Los "Reservoir Dogs" de la nouvelle vague

Fuente: Financial Times

El tiempo no se detiene, ni se apiada de quien ya no puede seguirle. 55 años desde que Antoine Doinel vio por primera vez el mar o Jean Seberg alcanzó el final de la escapada. La generación que rompió los cánones establecidos, el Hollywood de oro, en mil pedazos ha alcanzado el medio siglo de antigüedad con renovada vigencia. 

De todos ellos, Truffaut, Rohmer, Chabrol, Godard, Resnais, Rivette y Varda, sólo los tres primeros han fallecido, el resto siguen en activo. A todos ellos el Financial Times les dedicó un merecido homenaje. Para el periódico son los siete hombres de "Reservoir Dogs". Cada uno con un color asociado que define en cierto modo su cinematográfica personalidad, recuperamos el excelente artículo escrito por el columnista Nigel Andrews:

"La Nouvelle Vague francesa significa la mayor empresa criminal en la historia del cine. Un grupo de cineastas condujo una redada en el Banco de la Tradición. Ellos vaciaron sus fondos con el único objetivo de cerrar un patrimonio casi en bancarrota, para que una nueva técnica pudiera comenzar. Dibujando ayuda de su propio fondo de recursos (literatura, el neorrealismo italiano, el cinema verité, el Hollywood de películas de clase B), se creó un nuevo sindicato en la cultura de la pantalla. Cine, casi de un día, se convirtió en un arte de bandas organizadas, unidas en la sedición, firmes en la ruptura, directos en la innovación y permaneciendo en la inmediatez".

Jean-Luc Godard: “Sr. Rojo”

De extrema izquierda y sin miedo alguno en derramar la sangre del antiguo régimen. El padre pródigo de la Nouvelle Vague creó el más feroz anti-cine. Su primera película, "Al final de la escapada", resultó ser la primera piedra de toque del movimiento. Una película sin trama que habla de gángsters, del amor, la muerte y la fuerza de la vida existencial. Su estimulante mezcla de estilos se erigía en un inmejorable modelo para el mejor trabajo de Godard, que aún estaba por llegar. Con un marcado lirismo hacia la izquierda; siempre había subtextos de ilusionismo y siempre hubo violencia, incluso cuando bromeaba o hablaba en código. El derramamiento de sangre en una de sus pelis provoca el siguiente comentario: "No es sangre, es rojo".

Godard en filmin

 

François Truffaut: “Sr. Rosa”

La versión pastelona de Godard – McCartney para su Lennon. Rosa para la revolución parcial. "Tirad sobre el Pianista" abrazaba de forma amistosa el público de Godard, "Los 400 golpes" se traducía en el lado humano de Godard. Sin embargo, el rosa a veces ofrece un resplandor más fuerte, estable y definitivamente sutil, que el rojo. Las mejores pelis de Truffaut dejan una resonancia mucho más perecedera en el alma. "Jules y Jim" es un desatado y buenrollero romance que significaba la respuesta europea a "Dos Hombres y un Destino". Incluso los ejercicios de deconstrucción como su maravillosa "Noche Americana" presentan un sustancioso corazón avant-garde.

Truffaut en filmin

 

Claude Chabrol: “Sr. Negro”

Chabrol masterizó el thriller noir al estilo Zola y con profundidad Flaubertiana. Comedia humana, vanidad, falibilidad. Retratando la pequeña familia burguesa de forma tan implacable como "Thérèse Raquin" o "Madame Bovary", sus películas distribuyen raciones ajustadas de simpatía entre los haces de mordiente sátira. Papeles memorables como conspiradores, asesinos o víctimas dieron a conecer actores entonces poco conocidos - Isabelle Huppert, Michel Bouquet, Jean Yanne - propiciándoles una ruta rápida a la euro-estrellato y un nombre en el seno del cine de autor mundial. Su gran década fue, sin duda, la de 1960 ("La Mujer Infiel" de 1968, "El Carnicero", 1970), a pesar que en su última etapa también elaboró cuentos con una picadura mortal ("Borrachera de poder", 2006).

Chabrol en filmin

 

Eric Rohmer: “Sr. Verde”

Cada película de Rohmer se traduce en un producto orgánico fiel a la naturaleza, que se vende sin contaminantes ni conservantes. Sus protagonistas irradian naturalidad en dramas humanos cuyo crecimiento únicamente se manipula para poner de manifiesto la naturaleza y la humanidad. Incluso cuando Rohmer recicla - baladas medievales ("Perceval el Galés", 1978), ficción clásica europea ("La Marquesa de O", 1976) - se asegura de que el producto sea fiel a la fuente sin mutación genética alguna. Casi inevitablemente, su única película en ganar el primer premio en un festival europeo importante presentaba el color verde en su título. Fue con "El rayo verde", merecedora del León de Oro de Venecia en 1986.

Rohmer en filmin

 

Jacques Rivette: “Sr. Azul”

Desde el azul de medianoche de "La Religiosa" (1966) a los flujos conscientes de cielo reflectante en "Céline y Julia van en barco" (1974) pasando por el azul heráldico de "Juana de Arco". Rivette vuela con las alas azuladas de la urraca, buceando hondo y profundo para incurrir en otras fuentes y demostrar que en el buen cine los "descubridores" son "guardianes". Su nombre en el seno del cine de autor jamás pudo categorizarse como el de sus aclamados confrères. Pero si jamás pudieron categorizarlo, fue precisamente por lo impredecible de su cine, por un puñado de asombrosas imersiones en aguas profundas ("L’Amour Fou", 1968, "La bella Mentirosa", 1991) y por su ocasional megalocura (las 13 horas de "Out One").

Rivette en filmin
.

 

Alain Resnais: “Sr. White”

La última película de Alain Resnais debería ser una pantalla blanca despojada de todo. De todo menos de enigma. Aunque realmente no sea miembro de la Nouvelle Vague - técnicamente pertenece al "“Left Bank Group”" junto con Agnès Varda y Chris Marker - no podemos dejar de lado a Resnais como principal responsable del despertar de la ola y la supervivencia de sus innovaciones. Fue primero con "Hiroshima Mon Amour" y más adelante sembrando la semilla lynchiana con "El año pasado en Marienbad". "Muriel" (1963), "La Guerra ha terminado" (1966) y "Mi tío de América" (1980) dieron continuidad a esta implacable y desatada cruzada blanca en pos de la veracidad.

Resnais en filmin

 

Agnès Varda: “Sr. Amarillo”

Hay una demente felicidad que envueleve a Varda. Ella podría ser una Marguerite Duras lobotomizada. Su optimismo se impone incluso en películas protagonizadas por una heroína que muere ("Cléo de 5 à 7", 1961), un vagabundo atormentado ("Vagabonde", 1985) o más recientemente, un libro de memorias cinéfilas sobre su trágica vida ("Les Plages d'Agnès", 2008). Una enfermedad mortal se llevó a su marido, un joven Jacques Demy que también fue un decano de la Nouvelle Vague. ("Lola", 1960, "Los paraguas de Cherburgo", 1964). La muerte tiene una presencia constante en las películas de Varda, pero también lo tiene un delicado desafío que produce el más caprichoso, errático y lírico canon de la Nouvelle Vague.

Títulos mencionados

Publica un comentario

unnamed

Sin comentarios