El Silencio de Martin Scorsese y la fe desventurada

Autor: Javier Acevedo Fuente: Filmin

La vida del servidor de Dios suele ser bastante más complicada de lo que uno podría pensar al ver por la televisión la fastuosidad de la pompa vaticana, las obras de arte o los vericuetos del IBI que hacen que la Iglesia tengan suficiente patrimonio como para construir una urbanización hasta el mismísimo Cielo. Sin embargo, algunos siervos de la fe cristiana experimentan la llamada de un modo más íntimo, modesto y recogido."Silencio" nos acerca al Scorsese más espiritual a través del martirio de sus protagonistas, que trataron de acercar las bienaventuranzas a tierras remotas. 

El dolor suele ser con frecuencia una constante en la vida de estos prójimos, que rehuyen de la vida acomodada. Las bienaventuranzas son una parte central de la doctrina cristiana y católica debido a que aspiran a reflejar una forma de vivir y entender la vida y muerte de Jesucristo. La mansedumbre y la paciencia se unen así a otras virtudes teogonales como la fe, la caridad o el amor. Desde Filmin os acercamos una serie de títulos donde sus protagonistas intentaron ver el rostro de Cristo viviendo según las bienaventuranzas. Una cuestión de fe personal que les llevó a hacer de la mansedumbre y el martirio un estilo de vida para hallar a Cristo, muchas veces a través del dolor.

SILENCIO

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos”.

¿Quién sufre el martirio?: Dos jesuitas que acuden a Japón para buscar a un misionero que ha renunciado de la fe. Pronto descubrirán que los japoneses son capaces de hacerte perder hasta el amor por la pizza. 

¿Quién nos lo confiesa?: Martin Scorsese firma una superproducción que supone a su vez una historia intimista sobre la fe, el martirio y la espiritualidad a través del dolor. El genio del séptimo arte se pone el disfraz de Dreyer. 

¿Qué virtud aprendemos?: La expiación a través del dolor, mucho dolor. Estos religiosos hacen del amor a Dios una auténtica experiencia traumática. 

¿Cuál es nuestra penitencia?: Dos horas y media de puro cine, de ese que te recuerda que la espiritualidad es un fenómeno que va más allá de un cardenal homófobo.


IDA

“Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”

¿Quién sufre el martirio?: Una joven monja polaca que abandona el convento para emprender un viaje con su tía donde se reencontrará con verdugos del pasado que le harán cuestionar si su fe en realidad no son ganas de eludir su complejo de Bambi.

¿Quién nos lo confiesa?: Pawel Pawlikowski, su nombre es impronunciable, pero sus intenciones son mucho mas claras. Este discípulo de Wajda y Zulawski hace la primera comunión con un film que radiografía el dolor, la venganza y la fe como bálsamo espiritual del trauma.

¿Qué virtud aprendemos?: El perdón, dicen que Cristo sacia el hambre de venganza y la sed del dolor. Vale, si eso no te va al menos vela y farda de ver cine en polaco.

¿Cuál es nuestra penitencia?: No haber visto más cine polaco. La Escuela de Cine Polaco no es la tienda hipster de Malasaña, es un movimiento cinematográfico de referencia. 


THIRST

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

¿Quién sufre el martirio?: Un pobre diablo, perdón, un sacerdote que cansado de estar rodeado de muerte y sufrimiento al visitar a los enfermos de un hospital, decide ir a África para ayudar a encontrar una vacuna. Pero una vez allí él se contagia - tranquilos, no hay profilácticos de por medio- y se convierte en un vampiro con ganas de emborracharse con la sangre de Cristo.

¿Quién nos lo confiesa?: Park Chan-wook, el maestro surcoreano vuelve a sorprender con una obra inclasificable sobre un servidor de Dios que buscando la misericordia acabará necesitándola, y en altas dosis. 

¿Qué virtud aprendemos?: La generosidad, hay que estar dispuesto a verter sangre, sudor y lágrimas por nuestro señor Jesucristo. Quizá lo de morder cuellos ajenos puede ser un problema, pero si no hay chupetón no hay deseo ni pecado. Mejor ser vampiro que depravado.

¿Cuál es nuestra penitencia?: "La doncella", "Oldboy" o "Soy un cyborg" en Filmin, disponibles. Pecador de la pradera, corre a verlas, esa es tu penitencia. 


LA VIDA DE BRIAN

“Bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y con mentira digan mal contra vosotros, todo género de mal por Mí.

¿Quién sufre el martirio?: Ni mas ni menos que el mismísimo Brian. bueno, Eric Idle en este delirante clásico de los Monty Python que todos conoceréis pero que no por ello hay que cansarse de mencionar. 

¿Quién nos lo confiesa?: Por pecaminoso que suene, los Monty Phyton son los dioses de la comedia, los evangelistas del absurdo, acercan la Palabra del despiporre a nuestras pantallas. Si la Conferencia Episcopal los tuviera entre sus filas, seríamos los primeros en ir a misa y votar al Frente Popular de Liberación de Judea en las próximas generales. 

¿Qué virtud aprendemos?: La risa. Sí, lo sabemos. Muchos sacerdotes y cardenales no suelen esbozar una arruga cómica en sus rostros. Quizá tengan el tránsito mal y necesiten a José Coronado y algo de bifidus, O quizá se les haya olvidado, ver a tanta mujer liberada, a la homosexualidad como una tendencia normalizada y otras "aberraciones" no les hace tanta gracia. Tendrían que cantar como Brian, a mal tiempo buena cara. 

¿Cuál es nuestra penitencia?: Si no te ríes con este clásico, es que eres el diablo. Y contra eso no hay penitencia. Disfruta siendo tan malvado y serio, pero no esperes que te inviten a ese local vegano donde ponen un humus divi... (espera, lo estoy saboreando) divino. ¿Qué han hecho los veganos por nosotros?


LA VÍA LÁCTEA

“Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los cielos”

¿Quién sufre el martirio?: Dos peregrinos que a lo largo de su peregrinaje irán encontrándose con personajes variopintos del imaginario religioso. Desde luego es una persecución de la justicia a la altura de trama de corrupción, porque hay cada personaje en este trayecto que ni en el metro a partir de ciertas horas.

¿Quién nos lo confiesa?: Luis Buñuel, en un nuevo film que lo consagraría como uno de los grandes de nuestra cinematografía y persona non-grata en los círculos eclesiásticos por su visión surrealista, ácida y mordaz de la espiritualidad cristiana y su opresión sobre la sociedad en su tiempo. 

¿Qué virtud aprendemos?: El Reino de los Cielos hay que ganárselo. ¿Creías que era suficiente con dejar de robar el Wifi al Bar de Paco El Bulería? Tienes muchos mas pecados que expiar, empezando por acabar con el mito sobre que el cine español siempre va de lo mismo. Buñuel nunca hablaba de lo mismo. 

¿Cuál es nuestra penitencia?: Que en algunas de las escenas y personajes que recrea Buñuel veas reminiscencias de tus clases de catequesis.


EL PROCESO DE JUANA DE ARCO

 “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

¿Quién sufre el martirio?: Juana de Arco, una recurrente. atravesando el juicio que acabará con su ejecución, un proceso judicial más largo que algunas causas contra la corrupción. Juana de Arco no era una twittera feminista, pero seguro que hoy en día también habría sido perseguida por sus comentarios poco ortodoxos.

¿Quién nos lo confiesa?: Robert Bresson, de genios del cine va la cosa. No contento con dejarnos obras maestras sobre asuntos más mundanos, firmaría un testamento sobre la espiritualidad, el martirio y el dolor ante el amor ausente que lo situó en la órbita de genios como Pasolini, Bergman o Dreyer.

¿Qué virtud aprendemos?: La paciencia, paciencia para no saltar sobre los verdugos y perseguidores de Juana y no repartir unas cuantas hostias eucarísticas para que vean que la experiencia de Cristo es un acto de vida íntimo y recogimiento espiritual.

¿Cuál es nuestra penitencia?: Si no sabes apreciar lo que Bresson hace aquí, con el juego de luces, la composición y el uso de la perspectiva, no te castigaremos. Pero es un buen comienzo para empezar a valorarlo y convertirte en el amigo que ve cine francés y habla raro. 


EL SÉPTIMO SELLO

“Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

¿Quién sufre el martirio?: Un caballero cansado de tanta cruzada quijotesca que solo quiere tumbarse en el sofá, coger mantita y ver Filmin. Pero en esto llega la Muerte más pálida que tú a estas alturas del año y le invita a una partida de ajedrez. Vida, muerte, erotismo, juegos más allá del Clash Royale... Este Bergman en una rave en el Pacha tenía que petarlo.

¿Quién nos los confiesa?: Ingmar Bergman en la que quizá sea la película más icónica de su filmografía. También aparece Max Von Sydow, es de esas películas que si te pones delante de un espejo y repites su nombre quince veces aparece un crítico de cine y te dice Bergan es demasiado mainstream. Como no somos así de intransigentes, dale una oportunidad y verás que hay vida más allá de la Muerte.

¿Qué virtud aprendemos?: La paz. Hay que tener mucha paz interior o tener el rictus de Sydow para encontrarte a la Muerte y no solo no huir, sino echar una partidita con ella. Pensábamos que paz era ver una película entera de Lav Díaz sin usar el mando. Bergman, perdona nuestros pecados.

¿Cuál es nuestra penitencia?:  La cantidad de críticas intelectuales, comentarios pomposos y fondos de pantalla que verás con fotogramas de la película y que tendrás que sufrir. Todos tenemos una etapa donde creemos que no hay cine más allá de este film. Por algo será. 


NARCISO NEGRO

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”.

¿Quién sufre el martirio?: Un grupo de religiosas que tienen que desplazarse e instalar un convento en un milenario templo del Himalaya. Alguna ministra lo llamaría búsqueda de oportunidades, pero el hábito no protege contra el hielo polar, aunque no hace tanto frío como en Teruel, seguro.

¿Quién nos lo confiesa?: Michael Powell y Emeric Pressburger, dos genios del cine británico que hicieron que David Farrar fuera una manzana apetitosa a la qu cualquier monja querría darle un buen bocado. Aunque Deborah Kerr con hábito también es una especie de placer culpable. Pecado de carne, necesitamos confesarnos.

¿Qué virtud aprendemos?: El martirio, hay que fustigarse a uno mismo por ser tan pecaminoso y no tener solo ojos para el cuerpo de Cristo. Literalmente, Cristo está para comérselo pero Pasión de Gavilanes ha hecho que su sangre no sea la única que queramos beber.

¿Cuál es nuestra penitencia?: No revisar la filmografía de Powell y Pressburger y descubrir que películas como "El fotógrafo del pánico" que influyeron a generaciones posteriores. 


LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”.

¿Quién sufre el martirio?: La histórica figura de Juana de Arco a través de la mirada legendaria de Maria Falconetti, uno de los rostros más profundamente dolorosos de la historia del séptimo arte. 

¿Quién nos lo confiesa?: Carl Theodor Dreyer, palabras mayúsculas. El maestro de Bergman ofreció un film inolvidable donde el montaje y la dialéctica del primer planola consagraron como una obra donde la espiritualidad del martirio emociona, simplemente.

¿Qué virtud aprendemos?: La virtud, si después de tanto martirio y tortura no nos merecemos al menos un tiramisú de postre, es que beatifican ya a cualquiera.

¿Cuál es nuestra penitencia?: No saber qué ver después, es tan divina que todo lo que veas después te parecerá una herejía. 


UN PECADO EXTRA: LUZ SILENCIOSA

¿Quién sufre el martirio?: Un menonita viviendo una vida más contemplativa que la tuya un domingo por la tarde se enamora de otra mujer. Hasta los más puritanos a veces caen en la infidelidad, su martirio se lo impone él mismo, vaya estoicismo.

¿Quién nos lo confiesa?: Carlos Reygadas, uno de los realizadores mexicanos más personales y únicos y ante todo, una prominente figura del cine latinoamericano con ecos de la metafísica de Tarkovski y el lirismo de Malick. Debería ir al infierno por escribir sentencias tan sumamente pedantes, pero hay pocas formas mejores de decir que Reygadas sabe y mucho. 

¿Qué virtud aprendemos?: Modestia, no seas orgulloso, no eres el único pecador en este mundo. También hay gente que mete la pata como tú. 

¿Cuál es nuestra penitencia?: Ninguna, medita sobre las bienaventuranzas y abraza la figura de Cristo. Y si te da pereza, vil esbirro de Belcebú, dedícale horas de apoltronamiento en la cama a nuestra selección gourmet. 


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1 comentario

Simplemente agradecido por esta lista imperdible de obras maestras. Haría falta tal vez, que sumen las obras del gran Andrey Tarkovski. Este gran cineasta nos da prueba que en el cine hay una mirada mucho más religiosa de lo que pensamos.