Ayer, hoy y mañana, Sophia Loren

Fuente: Ricardo Jornet (filmin)

Algunas vidas merecen ser contadas, y nadie puede negar que la vida de la que seguramente sea la actriz italiana más famosa de la historia del cine forma parte de ese grupo. Este jueves, Lumen publica "Ayer, Hoy y Mañana", título de resonancias fílmicas para la biografía de Sophia Loren, diva del cine que a sus ochenta años continúa sobre su pedestal en ese espacio tan voluble que llamamos memoria colectiva.

Si entendemos la historia del cine como una lucha (en algunas ocasiones más silenciosa que en otras) entre sus concepciones estadounidense (entretenimiento ante todo, grandes estrellas, fama y lujo, presupuestos enormes generados por un sistema industrial) y europea (interés por explorar temas más complejos, temporalidad más pausada, estrellas menores, presupuestos inferiores...), quizás no sorprenda que, justo en medio, equilibrando fama internacional con papeles de prestigio y éxito de crítica, se encuentre la Loren, actriz italiana a la que a día de hoy muchos siguen considerando la más bella que ha podido rodar una cámara jamás.

Aprovechando la inminente publicación de sus memorias en nuestro país, en filmin queremos hablaros de la heterogénea carrera de esa joven romana que, no contenta con capitalizar la belleza de varias décadas de cine clásico, decidió dirigir sus enormes dotes interpretativas hacia terrenos que nadie habría identificado en un inicio con ese cuerpo escultural que parecía destinado a llenar simplemente las páginas de Sociedad. Por fortuna para todos, no fue así: he aquí cómo Sophia Loren consiguió ser ella misma a fuerza de buscarse entre muchas otras.

Niña de la Guerra

Pasar la Segunda Guerra Mundial en los suburbios de Roma, con la fuerte carencia de una figura paterna permanentemente ausente, convertiría la infancia y gran parte de la adolescencia de Sofía (lo de Sophia vendría luego) en un encadenamiento de penurias; para animar a sus hijas, la madre las llevaría a concursos de belleza, uno de los cuales casi ganaría la Loren en 1948, con catorce añitos. Consciente ya de que su rostro podría llevarla muy lejos, Sofía se presentó con su madre en los castings en Cinecittà para la última película del estadounidense Mervyn LeRoy, "Quo Vadis", participando como figurante para una industria que pocos años más tarde estaría a sus pies.

 

A falta de padre, Ponti

Fue durante esta época de figurante que Carlo Ponti, poderoso productor, se fijó en la joven de veintipocos años, y no precisamente de manera desinteresada: pronto se haría evidente que estaba loco por ella, aunque literalmente le doblase la edad y tuviese una familia propia de la que ocuparse. Bajo su protección, Sophia (ahora ya sí; hasta el momento se hacía llamar Sofía Lazzarov, en referencia al poder de su belleza para despertar a los muertos) actuó en una panoplia de pequeños papeles que la irían asentando poco a poco como la estrella que estaba a punto de llegar a ser. Años más tarde, Sophia acabaría por casarse con Ponti, rechazando de paso a galanes de Hollywood como Cary Grant, y con él continuaría hasta el día de su muerte.

 

Una Estrella en ascenso

Durante los cincuenta, y aún en su veintena, diversos cineastas italianos que eran, o pronto llegarían a ser, figuras emblemáticas de la cinematografía mundial empezaron a fijarse en la Loren, cuya belleza era ya de entrada difícilmente discutible, pero que además demostraba que lo de actuar no le iba a la zaga. De su papel casi de figurante en el "Luces de varieté" de Fellini (ópera prima de este) a su protagonismo en "Aída", producción de postín que adapta la ópera de Verdi, distan unos pocos años, lo que demuestra su ascenso meteórico.

Con su exhuberante cuerpo y su eterna sonrisa, tan dados al género cómico italiano picante del momento, Sophia se paseó por filmes como "El Signo de Venus", de Dino Risi, y probaría también de las mieles del último neorrealismo en el segmento del filme antológico "El oro de Nápoles" dirigido por Vittorio de Sica, que con los años pasaría a ser casi su benefactor en el ámbito del cine dramático de calado.

 

De la fiesta americana...

Los estadounidensen siempre han sido expertos en aprovecharse de la belleza y el talento que iban descubriendo en las cinematografías europeas, y con la Loren no fue una excepción: en esta misma década, la joven actriz ya protagonizó superproducciones como "Orgullo y Pasión", filme de época junto a Frank Sinatra y Cary Grant (que se disputaban su amor en la pantalla y fuera de ella, aunque la Loren acabase por dar largas a todos los que la pretendían). Su contrato con la Paramount la hizo protagonista de un puñado de filmes durante los cincuenta, entre los que se cuentan "Deseo bajo los olmos" o "El Pistolero de Cheyenne", y que completarían su perfil social en el Hollywood del momento, dividido entre los galanes clásicos y los nuevos actores como Brando. Sophia Loren los conquistaría a todos.

A lo largo del resto de su carrera, su relación con la industria hollywoodiense continuó siendo bastante fructífera, apareciendo en papeles muy diversos como el de contrapartida femenina a Gregory Peck en la desconcertante "Arabesco" (de un Stanley Donen lisérgico que intentó repetir el éxito de "Charada", sin conseguirlo), dama en apuros en el film de catástrofes bacteriológicas brutalmente camp "El puente de Casandra" y de señora ya entrada en años pero con porte de diva en "Nine", el homenaje musical de Rob Marshall al "8 1/2" de Fellini.

 

... Al Drama de Europa

Buscando definitivamente ese reconocimiento a su talento interpretativo que siempre había perseguido, la Loren confió en De Sica para que la dirigiese en su papel más intenso hasta la fecha, el de madre sufridora en "Dos Mujeres". La otra mujer del título es, evidentemente, la hija, que fue el primer papel que le ofrecieron a la actriz; pero ella estaba convencida de que ya era lo bastante madura como para ser madre, y el tiempo le dió la razón: nominada a numerosos premios internacionales, fue la primera ganadora de un Oscar a la mejor actriz para un papel hablado en un idioma extranjero.

Se abrirían así unos sesenta gloriosos para la actriz, que invirtió en seguir explorando sus cualidades junto a De Sica, en filmes como "El Viaje", "Los Girasoles" o "Boccaccio 70", este último co-dirigido por los mayores directores italianos del momento. Definitivamente asentada como intérprete dramática de solidez, la Loren tampoco olvidaría sus orígenes en la comedia ligera y dirigida por el mismo De Sica protagonizaría "Matrimonio a la Italiana", absoluto clásico de la comedia costumbrista en particular y el cine mundial en general.

Su contrapartida masculina en el filme sería Marcello Mastroianni, la estrella masculina en la Italia del momento, y también dividido entre papeles más comerciales y otros de mentalidad autoral; ambos formarían una pareja profesional que se extendería a filmes como "Una Jornada Particular" (excelente drama, casi exclusivamente dueto interpretativo de ambos, dirigido por el maestro Ettore Scola) o la comedia ligera "La Mujer del Cura", dirigida por su viejo amigo Risi.

 

Maternidad y Ocaso

A finales de los setenta, ya madre de dos niños pequeños, Sophia Loren decidiría alejarse de la actuación y concentrar sus esfuerzos en el mundo del espectáculo en otros terrenos; poco a poco, se convertiría en la señora benefactora, diseñadora de perfumes, ropa y complementos, siempre profusamente maquillada, que conocemos las generaciones más jóvenes. Sus dotes interpretativas se reservarían para papeles muy concretos y especiales, como el ya mencionado en "Nine", o para pequeñas producciones en las que la actriz no podría escapar ya de la monumental fama que la precedía. Diosa exhuberante y latina para unos, intensa y madura intérprete para otros, ambas cosas para la mayoría, la Loren fue estrella de estrellas en un momento en el que estas aún eran divinas, intachables, provenientes de otro mundo. Su eco llega hasta innumerables actrices contemporáneas, pero en la historia del cine nunca volverá a haber nadie como ella.

Títulos mencionados

Publica un comentario

unnamed

Sin comentarios