado si estaba en el salón de los espejos deformantes de Port Aventura? Pues mire, cuando parecía que tocaba fondo, que la cosa no se podía poner peor, va y llega la Navidad. Y ya sabe qué ocurre en esas fechas: los reencuentros familiares, el rosario de luces por las calles, el telele de publicidad hasta en la hoja parroquial, los (denunciables) cotillones de fin de año… y por supuesto la comida. Ay, la comida…
Por una de esas simpáticas paradojas del género humano a todos nos da por celebrar el nacimiento de Jesús (pobre, en un establo, sin nada que comer) poniéndonos hasta arriba de menús de tres platos, cuatro clases de turrones, un esponjoso panettone y litros de cava, vino, champagne francés o lo que tengamos a mano. Y, como íbamos diciendo, es fin de fiesta: Las grandes bacanales de comida han acabado, es cierto, pero sus consecuencias se han instalado en su apolínea figura para quedarse.
Entonces empieza una nueva liturgia. Un ritual un pelín más reciente que el de la propia Navidad. Ya conocen el jovial grito de batalla: “En cuanto acaben las fiestas… me pongo a ello”. Adiós alimentos grasos, bebidas de azúcar líquido y tentempiés de panceta y bollería industrial. Hola ramita de apio, jornadas de hervidos y planchados y salidas a correr a las ocho de la mañana, en pantaloncito y mallas, por un parque poco transitado en el que, indefectiblemente, seencontrarán con su jefe paseando al perro. Pues ya no tiene de qué preocuparse. En filmin tenemos una alternativa al órdago de la Operación Bikini: ver películas. Concretamente, obras para todos los gustos, que les ayudarán a quemar calorías o que,en algunos felices casos, contribuirán al entendimiento de que comer es un placer, que las curvas son más que bienvenidas y que a los que les da por contar calorías para lucir cuerpazo en la playa puede que les sobren quilos, pero también que les falte una tuerca.
1. Comed, comed, malditos
“Pero, alma de cántaro, ¿cómo vas a empezar una dieta en plena Navidad?” Semejante argumento es suficiente para destrozar toda la ristra de buenos propósitos de estas fiestas. Y un poco de razón tienen, la verdad: ¿Para qué remar contracorriente y pedir media ración de casi todo, si lo que caracteriza estas fechas son los atracones pantagruélicos en familia? Ya se pondrán con la dieta de la alcachofa cuando pasen los Reyes Magos. Por ahora coman, maldita sea, como si Villarriba hubiese declarado la guerra a Villabajo y no hubiera un mañana muy definido. De bacanales alimentarias (y de las otras) viene a hablar Marco Ferreri, quien tras su periplo por la España negra vuelve a Italia para firmar una maravilla de la glotonería existencialista con guion de (todos firmes) Rafael Azcona. La gran comilona (1977) presenta a cuatro hastiados pequeñoburgueses que deciden acabar con todo por la puerta grande: encerrados en una mansión parisina, acompañados de tres descocadas damiselas y de una maestra (tampoco muy sobrada de cascos), este pequeño cuarteto de dandis van a comer hasta reventar… literalmente. Puede que no sea la mejor manera de plantearse el dulce placer de la gastronomía, pero la película fue todo un hito en el cine europeo de la época con nombres del relumbrón de Marcello Mastroianni, UgoTognazzi, PhilippeNoiret, Michel Piccoli o Andréa Ferréol, que se dice pronto.
Los personajes de Ferreri quieren morir comiendo, pero al menos tienen el detalle de buscar irse al otro barrio con el paladar regalado de exquisitos manjares. El director Morgan Spurlock, en cambio, parece que persiga un objetivo parecido en Super Size Me (2004), pero por la más cuestionable vía de la comida rápida. En realidad, este premiado documental es un trabajo de denuncia sobre las dudosas garantías del menú de hamburguesas, patatas fritas y bebidas de lata de los locales de “fastfood”. Para ello, nada mejor que experimentar los efectos de una ingesta continuada de estos productos sobre su propio cuerpo. El resultado, sobrepeso al margen, demuestra que Spurlock es un showman, un director comprometido y valiente, o un auténtico majadero. Ustedes eligen. Bajo esta estética de paredes de colorines y perfume de fritanga se sumerge el reputado Richard Linklater en Fast Food Nation (2006), y una vez más pone el dedo en la llaga. Las denuncias de Linklater y Spurlock difieren en algunas cosas, pero todas orbitan alrededor de un planeta de comida barata y casi inmediata que, consumida en exceso, tiende a aumentar el perímetro de nuestra cintura.
Pero basta ya de ponernos cenizos. La comida también es un placer, un acto de hedonismo capaz de hacer saltar por los aires los sistemas morales más encorsetados y cejijuntos. Por todo ello, El festín de Babette (1987) es una auténtica gozada para los sentidos, una muestra de que las más opacas barreras del puritanismo se pueden venir abajo con un buen surtido de platos suculentos. Solo hace falta aliñarlos con gusto y añadirles un toque de picante. Gabriel Axel da en el clavo con esta producción danesa donde la alegría de vivir es una bomba de gastronomía francesa detonada en una austera aldea de pescadores protestante. Algo parecido plantea Chocolat (2000), pero aquí la variedad culinaria de los galos se sustituye por el chocolate sin que ello menoscabe para nada el efecto revulsivo, casi subversivo, que es capaz de despertar en los reumáticos corazones de una pequeña comunidad viejas pulsiones olvidadas.
Efectividad: Nula. Se van a poner como un tonel de anchoas, pero lo van a pasar en grande, que es de lo que se trata.
2. Métodos con cabeza
Perder peso no consiste en pasar hambre, a estas alturas de la película ya deberían saberlo. Una dieta bien elaborada necesita de un poco de sentido común a la hora de componer menús equilibrados y, a poder ser, bajo la supervisión de un nutricionista con estudios. Un poco de aquí, otro de allá, nada de excesos pero tampoco de privaciones. Una de las ventajas de vivir a este lado de los Pirineos es que se puede comer muy bien y muy sano gracias a las virtudes de la dieta mediterránea, artífice de una serie de restaurantes de fama internacional y profusión de estrellas Michelín. Este “marco incomparable” ha servido de escenario a JoaquínOristrell para situar Dieta Mediterránea (2008), dondetraza la evolución personal y profesional de un atípico triángulo amoroso condimentado con humor, amistad y tensión sexual más o menos resuelta.El testigo de Oristrell lo recoge Roger Gual para componer el mosaico de historias cruzadas que componen los platos de su Menú degustación (2013). Situada en un trasunto del restaurante “El Bulli”, la película cuenta con el asesoramiento del mismísimo Ferran Adrià y del Celler de Can Roca, pesos pesados de la gastronomía mundial. Así sí que se come bien.
Y si la cocina del Mediterráneo es toda una manera de vivir, algo parecido nos viene a contar Doris Dörrie en Cómo cocinar tu vida (2007). Aquí no se trata de adelgazar sino de utilizar la alimentación para conocernos y cuidarnos un poco mejor. A través de las enseñanzas del maestro zen Edward Brown, Dörrie reflexiona sobre el uso que hacemos de un elemento tan importante en nuestras vidas y de qué manera éste puede ser una fuente de sabiduría y de descubrimiento personal. Dicho así puede sonar a infusión de misticismo, pero las teorías de Brown no suenan tan descabelladas, y toda dieta requiere de algo de fe, ¿no?
Efectividad: Garantizada. Nada como comer bien y de manera responsable. Y si de paso se ríen un poco, doble triunfo.
3. Métodos para motivados
Qué verduritas ni qué niño muerto, Aquí, si de adelgazar se trata, nada como dar un vuelco a su vida. Ya basta de comer cacahuetes compulsivamente frente a su ordenador, de coger las escaleras mecánicas para subir un miserable piso, de tumbarse en un mullido sofá al final del día y desconectar la neurona frente a la tele. ¿Problemas de sobrepeso? Llame a John Rambo (2007). Rambo le propondrá un simpático régimen a base de cuatro clases de hierbajos, insectos y carne de dudosa procedencia. Todo ello aderezado con una agradable estancia en la jungla, cazando serpientes y repartiendo estopa entre soldados con pésimas intenciones. No hay más que ver lo bien que se conserva SilvesterStallone para certificar la efectividad del tratamiento. Claro que si tienen alguna objeción (de conciencia o del tipo que sea) a esta propuesta siempre pueden optar por un agradable crucero por las procelosas aguas del Océano Pacífico. ¿Qué tal una ruta entre Perú y la Polinesia a bordo de la Kon-Tiki (1950)? Cierto es que la embarcación no tiene piscina, ni sala de fiestas con espectáculo de humorista venido a menos, ni (demonios) un lugar donde hacer sus necesidades. Pero vistas, lo que se dice vistas, preciosas oigan. En 1947, Thor Heyerdahl y un equipo de valientes se embarcaron en una balsa de madera como la que usaban los polinesios hace siglos para demostrar una teoría que contradecía a la comunidad científica. El resultado se puede ver en este fabuloso documental que retrata un viaje lleno de aventuras que les cambió la vida. Y volvieron más delgados, eso seguro.
Ya que hablamos de viajes, The Navigator: una odisea en el tiempo (1988) narra el periplo de unos ingleses en la Edad Media que deciden huir de la peste… cavando hacia abajo. Guiados por un niño visionario, esta curiosa expedición atraviesa el centro de la tierra y sale por el otro lado, donde se encuentran con… mejor lo ven ustedes mismos. Esta cinta de culto supuso un auténtico bombazo que arrasó en Australia y llegó a la mismísima pasarela de Cannes. Si John Rambo les parece demasiado bruto, y lo de la Kon-Tiki les da pereza, siempre pueden armarse de unas provisiones exiguas y ponerse a cavar como locos. Comida austera y ejercicio, dos pilares de una dieta.
Efectividad: Excesiva. Tampoco hace falta entusiasmarse, que todos tenemos un gimnasio con dietista a la vuelta de la esquina.
4. Métodos para urbanitas
¿Por qué lo llaman running cuando quieren decir correr al trote de toda la vida? El deporte urbano por excelencia consiste en calzarse unas deportivas, arraparse unas mallas y salir a la calle a correr a un ritmo más o menos uniforme. Normalmente, el objetivo oficial que todo “runner” persigue es inscribirse en una media maratón, salir a darlo todo, echar el hígado por la boca en el cuarto quilómetro y llegar a la meta con lágrimas de felicidad en los ojos. La finalidad más oficiosa consiste en algo tan legítimo como cuidarse, complementar la dieta con un poco de ejercicio sin pasar por la sempiterna cinta o la bici estática. Pero como se pueden imaginar, no es lo mismo correr en una cuchipanda de ciudad occidental que en una comunidad rural de Etiopía: Town of Runners (2012) muestra los esfuerzos de una generación de etíopes que han visto en el atletismo una vía inesperada para salir de la pobreza. Con la mirada puesta en las grandes citas deportivas, estos jóvenes tienen en la luz al final del túnel la mejor razón posible para correr.
Algo parecido le pasa al personaje de Tom Courtenay en La soledad del corredor de fondo (1962), cuando su deriva hacia el mundo del lumpen se ve frenada y corregida por sus habilidades como corredor y su predisposición a salir pitando. Ni que decir tiene que esta maravilla del free-cinemadista mucho de ser un panfleto sobre las bondades del deporte, pero por algo se empieza. Y como en un inquietante salto al presente, el protagonista de la película de Tony Richardson parece reaparecer, más maduro y más terrible, en The Robber (2010). El corredor ha crecido, sus crímenes han pasado a otro nivel, pero sus habilidades atléticas ya no son una posibilidad de medrar, sino un mecanismo automático que lo mantiene vivo, que lo mantiene conectado al terreno de las emociones como si fuese una adicción. Así da gusto hacer deporte...
Mucho más constructiva resulta la experiencia de El silencio de las piedras (2006), en la que un grupo de scouts hace sus pinitos en el mundo del montañismo con una semana de expedición por la Sierra de Gredos. En el tránsito de la adolescencia a la madurez, estos jóvenes viven una experiencia que pone a prueba sus aptitudes sociales y físicas, practicando la cultura del esfuerzo y del trabajo en equipo tal y como deberán hacerlo muy pronto en sus vidas adultas.
Efectividad: Total. Un poco de ejercicio no hace daño a nadie. Pero vayan con cuidado con la ropa que se ponen para salir a correr, o pueden acabar en el cuartelillo.
5. Métodos de pasarse tres pueblos
¿Cansados de métodos que no funcionan? ¿Hartos de la dieta de la zanahoria? ¿De la dieta de la alcaparra? ¿De la dieta de la paella de mar y montaña? ¿De la dieta del plancton? Cuesta una barbaridad mantener una disciplina de lechuguita y taza de caldo cuando parece que el mundo se ha conjurado para colgar los carteles más grandes y emitir los anuncios más chillones de comida hipercalórica. Maldita deliciosa trampa saturada de grasas. Ustedes lo que necesitan es olvidarse del mundanal ruido, dejar un día esta ciudad, cruzar el mar en la compañía de alguien… y acabar en una isla desierta comiendo raíces. Ya lo dice Luís Buñuel, que sabe mucho de todo, cuando adaptaLas aventuras de Robinson Crusoe (1954) en la producción más fiel al original de Defoe de cuantas se han rodado hasta la fecha. A Robinson se le pone un cuerpo Danone, algo andrajoso quizá, un poco escuchimizado se podría decir, necesitado de una ducha incluso, pero adelgazar, lo que se conoce por adelgazar, adelgaza.Un director español, bregado en el surrealismo, dirigiendo una película de aventuras de producción mejicana con un actor norteamericano que, a la sazón, acabará nominado al Oscar por este trabajo.¿Qué puede salir mal? Ya lo decimos nosotros: nada.
Pero si lo de corretear por ahí en taparrabos y hablarle a una pelota de voleibol no les va, o si simplemente les parece que el método no es lo suficientemente radical, nada como un baño en las aguas de Lake Victoria. Allí moran los simpáticos bichejos de Piraña 3D (2010), una maravilla de sangriento despiporre. Alexandre Aja se levanta con el día (muy) inspirado y se marca un último tramo para enmarcar. ¿Que no encuentra usted un método para adelgazar comiendo? No se preocupe, las pirañas comerán, y usted adelgazará. Lo que no le decimos es de dónde va a perder el peso. En caso de que el tratamiento no acabe de eliminar toxinas y grasas indeseadas, le invitamos a que se seque con una toalla, se sacuda la pirañita que le está mordisqueando la cadera y se venga con nosotros a dar un garbeo por los pasillos de un instituto norteamericano de provincias. Ya sabe: la animadora que será reina del baile, el capitán del equipo, la enfermera con mala uva, el director aguafiestas, el nerd que esconde a un héroe dentro, el virus comedor de carne… Ti West, el apadrinado de Quentin Tarantino y de Eli Roth, dirige Cabin Fever 2 (2011), donde los estragos sufridos por aquél grupo de incautos excursionistas en una cabaña del bosque se hacen más grandes, más largos y más inquietantes. Y si ni con las pirañas y los gérmenes les basta, siempre pueden recurrir al método de adelgazamiento que plantean enSaw (2004) y Saw II (2005) y que básicamente consiste en… err… ¿de verdad hace falta que se lo explique?
Efectividad: Total, excesiva incluso. En serio: llamen a un nutricionista.
6. Métodos con ritmo
Un, dos, tres, un pasito p’alante. Un, dos, tres, un pasito p’atrás. Si, además de adelgazar un pelín, entre sus aspiraciones se encuentra convertirse en el nuevo Nacho Duato, en el nuevo Nureyev, en el nuevo Nijinsky, o simplemente acercarse a alguien en Pachá de manera insinuante y sin caerse de cabeza contra la pista… está usted de enhorabuena. Nada como dar un poco de garbeo al cuerpo para que empecemos a quemar grasas. Pueden optar por el estilo clásico, inscribiéndose en el ballet de la Ópera de París con una invitación del gran Frederick Wiseman. En La danza (2010) comprobarán hasta qué punto el ejercicio es una parte imprescindible de todo cuerpo de ballet, ya sea para representar obras inmortales o producciones más contemporáneas. El trabajo de Wiseman les invita a que se relajen y se dejen llevar por los pasillos de tan venerable institución francesa, con todo el tacto y la sensibilidad de uno de grandes documentalistas de nuestro tiempo.
Y hablando de artistas, la bailarina y coreógrada Pina Bausch tenía un amigo con el que planeaba hacer un documental sobre su obra. Pero esta institución del mundo de la danza murió antes de poder realizar su proyecto y su amigo, el gran WimWenders, decidió rendirle homenaje llevándolo a cabo por ella. El resultado es Pina (2011), una auténtica explosión de sentidos que nos acerca al trabajo de una personalidad genial, que en el mismo año fue objeto de otro documental: Dancing Dreams. Aprendiendo con Pina Bausch (2011) cuenta la experiencia de un grupo de adolescentes que, sin conocerla de nada, entran a formar parte de uno de sus espectáculos. Siguiendo con el ballet, Michael Powell y EmericPressburger demostraron una vez más por qué son una de las parejas del cine inglés más celebradas con Las zapatillas rojas (1948), un clasicazo llevado en alas de la danza a lo más alto de la historia del cine.
Carlos Saura lleva años dedicando una buena parte de su talento a la realización de documentales de corte musical. En Tango (1998), Iberia (2005) y Flamenco, Flamenco (2010) explora las posibilidades de diferentes tipos de baile latino. Del universo del baile flamenco nos llega Bajarí (2013), en la que Eva Vila traza la huella de la bailaora Carmen Amaya en la escena barcelonesa actual. Y en el otro extremo del mundo, Shall we dance? (2004) nos presenta a un Richard Gere que se permite unas clases de bailes de salón sin que su señora esposa (SusanSarandon) se entere. Claro que si tienes de profesora a Jennifer López, como si te enseña a bailar la muñeira. El caso, en esta película y en todas las citadas, es dar un meneo al esqueleto, aprovechando de paso para hacer algo de ejercicio y salir a darlo todo al escenario.
Efectividad: Considerable. No es el método más rápido, pero con suerte aprenderán los secretos de la danza y dejarán de bailar como si tuvieran una imperiosa necesidad de ir al baño.
7. Métodos estimulantes
Vamos a ver… 500 calorías quemadas por sesión… aconsejable un mínimo de dos veces por semana… imprescindible practicarlo con (al menos) un acompañante… ¿Quién dice que para adelgazar hay que sufrir? Miren, la naturaleza es sabia, pero sabia de verdad. De entre todos los ejercicios imaginables hay uno más antiguo que los pilates, que la bici estática y que el dichoso running. Además, tiene la ventaja de que, bien aplicado, lo pasa uno en grande. Se suda, se ríe, se trabaja toda la musculatura y, al final, hasta se pueden permitir un cigarrillo. Eso por no decir que, si la sesión ha sido particularmente brillante, la recordarán más que cualquier partido de bádminton (y si no, también). El único inconveniente es encontrar alguien para llevarlo a cabo porque (insistimos) si no se practica en compañía no tiene la misma efectividad ni de lejos. ¿Ya saben de qué estamos hablando, no? ¿De recoger setas por el campo? No precisamente.
Echen una ojeada a 9 songs (2004) y hagan especial hincapié a las partes que NO tienen lugar en una sala de conciertos. Michael Winterbottom prosigue su ritmo de película estrenada cada nueve meses con la historia del nacimiento, vida y final de una pareja, puesta en escena a partir de sus momentos de intimidad sexual y de los conciertos a los que acuden. En su día causó cierto escándalo porque las escenas de sexo son reales (se presentaron cinco mil hombres al cásting… y cinco mujeres, hay que ver cómo son los tíos ¿eh?) pero la película tiene el acierto de utilizar este elemento como un valor añadido al cuadro que componen estos dos jóvenes cuya relación (y ellos lo saben) tiene fecha de caducidad.
Menos íntima, quizás, pero mucho más festiva es la propuesta de John Cameron Mitchell, que pone su objetivo en una serie de neoyorquinos en crisis que tienen como nexo común un divertido local de encuentros, tanto sexuales como intelectuales. Shortbus (2006) pasó un poco desapercibida en su estreno en nuestro país y es una pena, porque retrata con ternura y talento las crisis y los devaneos de una generación que acaba de ver caer las Torres Gemelas y que se ha plantado en el siglo XXI con todos sus problemas particulares a cuestas.
Y si para componer una buena dieta es necesario hablar con un especialista, en ocasiones para practicar bien el sexo conviene hacer lo mismo. Poca gente hay en este país más solvente que Erika Lust, escritora y cineasta sueca afincada en Barcelona y maestra en dinamitar las convenciones más viciadas del erotismo y del porno. En Cabaret Desire (2012) propone al espectador cuatro historias en las que el sexo es un elemento más que preponderante, pero que se salen de los cánones de la industria del cine X. Y si lo que necesitan es un manual como los de toda la vida, Kama-Sutra, los secretos del amor (2005) presenta las cincuenta posturas más representativas de este famoso libro. No esperen grandes giros de guion, lo que promete el título es lo que es.
Efectividad: Ustedes dirán. Depende de la maña y de las posibilidades de cada uno en la frecuencia de dicho ejercicio, pero se lo pasarán mejor que haciendo steps. Ténganlo por seguro.