Las 1001 caras de Orson Welles
Celebramos el centenario del nacimiento de uno de los niños prodigios del cine. La suya fue una carrera plagada de genialidad, pero también de un gran rechazo e incomprensión. Castigado por Hollywood y el público, la vida de Welles estuvo marcada por una lucha constante con los estudios y una eterna búsqueda de la financiación. Hoy, le recordamos como la leyenda indiscutible del cine en la que se ha convertido. ¡Larga vida al rey!
"La ignorancia puede ser un gran don, mi gran aportación a Ciudadano Kane fue la ignorancia. No sabía que hubiera cosas que no se podían hacer".
Bendita sea la ignorancia de Welles. Actor, guionista, productor, y absoluto director. Una obra de arte de tan absoluta referencia que marcó un inicio tan estratosférico que ni un genio innato como Orson Welles fue capaz de superar. Después de atemorizar a Estados Unidos con su portentosa voz a través de la adaptación radiofónica de "La Guerra de los Mundos" de HG Wells, los empresarios de Hollywood se abalanzaron sobre el joven Orson cual sanguijuelas con un inmejorable contrato para hacerse con los derechos su ópera prima cinematográfica.
Fe ciega en la nueva promesa del cine, que tuvo relativa libertad a la hora de elaborar el guión sobre el magnate de América, William Randolph Hearst, que al igual que el Foster Kane, tenía en su poder a la gran mayoría de periódicos del país así como muchas otras empresas más. Quizá esta fue la razón por la cual, en su estreno, la obra total de Welles no llegó demasiado lejos. Un fiasco, un total fracaso, pero también una obra maestra que solo el tiempo ha sabido poner en su lugar. A pesar de la genialidad y del talento innato demostrado por el genio Welles, su vida como cineasta estaría marcada por esta tempranera derrota, y el propio actor llegó a dictaminar que: "Si alguien me volviera dar un contrato como el de 'Ciudadano Kane', podría hacer una película mejor que aquella, pero nunca me han dado una segunda oportunidad".

WELLES CONTRA HOLLYWOOD
Cuando la RKO le ofreció ese suculento contrato para firmar la obra de su vida, una de las clausulas incluía dirigir una segunda película para la major. Para ello, Welles se atrevió con la adaptación de "The Magnificent Ambersons", del ganador del Premio Pulitzer Booth Tarkington. "El Cuarto Mandamiento" fue la primera película con la que Welles empezaría sus desavenencias con el mundo de Hollywood. Tras el fracaso de "Ciudadano Kane", el nuevo enfant terrible de Hollywood perdió su condición de intocable y se vió obligado por re-negociaciones en el contrato a ceder sus derechos sobre la edición final de la película. Un poder que acabaron ejerciendo para mutilar hasta 50 minutos del metraje de la película y cambiar el final por uno más "made in hollywood". Todo esto mientras Orson Welles estaba fuera del país. Una trapera jugada que culminó con la destrucción del metraje no utilizado, del cual solo podemos saber de su existencia gracias a las transcripciones de continuidad.
Cuatro años después y con la Segunda Guerra Mundial de por medio, Welles volvía a dirigir, esta vez para la International Pictures y con la única película de su carrera que daría beneficios en su momento de estreno. Inicialmente pensada para ser una película dirigida por John Huston, la producción quedó parada cuando éste entró en el ejército. Sam Spiegel, el productor, acudió a Welles, quien estaba ansioso de demostrar que podía acabar una película a tiempo y bajo el presupuesto acordado. A pesar de que le dieron ciertas libertades creativas, Welles tuvo algún que otro encontronazo con Spiegel.
SHAKESPEARE SEGÚN WELLES
"He gastado demasiada energía en cosas que no tienen nada que ver con una película. Ha sido un 2 % hacer películas y un 98% trapichear [para conseguir dinero]. No es manera de pasar la vida".
Tras el descalabro de "La Dama de Shangai", Welles se las apañó para convencer a la Republic Pictures para que financiara una película de bajo presupuesto sobre la obra de Shakespeare, "Macbeth", posiblemente, la adaptación más fiel al texto original. Rodada en tan sólo 23 días, su puesta en escena, sencilla y austera, consiguen teatralizar (más si cabe) esta obra maestra. Eso no evitó que fuera otro desastre comercial para Welles en los países de habla anglosajona. En cambio, en Francia, los críticos no podían entender como tanto la prensa americana como la inglesa, no habían podido apreciar el enfoque altamente estilizado y surrealista que Welles había dado a la obra. El tiempo ha dado la razón a los críticos franceses y, hoy en día, está considerada una película de culto allá donde preguntes.
Después de todos los desencantos estadounidenses que había acumulado el joven Welles en su corta pero intensa carrera, decidió que era momento de marchar a un lugar donde su genio fuera más apreciado. "Otelo" iba a ser su primera producción europea, pero su benefactor italiano se declaró en bancarrota cuando Welles y su equipo estaban ya en Marruecos a punto de empezar a rodar. La participación francesa en la película se frustró y Welles tuvo que actuar en numerosas producciones para poder autoproducir el largometraje, cuyo rodaje sufrió muchas interrupciones y se alargó durante 4 años por problemas de financiación. Gracias a ello pudo participar en "El Tercer Hombre" y ganar posteriormente, con "Otelo", su primera y única Palma de Oro en el Festival de Cannes.
Nadie mejor que Welles para concluir cinematográficamente una de las obras inacabadas del escritor Franz Kafka. La primera de muchas colaboraciones entre Orson Welles y Anthony Perkins, que recién salía de protagonizar uno de los papeles más importantes de su carrera, "Psicosis". En las manos de Welles, este dotado actor hará virguerías como atormentado personaje de esta pesadilla kafkiana, que se ve reforzada por el portento visual de su director. Fue una de las últimas mejores películas de Welles, ya que en la década de los sesenta su rol como director fue decayendo en pos de apariciones televisivas o pequeños trabajos como actor y narrador.
WELLES DIVIDIDO
Dos películas puramente orsonwellianas en las que jamás le fue reconocida su labor como director. Posiblemente la más aclamada sea "El Tercer Hombre", película de Carol Reed, director por el cual Welles profesaba una profunda admiración. Con un guión escrito a seis manos por Welles, Graham Greene y Alexander Korda, “El Tercer Hombre” preparaba el escenario para los años de paranoia que supondrían la posterior Guerra Fría. Para el recuerdo y la historia cinematográfica queda la escena en la que Orson Welles aparece durante un destello, posiblemente una de las mejores introducciones del mundo del cine. "Cagliostro", a pesar de ser menos conocida, según cuentan es la película con la que mejor se lo pasó rodando. Otra película por encargo para conseguir rodar su ansiada "Otelo".
A LAS ÓRDENES DE GRANDES DIRECTORES FRANCESES
René Clement y Claude Chabrol se hicieron con los servicios de Welles para dos de sus películas. En "¿Arde París?", Clement, además de con Welles, contaba con un impresionante guión de Gore Vidal y Francis Ford Coppola, en la que supone un asombroso retrato de heroísmo y hermandad, así como una de las historias más impresionantes de la Segunda Guerra Mundial. Claude Chabrol, sin duda el más profundo realizador en la historia del cine de thrillers intelectuales, se alía con otro de los grandes intelectuales del cine, Welles, para adaptar una novela de Ellery Queen. Reparto de lujo donde también aparecen Anthony Perkins, Michelle Piccoli y Marlene Jobert.
WELLES Y PASOLINI
Absoluto protagonista del segmento encargado a Pier Paolo Pasolini, La Ricotta, dentro de ese excelentísimo omnibus llamado "Rogogap", que cuenta con las colaboraciones de otros grandes de la época como Jean-Luc Godard o Roberto Rossellini. Pasolini solo podía hablar maravillas de Welles, y estas son las palabras que le decidó en una entrevista aquí recogida:
"En La Ricotta, Welles se interpreta a si mismo. Lo que realmente hizo fue caricaturizarse. Y porque Welles, aparte de ser un actor, también es un intelectual, en realidad lo he utilizado como un director intelectual más que como actor. Ya que es un hombre extremadamente inteligente, lo entendió todo enseguida y no hubo problemas. Lo supo hacer bien. Es una parte muy corta y simple, sin mayor complicación. Le conté mis intenciones y le dejé hacer lo que quisiera. Entendió lo que quería inmediatamente y lo hizo de una manera que me fue completamente satisfactoria".
WELLES Y ESPAÑA
"Si pudiera elegir un lugar donde vivir sería España y en concreto Ávila. El clima es horrible, muy cálido en verano, muy frío en invierno. Es un lugar extraño y trágico. Hay algo grande ahí".
Su pasión por España se incendió al conocer a uno de los grandes amores de su vida, Rita Hayworth, de ascendencia sevillana. Desde entonces, y tras su casamiento, se paseó por tierras españolas disfrutando de sus vinos, sus tierras y sus costumbres como también hizo Hemingway, otro enamorado de nuestro Sol. Pero no solo se quedó Welles en lo mundano, si no que se decidió a rendir homenaje a dos grandes mentes de nuestra historia: Goya y Cervantes.
"Don Quijote" fue uno de sus grandes proyectos inacabados. Película filmada a lo largo de catorce años, murió sin haber podido acabar de montar. Considerada perdida durante mucho tiempo, Jess Franco, amigo personal de Welles, buscó los materiales, desperdigados por medio mundo y acabó la película siguiendo las indicaciones que dejó escritas el propio Welles. Un documento apasionante que ofrece la particular visión de su autor sobre España, narrada a través de las peripecias de Don Quijote y Sancho. Y de la literatura a la pintura, Welles con otro de nuestros grandes genios con, quien comparte más de un claroscuro. Motivado por su sentido de la estética, Welles grabó, cámara en mano, imágenes de los cuadros de Goya, intercalándolas con escenas cotidianas de la Feria de Abril de Sevilla, las procesiones y los toros. Más de medio siglo después, salen a la luz dichas grabaciones, un legado histórico que retrata una época y muestra los paralelismos entre dos genios de la cultura universal.
SUS GRANDES CAMEOS
Como una vieja gloria condenada por sus excesos y sonados fracasos, Welles se paseó durante muchos años por un sin fin de películas, ofreciendo más de un cameo de lujo, ya puramente como actor. Fue Le Chiffre en "Casino Royale", parodia realizada por su amigo John Huston sobre el archifamoso espía británico James Bond, con quien volvería a repetir en "Moby Dick" como Padre Mapple; su magna persona también ha encarnado al orondo rey de Francia Louis XVIII en "Waterloo" o a un exiliado judío en "El Viaje de los Malditos" de Stuart Rosenberg.
Para acabar, damos el broche de oro a nuestro análisis de la vida y obra de Welles con un excelente vídeo conducido y orquestrado por dos de los teóricos de cine más reputados del universo, Jonathan Rosenbaum y Kevin B. Lee. Os dejamos con ellos: