Un genio y figura llamado Aki Kaurismäki

Fuente: Ricardo Jornet (filmin)

Si estáis en la Ciudad Condal, sabed que estos días tenemos a un gigante finlandés entre nosotros: Aki Kaurismäki, director faro del cine contemporáneo europeo, ha acudido a Barcelona para inaugurar el ciclo que la Filmoteca de Catalunya le dedica a su colega y amigo Peter von Bagh, crítico y cineasta fallecido recientemente. Pero Kaurismäki no ha venido sólo por eso: en el ciclo, que se celebra desde el 20 de enero y hasta el 28 de febrero, se incluyen también algunos de sus propios títulos más representativos. Fans del finlandés, ¡estáis de enhorabuena!

En el ciclo se podrán recuperar títulos tan celebrados como "La Chica de la Fábrica de Cerillas", "La Vida de Bohemia" o "Nubes Pasajeras". Como siempre es buen momento para reivindicar y revisionar a un cineasta tan enorme como Kaurismäki, queremos recordaros que en nuestro catálogo contamos con gran parte de su filmografía, isla única de libertad creativa pero con un gran compromiso social, que aúna los paisajes desolados del norte de Europa con algunas de las radiografías del alma humana contemporánea más certeras de las últimas décadas. Pero, para que os podáis orientar ante una obra magna como la del finlandés, os proponemos este repaso cronológico que seguro os es de mucha ayuda. 

Los inicios de un estilo

Nuestro hombre se inició en el cine de la mano de su hermano Mika, allá por los ochenta: junto con él escribió el guión de "The Liar", lo que catapultaría a ambos a un cierto prestigio en su país de origen. Mika acabaría por marcharse para iniciar una fructífera carrera internacional; Aki empezaría ya a fijarse en las condiciones de la clase obrera finlandesa, en sus cotidianas luchas inútiles, en la ironía subyacente en la sociedad neocapitalista que sostenía al país. Así, en "Sombras en el Paraíso", uno de sus primeros filmes, Kaurismäki ya imprime un estilo personal que pasará a ser marca de la casa y se repetirá hasta el día de hoy: humor seco y frío, incómodo; actuaciones irónicamente neutras a lo Robert Bresson; decorados que combinan lo teatral con el realismo más duro; una tropa de actores y técnicos que le seguirían filme tras filme.

Kaurismäki ya empezaba a sentir una pasión desenfrenada por los perdedores, las almas en pena de una sociedad sin rumbo fijo: adapta el clásico de Shakespeare, transformando a su protagonista en el joven heredero de una fábrica contemporánea, en "Hamlet va de Negocios", adaptando el material original libremente y según su estilo, pero respetando profundamente los temas en juego; y retoma la crónica de un pobre diablo en "Ariel", cuyo protagonista acaba encarcelado por un crimen que no ha cometido.

 

Los Leningrad Cowboys

Pero el inicio del reconocimiento internacional a su particularísima obra se daría a partir de "Leningrad Cowboys go America", extraña road-movie, musical de estética fronteriza en lo surreal, en el que una banda de rock finlandesa se dirige a Estados Unidos buscando fama y fortuna. Otra de las obsesiones del cineasta quedaría bien fijada a partir de aquí: el interés por la utilización de músicas diegéticas provenientes de grupos musicales, orquestas, cantantes sinfónicos, bandas de pueblo... como contrapunto irónico pero también como modo de crear un ambiente poético en medio de la apatía vital de sus protagonistas. "Leningrad Cowboys Meet Moses" le da una vuelta de tuerca al tema, proponiendo ahora el viaje de vuelta de los integrantes del grupo, desde un México empapado en tequila hasta las áridas tierras de Siberia.

 

Historia viva del Cine Moderno

Kaurismäki entró en los noventa por la puerta grande, dirigiendo al estandarte del cine moderno Jean-pierre Léaud (el Antoine Doinel de Truffaut, vamos) en su comedia negrísima "Contraté un Asesino a Sueldo", cuyo protagonista da una medida clara del terreno sombrío pero ridículo que tanto le gusta al finlandés: recién despedido, Henri decide suicidarse, pero no lo consigue (de manera bastante hilarante, todo hay que decirlo). El siguiente paso lógico es, obviamente, contratar a un asesino para que se encargue de él. Kaurismäki afina definitivamente su estilo en este prodigio del minimalismo formal y la economía narrativa.

Tras ella, el finlandés rodaría una de sus mayores rarezas, "La Vida de Bohemia", un filme a reivindicar, filmado en un precioso blanco y negro, inspirado en el libro decimonónico de Henri Murger que daría el pistoletazo de salida a la romantización de la vida bohemia. En el mundo de Kaurismäki, huelga decir, los personajes sombríos y decadentes, pero siempre tras el último rayo de esperanza, del barrio latino de París, pueden sentirse a sus anchas.

 

Triunfo definitivo 

Kaurismäki llevaba años trabajando con Kati Outinen, su actriz fetiche, que había brillado, por ejemplo, en "La Chica de la Fábrica de Cerillas". Pero es en "Nubes Pasajeras" donde confluyen todas las líneas estéticas y narrativas seguidas por el finlandés y sus actores y actrices durante años, en un filme que apabulla por su sencillez, en el que no sobra ni falta nada. Primera entrega de su trilogía de los perdedores (junto con "El Hombre sin Pasado" y "Luces al Atardecer"), el filme recibió el Premio del Jurado Ecuménico en Cannes y asentó definitivamente a Kaurismäki como a uno de los pilares del cine contemporáneo. La tormentosa relación de su pareja protagonista, ambos desempleados, construye un modelo de ser humano que, a pesar de que pueda estar en la absoluta miseria, siempre consigue mantener la dignidad.

El finlandés complementaría este filme con otro mucho más atípico: "Juha", filmado en blanco y negro y que llevaría la austeridad de Kaurismäki al extremo, debido a su carencia absoluta de diálogos. Rareza maravillosa a revisitar, es alternativamente un homenaje al cine mudo de Murnau o Lang y una reinterpretación, pasada por los filtros tan particulares del finlandés, de sus códigos formales.

 

Retazos del siglo XXI

Como ya hemos mencionado, Kaurismäki cerraría su trilogía de los perdedores con "Luces al Atardecer", crónica oscura (con ocasionales rayos de esperanza) de las andanzas de un verdadero bala perdida, que deambula por las solitarias calles finlandesas buscándole un rostro humano al despersonalizado mundo contemporáneo. Durante cinco años, el finlandés se mantendría en un relativo silencio, hasta el estreno de su último filme de larga duración, "El Havre", en 2011.

Premio FIPRESCI en Cannes, y uno de sus filmes más celebrados (y más abiertamente políticos), narra la lucha de un viejo bohemio contra la implacable maquinaria policial de un Estado impersonal que quiere llevarse a un niño africano inmigrante de su lado. Irreverente pero también idealista, fría y austera pero también rica en significados, "El Havre" es una verdadera maravilla que demuestra que su director está quizás más en forma que nunca. Tras ella, Kaurismäki ha aportado un fragmento, "O Tasqueiro", al filme colectivo "Centro Histórico", en el que también colaboran Víctor Erice, Manoel de OliveiraPedro Costa.

Títulos mencionados

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