Cualquiera diría que vienen de Irán
En 1979, la revolución islámica azotó las fronteras de Irán, sumiendo al país persa en un régimen opresor liderado por el ayatolá Khomeini. Era el primer paso hacia la nueva Irán que se ha conformado hasta hoy, una Irán hermética que ha fantaseado con la bomba atómica mientras era asfixiada por las multas internacionales lideradas por Estados Unidos. Para entender el presente y pasado reciente de Irán, la autora Marjane Satrapi creó una joya de animación llamada "Persépolis" que de una forma amena y explicativa nos ayuda a entender la situación que ha atravesado el país y los cambios sociales y políticos que conllevó la citada revolución islámica. Una dictadura supone un control estricto por parte del estado de toda expresión cultural generada en sus fronteras, principalmente para evitar mensajes contrarios al régimen que puedan despertar las conciencias ciudadanas y auspiciar revoluciones indeseadas como las que os presentamos a continuación. Y es que, cualquiera diría que vienen de Irán.
1. IRANIEN
Lo que nos cuenta:
Le llevó dos años a Mehran Tamadon persuadir a los cuatro simpatizantes del régimen iraní para arriesgarse a tomar parte en un experimento con él. Ahora los recibe como invitados en la casa de campo de su familia para intentar instaurar algo que no existe en Irán: una sociedad plural.
Lo que reinventa (o revienta):
Cuatro defensores del régimen iraní contra un solo hombre de principios democráticos. Lo que creemos que va a ser un vapuleo por parte del hombre libre se convierte en un tira y afloja dialéctico donde la lógica más aplastante acaba imponiéndose, aunque no siempre sea la más justa. El cineasta Mehran Tamadon lucha, suda, y se deja el intelecto, para intentar convencer mediante meridianos argumentos porque el régimen iraní y el fundamentalismo islámico están arruinando aquel que fuera un gran país. Toda una lección de actualidad, historia, pero sobretodo, de retórica.

2. FISH & CAT
Lo que nos cuenta:
Dos cocineros siniestros en un restaurante del que nadie querría probar sus sustentos. Un grupo de jóvenes que llega a un bosque con sus tiendas de campaña. Algo extraño sucede en ese lugar, en el que el pasado parece confundirse con el futuro. Considerado uno de los primeros slashers iraníes, esta película es mucho más: es un único plano secuencia de dos horas que fusiona pasado con futuro, una coreografía visual en la que nada es lo que parece.
Lo que reinventa (o revienta):
Probablemente estemos ante el empleo del plano secuencia más justificado que jamás podríamos llegar a imaginar. "Fish & Cat" es una obra única y apabullante que, propulsada por un prodigio técnico que aparantemente debería limitarlo y anclarlo en un solo momento del presente, reflexiona ante todo sobre el tiempo, el futuro, el pasado, y por descontado el presente. Sobre como plasmar una perspectiva en el tiempo y al mismo tiempo, fisurarlo y desquiciarlo. Un reto ambicioso y extremadamente complicado que Shahram Mokri tiene la delicadeza de afrontarlo desde la más absoluta honestidad y austeridad, pero también desde la descarada valentía, una precisa y rigurosa planificación, y una inabordable creatividad. Estamos ante un plano secuencia de dos horas y cuarto en el que no hay noticias de la steadycam (pese a los innumerables paseos que sus personajes recorren siguiéndoles su director cámara en mano), tampoco atisbo alguno del empleo de cualquier artificio formal. Lo que si que presenta es una película que se antoja tan cruda como estratosférica, tan fabulesca como pesadillesca. Una mirada rebosante de matices dramáticos, terroríficos, cómicos, poéticos o incluso folklóricos, que también levita sobre un antológico poso existencial, que se siente tan técnicamente portentosa como atmosféricamente arrebatadora, cuya sideral grandeza viene marcada por la inaudita ruptura de la relación espacio-tiempo que articula, que bien podría leerse como una descarnada metáfora sobre el vulnerable sometimiento al que se ve abocada la juventud iraní ante el opresivo poder político y gubernamental. Una juventud devorada por su propia sociedad que asimismo también podría compararse con el cuento de Caperucita Roja y el Lobo Feroz. Cuando la vean (ojalá así sea) me entenderán. Puro arrojo y absoluto genio que encumbran un plano secuencia único en su especie. Brutal, prácticamente magistral.
Lo que nos cuenta:
Un triángulo amoroso ambientado en Japón cuyos vértices los forman una chica que se gana un sobresueldo alquilando su cuerpo, su aspirante a novio, torpe y celoso, y un profesor de avanzada edad que encara el invierno de su vida dispuesto a seguir disfrutando de una buena compañía.
Lo que reinventa (o revienta):
Descrita como la continuación de "Copia Certificada", "Like Someone in Love" significa mucho más el retorno a los orígenes del director de "Close-Up" (ese cine imprevisto, crudo e inmediato) que la secuela de una película que contaba con Juliette Binoche. Un sagaz e intuitivo juego de espejos y pasiones cruzadas en el que, la confusión de identidad provoca, en este caso, un entrañable baile de máscaras protagonizado por esta particular "Lolita" japonesa y su cortés galán enamorado. Una propuesta cuya engañosa ligereza se contrapone a su locuaz desparpajo, cuyo radical corazón también se disfraza de aparente livianidad, como si de la copia no certificada de su anterior y grandilocuente película se tratara. Kiarostami vuelve a ser Kiarostami en esta experimental comedia costumbrista que también sirve para recordarnos quien es el director que mejor rueda sobre cuatro ruedas. Tan misteriosamente encantadora como visualmente hipnótica, destilar en toda su pureza la mirada de un cine tan inclasificable y personal resulta un placer, pero también un reto, un juego, solo comparable al de estar enamorado. Precisamente, "Like someone in Love".
4. UNA CHICA VUELVE A CASA SOLA ESTA NOCHE
Lo que nos cuenta:
En la ciudad de Bad City puede pasar cualquier cosa. En medio de un abanico de personajes marginales, un vampiro vaga en busca de sangre. La ópera prima de Ana Lily Amirpour combina géneros y estilos: invoca el western, la fascinación propia de Lynch, el terror y las novelas gráficas.
Lo que reinventa (o revienta):
Desde su apabullante primer plano, sus evocadores títulos de crédito y su música de apertura, sabemos a lo que nos atenemos, y digamos que en el mejor de los sentidos: un debut embriagadoramente simpático y definitivamente memorable del que se atisba una descomunal obra de futuro culto. Rodada en un pulcro y radiante blanco y negro, enmarcada desde un apabullante empleo del enfoque panorámico que luce sus mejores galas, "A Girl Walks Home Alone at Night" es un western iraní vampírico y rockero en el que principalmente resuenan los ecos del cine de Jim Jarmusch, pero en el que también tienen cabida referentes que directamente nos podrían llevar a los"Lenningrad Cowboys", a "Johnny Suede" o por descontado, al espíritu aparantemente naif de la nouvelle vague. Y es que, todo apunta a que la ópera prima de Ana Lily Amirpour se propulsa por el hecho de imaginar como sería, qué haría, la protagonista de "Persépolis" convertida en vampira. Pues probablemente, lo que precisamente hace en este caso nuestra principal protagonista. Escuchar rock a todo trapo, maquillarse, trasladarse en skate y tan solo 'morder' aquel que considere vil y deleznable. Estamos ante una curiosa mirada que resulta tan entrañablemente marginal (en el que incluso tienen cabida padres yonquis y mucha heroína) como seductoramente cool y molona, tan hilarantemente naif como perversamente enigmática. En definitiva, sugerentes contrastes que desembocan en una desbordante y desvergonzada ópera prima que resulta todo un acontecimiento. Más aún, si recordamos que viene de Irán.
5. ESTO NO ES UNA PELÍCULA / TAXI TEHERÁN
Lo que nos cuenta:
Jafar Panahi, desayunando en su cocina, llama a Mojtaba Mirtahmasb. Le propone ir a su casa para “discutir algunas ideas” y le previene de que no le diga a nadie a dónde va. Es el comienzo de una película que no debe ser una película, pues a Jafar Panahi se le ha prohibido filmar por “hacer propaganda contra la República Islámica”. Usando lo que tiene a mano para filmar, como sea, Panahi compone junto a Mirtahmasb una especie de film de aspecto casero en el que subyace la tensión y la angustia de Panahi esperando su condena (aún pendiente cuando se filmó la película), en el que vemos su rutina la víspera de la celebración del año nuevo iraní. Una película que se puede calificar como clandestina y la que Panahi aprovecha, ya que no puede dar entrevistas, para expresarse y para dejar constancia del que iba a ser su próximo proyecto antes de conocer la sentencia que le prohibirá filmar los próximos 20 años. Pues como ocurre en el cuadro de Magritte Esta no es una pipa, esta no es una película.
Lo que reinventa (o revienta):
Jafar Panahi ha sido, desde su primera película "El Globo Blanco" un férreo crítico del régimen iraní. Alabado por la comunidad internacional y perseguido por los suyos, Panahi tuvo que enfrentarse a la justicia en 2009, cuando las autoridades lo arrestaron. Un año más tarde lo condenaron a seis años de cárcel y veinte años de prohibición total para dirigir, escribir o producir cualquier tipo de contenido audiovisual o cultural. Pero eso no ha conseguido parar a Panahi. En 2011, un año después de la condena, Panahi consigue estrenar in extremis en Cannes su nueva película, "Esto no es una película". Rodada gracias a la ayuda de su amigo, el también cineasta iraní Mojtaba Mirtahmasb, Panahi consiguió un iPhone y se grabó en su casa durante su arresto domiciliario a la espera de la condena. Asfixiante y demoledora, "Esto no es una película" es un espléndido ejercicio de cómo un cineasta puede llegar a cualquier límite con tal de salirse con la suya, aunque en ello dependa su vida. Sacar la película de Irán para su posterior estreno en Cannes no fue tarea fácil. Escondida en una tarta de cumpleaños que contenía un pen drive con el susodicho film, Panahi conseguía evitar la censura en su país y mostrar al resto del planeta la realidad iraní. Cuatro años después, volvía a repetir la jugada con un film mucho más arriesgado, "Taxi Teheran", donde el nivel de exposición aumentaba al convertirse Panahi en un afable taxista que juega a la cámara oculta con sus clientes. Unos clientes que tiran de metáfora para exponernos con sus problemas y situaciones las múltiples caras del Irán de 2015.
Lo que nos cuenta:
Un marido atado a su casa para cuidar a su padre senil, una esposa pidiendo el divorcio pues quiere abandonar el país y una hija aplicada en los estudios que debe decidir si seguir a padre o madre. Ellos son los ricos, la familia acomodada de un Teherán culto y poco religioso, del otro Irán.
Una mujer, cuidadora del anciano senil, embarazada al principio, desolada después al perder a su niño por un accidente doméstico, su hija de cinco años y su marido, desempleado, nervioso, endeudado. Ellos son los pobres, la familia religiosa del Teherán conocido, los que acabarán demandando a los primeros por asesinato.
Lo que reinventa (o revienta):
La mejor descripción de personajes que se ha visto en el nuevo milenio consagraba a Farhadi como uno de los grandes autores de nuestro tiempo, capaz de descubrir un nuevo Irán al espectador occidental y de describir un drama lleno de capas y tensión que plantea (y resuelve) cuestiones sobre la familia, la religión y la lucha de clases con una maestría inaudita
7. NADIE SABE NADA SOBRE GATOS PERSAS
Lo que nos cuenta:
Música y denuncia fusionados por una película tan valiente como vibrante y feroz, protagonizada por dos músicos que recién salidos de la cárcel deciden formar un grupo musical para explorar juntos el submundo del Teherán contemporáneo en busca de otros intérpretes. Cuando las autoridades les prohíben cantar en Irán, planean escapar de su existencia clandestina mientras sueñan con actuar en Europa.
Lo que reinventa (o revienta):
Nadie sabía de ellos excepto Bahman Ghobadi. A golpe de su cámara y la voz de sus vitales gatos persas bajamos los oscuros peldaños que llevan a los sótanos en los que resuena la clandestina y vital música underground iraní. "Nadie sabe nada sobre gatos persas" nos descubre un mundo extraño, diferente y fascinante, un mundo escondido de músicos rebeldes, a los que la mayoría de la población de la ciudad ni ve ni oye. Y a su vez disecciona sus vidas, sus inquietudes artísticas, sus problemas con los vecinos, las detenciones de la policía, las palizas salvajes...su pan de queda día vamos, y simplemente porque cantan, tocan un instrumento y en definitiva, aman la música. Es la primera descripción fidedigna de la realidad de esos jóvenes músicos en general, y de la carismática pareja protagonista en particular. Ghobadi pudo contactar con ellos a 18 días de que abandonaran el país. Les pidió que le dieran 2 días para planificar la idea y en prácticamente dos semanas de rodaje la película ya estaba terminada. Esta es la frenética crónica de su vibrante (aunque no tanto como indignante) historia.