Presciencia: 40 clásicos más actuales que nunca
¡Estoy más que harto, y no quiero seguir soportándolo! Puede que esta sensación que tan clara nos deja el personaje interpretado por Peter Finch en "Network", de Sidney Lumet, nos invada en estos tiempos que corren, donde cada vez es más tangible que los males del pasado reverberan en el presente y se proyectan hacia el futuro. Así como "Network" predijo la instrumentación de los medios de comunicación como vehículo ideológico para el mantenimiento del status quo nos preguntamos…existen pues, ¿más casos de este tipo? Cineastas que, de algún modo u otro, preocupados o inconscientes del poder del dispositivo cinematográfico, fueron capaces de crear películas premonitorias. Con esta colección deseamos proponer una serie de films que fueron capaces de avanzarse a su tiempo convirtiéndose así en clásicos indiscutibles que brillan por su atemporalidad. De algún modo, queremos esbozar nuestro "De Caligari a Hitler" particular, el fundacional ensayo de Sigfried Kracauer que arrojaba luz a la cuestión de como el expresionismo alemán exponía y esclarecía los síntomas de los que adolecía la sociedad alemana, y de como ello conllevó a la gestación del Tercer Reich (la necesidad subconsciente de un líder, la paranoia imperante en las calles...). Agregamos el documental sobre el notorio ensayo a la lista además de una de las películas comentadas en él, “Metropólis”. He aquí nuestra última colección, Presciencia. En efecto, y nunca mejor dicho, "no son viejos, son clásicos".

Muchos nos quedamos verdaderamente inquietos tras asistir perplejos al escrutinio de la noche electoral del dia 10. Negra noche que afianzaba todavía con más potencia la pujanza de la ultraderecha a nivel mundial. Debemos echar la vista atrás, ya que todo este despertar de pasiones reaccionaras tuvo su punto de partida hará ya unos años, cuando el magnate multimillonario Donald Trump se hizo con la Casa Blanca en unas insólitas elecciones. Desde entonces, son unas cuantas las informaciones que nos llegan de posibles conspiraciones con la otra gran nación de controvertida praxis política e ideológica, Rusia (un posible amaño de elecciones, entre muchas otras). Fue el siempre conspiranoico y director maldito John Frankenheimer quien, en 1962, realizaba un alucinadísimo thriller sobre el tacticismo oculto que mueve los hilos de las grandes esferas, “El Mensajero del Miedo”. Por si esto fuera poco, la cinta está protagonizada por caras tan particularmente anómalas como Frank Sinatra u Angela Lansbury. Rostros que el director no duda en deformar con su exquisito trabajo de cámara para adquirir esa atmósfera tan raruna que encierran sus thrillers (pensamos en "Plan Diabólico", por ejemplo).

Y es que es muy interesante que, mientras celebramos el trigésimo aniversario la caída del muro de Berlín, Donald Trump se encuentre levantando otro todavía más prominente y resguardado al otro lado del globo. En el caso que nos ocupa, no es para delimitar dos países en conflicto, sino para fortificar EU ante una "invasión potencial" debido a la inmigración mexicana. Lo que parece olvidar el estadounidense, es que su nación fue construida en base al duro trabajo de miles de inmigrantes de todas partes del mundo durante centenares de años. Hecho que explora Michael Cimino en su maldita "La puerta del cielo", quien también pone en tela de juicio la forma en la que se forjó la idiosincrasia histórica norteamericana.

Refrescamos la memoria y volvemos al presidente convertido en meme favorito de América. “He Died Like a Dog”, espetó Donald Trump en una comentada rueda de prensa hace unos meses tras efectuar una operación para asesinar al líder de ISIS, Al-Baghdadi. Saltándose a la torera la elegancia que había definido la comunicación de actos de este tipo por representantes políticos, Trump puso de manifiesto la no-impunidad de sus fuerzas y blanqueando, además, el hecho de que Baghdadi fue asesinado cuando merecía un juicio justo. Esto nos obliga a pensar en que, tanto por la cabeza como por la cola, no andamos nada lejos de los tiempos que nos muestran tanto "Robocop" (la violencia implacable ejecutada por el estado como vehículo idóneo para la subsistencia del capitalismo salvaje), de Paul Verhoeven y "Punishment Park" (los procesos judiciales entendidos como juegos en los que la diversidad ideológica queda reducida a la acepción, o no, del patriotismo y todo lo que implica), del gran cineasta afincado en la puesta en escena del “re-enactment”, Peter Watkins . También recuperamos dos de sus colosales obras para la colección, "La Comuna" y "Evening Land".

Atisbando todavía más hacia el futuro y de cómo la derecha se torna vigoréxica en los discursos del miedo, otorgando el liderazgo ideológico al enaltecimiento del analfabetismo y al patriotismo de banderita, la advertencia que nos proponían Godard y Truffaut en los años 60 a través de dos obras capitales del sci-fi como son “Lemmy Contra Alphaville” y “Fahrenheit 451”. En ellas, ambos conjeturan sobre el futuro de la sociedad de la hipervigilancia y de regímenes totalitarios en clave distópica, y de cómo éstos se robustecen pulverizando la cultura hasta hacerla desaparecer. Dicha hipervigilancia también está de cuerpo presente en las dos célebres adaptaciones de “1984”, la celebérrima novela de George Orwell.
Cambiando de tercio, fue durante el tortuoso estreno de “Oleanna”, la obra de teatro de David Mamet, en la que el dramaturgo fue duramente criticado y tildado de oportunista debido a que justamente coincidía en el tiempo con un suceso de corte similar (el abuso de poder de un profesor hacia su alumna) meses atrás. En Oleanna, Mamet nos muestra los recovecos más renegridos del privilegio heteropatriarcal estructural a la par que compone un incisivo estudio sobre las relaciones de poder y la lucha de clases. Oleanna nos recuerda por desgracia, a todas las acusaciones que giraban alrededor de personajes del ente de las celebridades demolido por el #metoo, como Harvey Weinstein o Kevin Spacey.

Nos atemoriza el papel abusivo que juegan las redes sociales en el día a día. Provocando que nos convirtamos en potenciales acosadores a la vez que acosados desprotegidos. Cada vez es más frecuente, en las nuevas generaciones, el extremo desarraigo y pérdida de percepción de “lo real”. Satoshi Kon, el gran cineasta de animación japonés (autor de obras capitales del género como "Paprika" o "Tokyo Godfathers"), construía en "Perfect Blue" una prístina y aterradora narración sobre los potenciales peligros de Internet: la destrucción de la intimidad debido a la reiterada proyección de la vida privada, la puesta en crisis de la identidad, la multiplicidad y diversificación del relato…Todo un flash forward de lo que podría ser Instagram a día de hoy.

Otro hecho fáctico indiscutible que nos afecta ya no como sociedad, sino como especie, es el cambio climático. La emergencia climática ya copa movilizaciones, cadenas de televisión, redes sociales…y también se ha encargado de crear iconos tan necesarios como cuestionables. Dos cineastas tan dispares en sus formas como son Luc Besson y Andréi Tarkovsky ya presagiaban la debacle humana en su vínculo con la naturaleza y el espacio. Poner en crisis la unión entre personaje y espacio para edificar una mordaz y complejísima crítica a la URSS que subyace bajo capas y capas de metacine y mapas psicológicos imposibles, en las que el cineasta soviético puso en diálogo al cine con la propia existencia humana en "Stalker". Besson, en cambio, nos plantea un futuro temible en el que la incomunicación se ha apoderado de la raza humana, haciendo añicos cualquier vislumbre de civilización presente y futura en su debut "Kamikaze 1999 (el último combate)".

A la postre, hace unos días nos enterábamos de cual iba a ser nueva película de James Dean. ¿Qué? Sí, cierto, la productora americana Magic City anunciaba el fichaje de la estrella fugaz por antonomasia para su nueva película. ¿Vaya ojo no? Curiosamente, la película sucede durante la Guerra del Vietnam, época en la que Dean ya no estaba vivo.
Ante este vendaval, no podemos parar de pensar en cómo las ideas que planteaba Ari Folman en su segunda película, "El Congreso", están cada vez más cerca de nuestra realidad. En la cinta francoisraelí, Robin Wright, quien se interpreta a sí misma, se enfrenta a la figura del döppleganger en su “corpus” más digital. La otra cara de la moneda de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”.

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