Esos otros "Relatos Salvajes"
“Relatos Salvajes”, ese mosaico argentino de la crueldad, se ha convertido en una de las películas del año, sin discusión: con su equilibrio demencial entre la comedia negrísima y el drama, compuesto de retazos que pretenden capturar el mundo injusto en el que vivimos, es un canto irónico a la vieja máxima de tomarse la justicia por nuestra mano, cuyas consecuencias sufrirán intérpretes de la talla de Ricardo Darín o Leonardo Sbaraglia. Pero el ser humano está hecho de insatisfacción, y estos relatos no son los primeros que podemos recordar...
La historia del cine está perlada de grandes y pequeños cuentos que encuentran en el impulso de destrucción individual la forma idónea de criticar las irregularidades económicas, políticas y sociales de nuestro sistema: se trata, en fin, de emprender una cruzada contra el mundo para intentar poner en su sitio a los que nos tocan las narices. Como a nosotros nos encantan los rebeldes, queremos presentaros esta lista de títulos de nuestro catálogo protagonizados por gente que bordea ese peligroso umbral entre la psicopatía y la justicia social. Antihéroes contra el mundo, en definitiva.
Costa-Gavras lleva desde los sesenta construyendo ficciones de denuncia que al final tienen más de realidad que de invención: las irregularidades del sistema y las consecuencias del totalitarismo se cuentan entre sus primeros intereses. No extraña, pues, que en 2005, y casi previendo la crisis económica que vendría y sus EREs, convierta la alienación del alto cargo que se queda sin empleo en una búsqueda sangrienta de la autoafirmación: el ejecutivo que decide asesinar metódicamente a todos los miembros de la competencia. Entre medias, obviamente, mucho humor negro, crítica mordaz y una planificación ágil que puede sorprender viniendo de alguien que ya supera la sesentena.
Y seguimos con otro cineasta griego, pero esta vez de una camada más reciente: Ektoras Lygizos, que ha removido las conciencias con su brutal y minimalista retrato acerca de las condiciones de vida de un joven ateniense sin nada (o casi nada...) que llevarse a la boca. Esto sí que es un relato salvaje: el del abandono por parte de la sociedad de una persona que se ha visto privada de su futuro, hundida en una espiral autodestructiva doméstica que da buena cuenta de la crisis económica a la que se ha abocado el país heleno.
Arash y Arman T. Riahi, hermanos cineastas, componen en este apasionante documental un retrato caleidoscópico de las diversas formas de protesta pacíficas surgidas a lo largo y ancho del planeta al albur de las revoluciones árabes: el movimiento Occupy, el 15-M español... Con un estilo potente y múltiple, infinidad de imágenes de todo tipo y desplazamientos constantes entre países, se trata de un relato totalmente absorbente que muestra de manera clara todos esos momentos en los que el pueblo, ante las injusticias, se planta y dice basta.
Y de la revolución política a la de la juventud: Nicholas Ray sentó definitivamente las bases de su leyenda como director siempre al límite de la vida con este improbable filme, mezcla de romance y crimen, que removió los cimientos del Hollywood más clásico allá por finales de los cuarenta. Farley Granger y Cathy O’Donell se convierten en los enemigos número uno de la ley, emprendiendo un viaje al fin de la noche en el que todo a su alrededor se vuelve en su contra. Como dice Víctor Erice, “una poesía del destino”.
Dejen paso a Ben Wheatley, uno de los cineastas british más iconoclastas y salvajes de los últimos diez años: en “Turistas”, convierte los roces de la convivencia de la pareja formada por Chris y Tina en una odisea criminal que empieza con humor negro y acaba estallando en un absurdo muy difícil de encontrar en los finales del cine contemporáneo comercial. Narrativamente libre y estéticamente impecable, Wheatley parece proponernos que, si alguien nos toca las narices y acabamos por cargárnoslo a hachazos, la justicia puede que nos condene pero el cine nos absolverá.
Es este uno de esos filmes cuyo título solo cobra sentido global cuando la bobina ha dejado de correr, pero que en su construcción tensa hacia un final desgarrador ya va desgranando lo que finalmente nos encontraremos. Plano secuencia de 87 minutos (sí, este es real, os lo prometemos) que sigue a un infeliz protagonista por las calles de una ciudad española cualquiera, el filme supuso una verdadera sorpresa en el Festival de Sevilla, donde se alzó con los premios a la Mejor Película y FIPRESCI. Si eres capaz de mirar a la crisis a la cara, esta es tu película. En caso contrario, esta odisea de amargura y vergüenza te dejará sin ganas de dormir.
La “Banda Aparte” de Godard pasada por el filtro descontrolado de Gregg Araki solo podía resultar en esto: una orgía de sexo y violencia en la que tres amigos van subiendo escalones en su carrera hacia la absoluta autodestrucción, el espectáculo mediático definitivo. Así, en el momento en el que entra en juego la cobertura televisiva de las terribles andanzas de este trío de jóvenes indecentes, se inicia el dispositivo crítico: ellos son salvajes sí, pero, ¿y lo que nos gusta a todos ver como hacen salvajadas? Y, por si esto no fuera suficiente, apunta: Rose McGowan, sorprendentemente joven, apuntando maneras antes de ser el icono pop que ha llegado a nosotros tras su paso por las manos de Robert Rodríguez.
La obsesión por el falso culpable, o por lo que de perverso tenemos cada uno de nosotros, seres cotidianos, perseguía a Fritz Lang casi tanto como al otro maestro del suspense clásico, Alfred Hitchcock. En filmes como “Sólo se vive una vez” o “Furia” cristaliza el temor recurrente a que un inocente sea condenado por culpa de un malentendido, alimentado por las malas lenguas de los enemigos de uno. Aquí, todo el mundo se echa sobre un Henry Fonda (excelente, por otro lado) que deberá primero demostrar su inocencia y posteriormente asumir la ironía de que, en su camino a la libertad, ha acabado por convertirse en un criminal más.
Angelo Badalamenti, el compositor de David Lynch, le pone la música a este enfermizo cuento contemporáneo que intenta buscar la raíz de la psicopatía en una versión pasada de vueltas del amor propio: la de Jean-Claude Romand, que engañó a su familia cercana acerca de su verdadero trabajo para acabar asesinándolos a todos el día en que intuyó que se le acababa el chollo. Si te suena el argumento, es porque lo comparte con ese hito del cine patrio que es “La Vida de Nadie”, aunque allí, al final, José Coronado no adoptaba medidas tan drásticas; otra famosa réplica al caso es “El Empleo del Tiempo”, en la que Laurent Cantet nos habla del hombre para acabar hablándonos del sistema en el que vivimos.
ReMine, El Último Movimiento Obrero
Acción, drama social e incluso melodrama musical en un documental que es mucho más: un canto a la libertad y por los derechos de los colectivos que el maldito proceso ha acabado por dejar en cueros. Un retrato fiero y hermosamente rodado de las huelgas de mineros asturianos de 2012, que deja atrás el reportaje para ahondar en una visión poética pero rugosa de la realidad, unos rostros y unos lugares que quedarán para siempre, en su lucha, filmados por el ojo inmortal de la cámara de Marcos M. Merino.
Otro brillante artefacto que salta de género en género, esta vez de ficción netamente española, en el que brillan con luz propia la improbable pareja de cincuentones formada por Paco Tous y Miguel de Lira, los cuales encuentran en un imponente alijo de coca la solución para escapar del pozo de miseria al que la crisis económica les ha llevado. Lo divertido (o lo trágico, según se vea...) empieza de verdad cuando los verdaderos camellos deciden que no quieren que un par de señores les haga la competencia. Unax Ugalde y Manuela Velles, valores seguros del joven cine patrio, aportan la vena moderna a un relato que no tiene miedo en bordear constantemente el pantanoso límite entre la risa y el sufrimiento.