Colección Debate: “La cuestión palestina”, de Edward W. Said

Fuente: Héctor Prats

Seguimos la colaboración con la editorial Debate en la que quincenalmente publicaremos un análisis de un libro editado en dicha colección en el que incluiremos un itinerario cinematográfico que complemente la lectura. La primera parada es el excelente “La cuestión palestina” de Edward W. Said.

Uno de los conflictos culturales que se remontan más tiempo en la historia; la guerra de los israelís, judíos sionistas, contra los palestinos, árabes y judíos orientales, por la ocupación de un territorio que por legado pertenece a los segundos es una cuestión que llega hasta nuestros días todavía sin resolver. La historia del conflicto ha sido utilizada en multitud de obras artísticas y lo seguirá siendo hasta que éste no llegue a su fin.

Said y el punto de no retorno

Edward W. Said nació en Jerusalén en 1935 pero tuvo que exiliarse con su familia en 1948 tras la creación del Estado de Israel y la derrota árabe. Es palestino de nacimiento, una distinción tremendamente marcada en una ciudad como Jerusalén, el centro del conflicto, donde las nacionalidades israelí y palestina conviven en constante crispación.

Tras vivir en Líbano y El Cairo, Said acabó en Estados Unidos donde cursó estudios en Princeton y Harvard. A sus facetas de profesor universitario y escritor, añadió la de mediador entre Estados Unidos y la Organización para la Liberación de Palestina. El autor fallecería en 2003 sin haber podido regresar a su ciudad de nacimiento.

Su gran activismo por la causa palestina fue en parte motivo de ese exilio obligado, y también lo llevó a escribir varias obras que estudian los asuntos de conflicto y representación en Oriente Próximo. “La cuestión palestina” es una de estas obras, y destaca por su capacidad de análisis y extracción de significados del duradero conflicto entre el pueblo palestino y el israelí.

Pese a que la experiencia vital de Said del conflicto se limita a la segunda mitad del siglo XX, el estudio que realiza de éste abarca tiempos pasados con gran facilidad, llegando al corazón de la cuestión en pocas palabras: “La cuestión palestina es, pues, la pugna entre una afirmación y una negación, y es esta pugna previa, que se remonta a más de cien años atrás, la que anima y da sentido al actual impasse entre los estados árabes e Israel. Dicha pugna ha sido casi cómicamente desigual desde el principio.

El origen del conflicto radica en una invasión territorial de los judíos por encima del espacio de los árabes. La justificación que los opresores dan a esto, y la percepción general que se tiene, es que los sionistas son poseedores de una cultura más avanzada, en detrimento de la relativa incivilización de los árabes.

Debemos entender la lucha entre los palestinos y el sionismo como una lucha entre una presencia y una interpretación, donde la primera parece estar constantemente doblegada y erradicada por la segunda.” Se quiera entender o no, está claro que los palestinos estaban antes en esa tierra, aunque fueran menos cultos y desarrollados que los judíos.

La discusión sobre el asunto de constante tensión es larga, y ha dado pie a una gran cantidad de obras, también en el cine además de la literatura.

El cine y el conflicto de Oriente Medio

“Carlos”, de Olivier Assayas, explora el momento immediatamente posterior a los acuerdos de Camp David, en 1979, a través de la carismática figura del terrorista Ilich Ramírez Sánchez, con el apodo Carlos como nombre de guerra, que abogará por la causa de la liberación palestina por la vía violenta.

En “Vals con Bashir” es Ari Folman, el propio director, quien se reproduce en una animación hipnótica, contando la historia de la búsqueda, el intento de recuperación de los recuerdos de los acontecimientos bélicos que vivió en el año 1982 como soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel. Desde una visión particular del bando opresor, somos capaces de ir desenmarañando la falta de lógica que implica el conflicto y cómo afecta a ambos lados.

En otras películas, como “La sal de este mar”, se nos muestran hechos presentes, pero de forma que el curso del conflicto a lo largo de la historia se hace omnipresente. En este caso, la protagonista retorna a las raíces palestinas que no ha llegado a conocer por exilio. Quiere reivindicar lo que consiguieron con esfuerzo sus antepasados, conocer lo que ells es por orgulloso derecho de nacimiento. Aquí aparece la fuerza de la autodeterminación del pueblo palestino, que, no obstante encontrar a sus casi 4 millones de árabes palestinos dispersos por el mundo, promueve con fuerza una supervivencia nacional incluso fuera del territorio.

“Checkpoint Rock: canciones desde Palestina”, “El color de los olivos”, “5 cámaras rotas”, “Inch’Allah”, “Infiltrators” o “Yossi & Jagger” ahondan en situaciones cotidianas de los habitantes de la zona conflictiva, ya sean refugiados, ocupados, soldados... Experimentamos la aventura diaria de cruzar el muro hacia Jerusalén para encontrarse con la familia, ir a trabajar o a rezar, el peligro de hacer vida a escasa distancia de una violencia contínua, o las formas que los autóctonos tienen de subsistir, entretenerse y prostestar por su situación.

“Paradise Now” aborda los delicados e insanos contrapesos del terrorismo, y hasta qué punto tiene sentido sacrificarse por una causa. La fricción política también se hace palpable en “Persona non grata”, en la cual vivimos el asedio de los tanques israelís al difunto líder palestino Yasir Arafat.

Por último, “Los limoneros” resume magistralmente la irreverencia del eterno conflicto, que seguramente tiene soluciones mucho más fáciles de lo que desde fuera puede parecer, y de lo que deberíamos informarnos un poco más, porque está claro que “...la discusión sobre el mundo árabe en general, y sobre los palestinos en particular, resulta en Occidente tan confusa e injustamente sesgada que se necesita un gran esfuerzo para ver las cosas tal como, para bien o para mal, son en realidad para los palestinos y para los árabes.” No hay excusa, las obras estan a nuestro alcance.

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