Escenarios de Guerra: la nueva colaboración entre Filmin y DocumentaMadrid

Autor: Germán de Heras Álvarez Fuente: Filmin

Escenarios de Guerra: la nueva colaboración entre Filmin y DocumentaMadrid

¿Qué huellas perduran después de la guerra? Individuos, poblaciones, espacios y recuerdos sufren las consecuencias permanentes de los conflictos bélicos. ¿Cómo contrarrestamos el impacto de esa violencia? El cine, como uno de los grandes paradigmas de la creatividad y la expresión, es capaz de digerirlo y se convierte en el escenario adecuado para analizar y deshilachar las profundidades de aquellos “Escenarios de Guerra”. Filmin colabora con DocumentaMadrid durante los próximos meses a través de esta colección de documentales que ahonda en las cicatrices que estos conflictos dejan a su paso.

La muerte, el trauma, la destrucción y el dolor se encuentran en estas producciones que seleccionamos para hablar de la superación y la memoria. El Festival Internacional de Cine Documental de la capital, DocumentaMadrid, anuncia un nuevo ciclo en su 16ª edición que busca con la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid para incentivar la creatividad y el pensamiento crítico de jóvenes universitarios sobre imágenes e ideas de relevancia social y humana.

En Filmin hemos querido hablar de este ciclo a través de otros títulos relevantes sobre esta temática, de sus imágenes y las implicaciones que conllevan en el imaginario presente.

Memoria y desmemoria en España

El antes y el después de una guerra que lo cambió todo en nuestro país. “Viejas heridas” que nunca han podido cerrarse por la falta de voluntad para restituir la dignidad a todas aquellas víctimas heredadas de una batalla que resultó en una dictadura de casi 40 años y que provocó todavía más víctimas y consecuencias. “El silencio de otros”,  ganadora del Premio del Público en la Berlinale y el Goya a Mejor Documental, ahonda en aquellas personas, silenciadas, que continúan buscando justicia a pesar de la amnesia histórica que parece asolar España. Una pelea contra aquella parte del país que esconde la cabeza y que también se replica en “Escoreu, 24 de diciembre de 1937”.

Desde Asturias, tres personas dañadas por los crímenes franquistas durante la Guerra Civil hablan mientras se produce un exhaustivo trabajo de búsqueda de fosas comunes en medio del bosque. Atrocidades y lucha por el recuerdo y la memoria. Por suerte, y desde Francia, Frédéric Rossif pudo honrar en su día a la víctimas del franquismo con su “Morir en Madrid”, una forma inteligente de ridiculizar y retratar el régimen caudillista desde dentro, sin que se enterasen o pudieran impedirlo. Pobreza, censura, resistencia y recuerdos dolorosos de una España oscura que ni Franco, ni Arias Salgado ni Fraga pudieron ocultar.

Siria, centro neurálgico del olvido

Una guerra entre potencias mundiales alrededor de la figura del dictador Bashar al-Assad y del terrorismo yihadista publicitada como un pequeño conflicto civil en un país que nadie sabe ubicar. Un trauma generacional que perdura desde hace 8 años con centenares de miles de muertos y heridos y millones de personas refugiadas. Una violencia extrema y retroalimentada que es documentada diariamente y a la que parece que estamos inmunizados al otro lado de la pantalla. “Silvered Water, Syria Self-Portrait”, con presencia en Toronto y Cannes, retrata de manera estremecedora las consecuencias sangrientas de aquellas “víctimas colaterales” que nadie recuerda. Una realidad insoportable entre ruina en la que sobrevivir se convierte en el verdadero reto de aquellos jóvenes que filman la barbarie para la que nadie parece tener (o querer) solución.

Siria es la clave territorial del Daesh y el yihadismo y esta violencia también parece estar normalizada entre aquellos pequeños herederos del  Daesh. “Of Fathers and Sons”, nominada al Oscar a Mejor documental, retrata la perturbadora cotidianidad de un padre de familia que inculca y entrena a sus ocho hijos para unirse en el futuro a la Yihad. En el lado contrario, “Tadmor” cuenta la historia de la arrolladora supervivencia humana de ocho presos libaneses torturados durante años en la cárcel de Tadmur, que oculta las horribles entrañas de la dictadura de Assad.

Iraq, Afganistán y las guerras de la vergüenza

El 11-S fue el evento del nuevo siglo que tambaleó las certezas humanas sobre la seguridad y la información. El atentado contra las Torres Gemelas se convirtió en la mayúscula consecuencia de un deseo norteamericano de conquista en Oriente Medio que puso a Afganistán, y después a Iraq, en el centro mediático de todas las miradas, peligros y  armas de destrucción masiva que jamás fueron encontradas. De nuevo, como en Siria en la actualidad, “víctimas colaterales” que eran asesinadas durante el conflicto. “Donald Rumsfeld: Certezas desconocidas” presenta, precisamente, el gran sinsentido que fue el bombardeo en Afganistán en 2001 o la invasión a Iraq en 2003, misiones de Estados Unidos bajo la secretaría de defensa de Donald Rumsfeld, que puso patas arriba a los servicios de inteligencia con una sonrisa en la boca. Entre medias, territorios como Pakistán fueron presos de esta batalla, lo que provocó historias como la que vemos en "Camino a Guantánamo". Dos años de prisión a cuatro amigos británicos por un viaje a este país. Fueron sometidos a torturas y humillaciones en la cárcel de alta seguridad estadounidense de Guantánamo; un lugar que ha perpetrado delitos aparentemente inimaginables, pero que fueron parte de una cruel y ocultada verdad. 

En cambio, “My country, my country” muestra las consecuencias posteriores a todo lo que desencadenó esa sonrisa. Laura Poitras estuvo nominada al Oscar por este documental que, ya en 2006, cuenta cómo intentaba florecer la vida iraquí durante la guerra y después de la invasión estadounidense y la caída de Sadam Hussein. Un retrato de una sociedad que lucha por la superación e intenta alzar su propia voz en un escenario de simulacro democrático en el que todo está intervenido por EEUU, que lidera un conflicto todavía continuado en una región víctima de una insistente manipulación de la opinión pública y una instrumentalización del odio.

Ecos del Holocausto

Imágenes que no envejecen y que continúan causando impacto por su crueldad. Un holocausto a múltiples minorías con estruendos durante el siglo XX y que todavía replica en la actualidad ante la incredulidad de lo que el ser humano es capaz de perpetrar. Han pasado más de 60 años de “Noche y niebla”, que alterna tortura y violencia en blanco y negro con el ensordecedor silencio en color de los restos de aquellos campos de concentración y exterminio. Una dualidad que aún perturba y que acompaña con lírica una reflexión sobre el terror y la capacidad de asimilarlo a través de las imágenes. A este recuerdo sobre una de las etapas más incomprensiblemente irracionales de las últimas décadas se suma “El último de los injustos”. Claude Lanzmann rescata las imágenes de una entrevista a Benjamin Murmelstein, último presidente del Consejo Judío del campo de concentración de Theresienstadt, que quedaron descartadas de "Shoah". El director le introduce dentro de los escenarios reales. No le hace falta material de archivo para retratar las cicatrices, físicas y psicológicas de una masacre que no solo se vivió en Alemania o a través de campos de exterminio.

Durante los años 30, Rumania también vivió el Holocausto. “La nación muerta” muestra fotografías sobre el desgarrador y paulatino crecimiento del antisemitismo y la persecución judía en el país centroeuropeo durante estos años. Una realidad poca veces retratada que olvida a estas también víctimas a favor de un relato unificado alrededor de la potencia alemana, lo que empobrece la historia de un próspero pueblo en proceso de construirse y que, sin embargo, se vio abocado a acumular la segunda mayor cantidad de judíos asesinados y vivió dos dictaduras en un período ínfimo de tiempo.

La cara oscura del comunismo asiático

Birmania y Camboya, cara y cruz de un mismo terror que asola la región asiática. Por un lado, “Ta’ang” muestra las graves consecuencias de la guerra civil activa más longeva de la historia de Myanmar. Un conflicto negado constantemente por el Ejército y que está dejando a su paso una limpieza étnica, ideológica y religiosa en la que los pueblos De'ang (budistas) y Rohingyá (musulmanes) son torturados, asesinados, encarcelados u obligados a huir. Varios países, como China y Bangladesh, a un lado y al otro del conflicto, intentan hacer frente de manera deficiente a una situación de acogida de refugiados, que intentan rehacer sus vidas a duras penas. Se oyen voces de genocidio en las fronteras, pero ningún país se responsabiliza y alguno, incluso, llama a su expulsión por miedos terroristas que suenan familiares en Occidente, donde permanecemos ignorantes de la magnitud de este conflicto.

No muy lejos de Birmania, “La imagen perdida” recuerda en Camboya la dictadura de los Jemeres Rojos de Pol Pot. Ejecuciones, torturas y trabajos forzados en un período de los años 70 del que no se conservan imágenes. Rithy Panh reflexiona, precisamente, sobre la necesidad audiovisual para lograr retratar el trauma y la memoria de unas víctimas apartadas del escenario histórico. El director camboyano, que sufrió esta pesadilla, decidió contar su pesadilla a través de muñecos de plastilina y dioramas. San Sebastián, Cannes y los Oscar no solo reconocieron su historia a través de premios y nominaciones, sino que dignificaron toda la labor documental, esencial para que estos “Escenarios de Guerra” y sus consecuencias puedan ser recordados de por vida.


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