Marlon Brando: curiosidades de un actor llamado deseo

Autor: Álvaro Augusto Fuente: Filmin

En 1956 el escritor Truman Capote entrevistó a Marlon Brando. Una entrevista que, al publicarse, enfureció y crispó al célebre actor, hasta el punto de que intentó en vano vetarla y amenazó con demandar al literato, e, incluso, con "matar a ese pequeño bastardo". Afortunadamente, no hizo ninguna de las dos cosas.  En la entrevista, el impúdico e irreverente Capote había incluido detalladas confesiones que Brando había hecho off the record sobre su vida más íntima. Entre ella, la relación que mantenía con su alcohólica y autodestructiva madre, a la que recogía cada vez que tenía alguna de sus imprudentes aventuras etílicas, hasta el punto de tener, en un ocasión, que llevarla desnuda por la calle, mientras el alchohol seguía haciendo estragos en ella y la llevaba al borde de la inconsciencia. O su incapacidad para confiar en los demás. Demasiado para un alma sensible como la de Brando, que detestaba la fama y no le gustaba evidenciar en público sus propios sentimientos, tal vez porque, como le confesaba a Capote, la gente sensible no se permite progresar paralizada y aterrada por sus heridas: "nunca te permites sentir nada porque siempre sientes demasiado". Contamos esto para ilustrar la razón por la cual se puso furibundo al ver sus sentimientos destapados en la portada del The New Yorker y, a la vez, para mostrar el celo con el que  guardaba su vida privada. Pero a pesar de ello, son muchas las biografías que se han publicado, muchas las anécdotas que se conocen, muchos los rumores, acontecimientos y chascarrillos. 

Con motivo del estreno en Filmin de la versión cinematográfica de "Marlon Brando: un actor llamado deseo", os acercamos una muestra de su turbulenta y apasionada vida -en nuestro caso, nada de rumores, sólo información contrastada y verídica; al fin y al cabo, no somos Lydia Lozano- y una selección de algunos de su mejores trabajos. Disfruten de Brando y recuerden aquellos que decía el personaje de Woody Allen en "Manhattan": “¿Por qué vale la pena vivir? Esa es una buena pregunta. Hay algunas cosas que la hacen realmente interesante. Si tengo que nombrar algo, diría tal vez Groucho Marx y Willie Mays  y el segundo movimiento de la Sinfonía n.° 41 de Mozart. Y la grabación de “Potato Head Blues” de Louis Armstrong,  las películas suecas, naturalmente, La educación sentimental de Flaubert,  Frank Sinatra.¡Ah! y Marlon Brando”. Palabra de Woody.

Marlon, fragmentos de una vida

Pero antes de comentar su carrera, una recomendación: un Imprescindible documental sobre la vida de Marlon Brando que estrenamos en Filmin, un exhaustivo repaso a su trayectoria vital, desde el adolescente que tuvo que hacer frente al problema de alcoholismo de sus padres hasta el actor que se convirtió en un icono y un referente mundial. Todo cabe en este documental de mirada íntima pero analítica. Brando fue contradictorio, polémico y genial, un actor con luces y sombras del que a veces es difícil separar la leyenda de la persona. Pero Philippe Kohly lo consigue a través de la palabra de personas que le conocieron, desde Elia Kazan hasta su compañero de reparto en "El Padrino", Robert Duvall.  Necesario y de obligado visionado.

Marlon, el activista.

No fue rara ni sorprendente su participación en la película "Queimada", un film sobre la esclavitud, el racismo y los derechos humanos. Al fin y al cabo,  lo cierto es que siempre estuvo comprometido políticamente. Apoyó a John Fitzgerald Kennedy en su carrera por convertirse en presidente de los Estados Unidos y celebró con alborto su victoria,  defendió públicamente los derechos de los afroamericanos y  delos nativos americanos. Conocida es la anécdota de que rechazó el Oscar que ganó como actor protagonista por el "Padrino" en 1973 como protesta ante la forma en que Hollywood solía tratar a los indígenas. Algo menos popular es el hecho de que, en la noche en que fue asesinado Martin Luther King, Brando decidió acompañar al alcalde del barrio negro de Harlem a caminar por su distrito. Agitación, revueltas, francotiradores y en mitad de todo ello, la presencia imperturbable de Marlon. Un gesto que muchos interpretaron como una declaración de intenciones. Y no era menos: en un país dividido y conmocionado por el reciente homicidio de una destacada figura, el actor decidía, con ese paseo simbólico, posicionarse, tomar parte, significarse. Y con eso apoyar a una comunidad dolida, afligida y herida de muerte.

Marlon, el seductor.

El hombre que protagonizó la entrañable "Dos seductores" fue en la vida real un insaciable amante, un hombre de apetito desaforado que bien podría disputar su puesto en la historia al propio Casanova. Según se cuenta, solía tener hasta cinco novias a la vez y éstas consentían la situación porque "Marlon era así". Sus conquistas más famosas van desde Ava Gardner, a Ingrid Bergman, pasando por Grace Kelly. Podríamos decir que su cama estuvo más transitada que el camerino de los Hermanos Marx. Y además por personas de ambos sexo, pues el propio Brando confesó en una entrevista a un medio de comunicación francés que "como muchos hombres he tenido experiencias homosexuales y no estoy avergonzado de ello". Y aunque siempre negó su vinculación con James Dean, se rumorea que ambos fueron amantes durante largos años. Lo cual explicaría la posterior inquina que Brando parecía tener por Dean, del que llegó a decir que " parece vestir mi armario del pasado año y utilizar el talento que tenía entonces" . Por supuesto, tanta seducción también tiene su lado agrio: incapaz de ser fiel a sus parejas, Brando siempre vio fracasar todos sus matrimonios, lo cual le generó cierta infelicidad. Las contradicciones de un genio.

Marlon, el valiente amigo

Además de una estrella, un icono, un activista y un seductor, Brando también fue un hombre que se rodeó a lo largo de su vida de un buen nutrido séquito de amigos. A ellos les dejaba sus casas y no dudaba en compartir su dinero y sus propiedades. Era generoso y a la vez exigente. Cuidaba a sus amigos y le gustaba que éstos dependieran de él. No soportaba hablar con grandes grupos. Prefería las discretas conversaciones con una sola persona. Uno de sus grandes amigos fue Johnny Deep, al que Brando siempre consideró el mejor actor de su generación, y al que le brindó una gran oportunidad: tenerle a él en el debut como director del que es el actor fetiche de Tim Burton: "The Brave".  En la mencionada entrevista con Capote, Brando dijo lo siguiente sobre su forma de entender la amistad: "¿Sabe cómo hago amigos yo?. Procedo con mucho cuidado. Doy vueltas y vueltas. Luego, gradualmente, me acerco. Luego extiendo una mano y los toco, con mucho cuidado..Luego, me alejo. Espero un poco. Hago que se queden pensativos. Justo en el momento preciso, me vuelvo a acercar. Los toco. Doy vueltas.  No saben qué está pasando. Antes de que se den cuenta, están enredados, comprometidos. Los tengo. Y de pronto, en algún momento, soy todo lo que tienen. Muchos de ellos, sabe, son personas que no encajan en ninguna parte, nadie los acepta, han sido heridos, lisiados de una manera u otra. Pero yo quiero ayudarles, y ellos pueden concentrarse a mi alrededor. Yo soy el duque. Soy una especie de duque de mis dominios"

Marlon y Tennesse: piel de serpiente.

La notoriedad de Brando como actor  fue fruto de su colaboración con el cineasta griego emigrado en América Elia Kazan, quien le otorgó el papel de Stanley Kowalski en la versión teatral de "Un tranvía llamado deseo", la desgarradora historia de locura y amor que firmó Tenesse Williams, quien, dicen, quedó fascinado por la belleza de Brando el primer día que lo vio sobre el escenario encarnando al vulgar y grosero Kowalski. Un personaje que Brando detestaba. Al fin y al cabo, ya dijimos que el era un chico sensible, con cuerpo de acero pero rostro de poeta. La obra funcionó tan bien que fue rápidamente trasladada a la gran pantalla, también bajo la batuta del propio Kazan y con el protagonismo de Marlon, acompañado por la delicada belleza de Kim Hunter y por la excelsa actuación de Vivien Leigh. Ambas se llevaron el Oscar mientras Brando, que sudó la camiseta en la película, tuvo que esperar hasta 1954 para obtenerlo. Precisamente por otra película de Kazan: "La ley del silencio". También volvería a trabajar con Williams en el duro y tormentoso melodrama "Piel de serpiente".

Marlon, el rostro tras la cámara.

Al igual que su amigo Jonny Depp, Marlon Brandon  decidió pasarse al otro lado de la cámara. Aunque teniendo en cuenta que jamás repitió la experiencia, podemos suponer que no fue algo muy satisfactorio. De hecho, en un principio el rodaje estaba en manos de Stanley Kubrick, pero se encontró con alguien cuyo ego, soberbia, altivez y narcisismo era, incluso, mayores que el del autor de la  "La Naranja Mecánica" o de "Atraco Perfecto". Sí, nos referimos al propio Brando, quien despidió sin miramientos a Kubrick y decidió ponerse él en el papel de director, además del de protagonista. El resultado: una película que se sustenta en un esquema clásico de buenos contra malos, que bebe de la mejor tradición del western y al que Brando imprime una épica tan engolada como atractiva, tan complaciente como, al final, fascinante. Por cierto, la primera versión del guión fue de Sam Peckinpah, quien, sorpresa, también fue fulminantemente despedido. Cosas del ego de los genios.

Marlon, el hombre del método.

En la película de Fred Zinnemann "Hombres", un tenso drama sobre las consecuencias y traumas de la guerra, Marlon interpreta a un veterano de guerra que ha perdido la movilidad de cintura para abajo y que por ello sucumbe a una fuerte depresión. Para prepararse este papel el actor llegó a pasar un mes en un hospital militar, observando, siguiendo e imitando a los heridos de guerra que se recuperaban (en algunos casos) u agonizaban (en otros) en camas  con sábanas sucias y revueltas y habitaciones con olor a desinfectante. Algo que formaba parte de su inflexible método interpretativo. Ese que desarrolló en el Actors Studio, bajo las estrictas directrices de Stella Adler y Lee Strasberg. Un método que consistía, simplificando mucho, no en interpretar un personaje, sino en vivirlo. No en fingir que uno sufría una depresión, sino en sufrirla. De esta forma revolucionó el arte interpretativo y marcó el camino a decenas de actores posteriores, desde su émulo James Dean a su detestado Montgomery Cliff.

Marlon y la decadencia: en la isla del Dr. Moreau.

Marlon siempre había sido una figura caprichosa y voluble, que improvisaba en los platós e inventaba diálogos, que no atendía a las indicaciones del director y  que sólo parecía responder a su propio instinto y deseos. Y todo aquello aún se intensificó más en sus últimos años. Pero nunca de forma tan desmedida como durante el rodaje de la  película "La Isla del Dr. Moreau", donde un día decidía modificar el guión, al siguiente aparecer en escena con un cubo para el hielo (y lo hizo, en palabras textuales del actor porque"estaba tan aburrido que no sabía que otra cosa hacer") o exigir que Nelson de la Rosa, un actor aquejado de enanismo que tenía en principio una breve aparición en el film, estuviera a su lado en todas y cada una de sus escenas en la película, sólo porque habían trabado una buena amistad durante el rodaje. Un absoluto caos al que hay que sumar los problemas de su primer director, Richard Stanley, que fue despedido por los productores pero se negó a alejarse de su criatura y solía infiltrarse en el rodaje vestido de monstruo; Fairuza Balk, una de las actrices, que al enterarse del despido de Stanley, amenazó con suicidarse con un cuchillo con el que estaba cortando sushi; un temporal que arrasó con los decorados. Todo así. Muy cómodo. Algo que narra con hilarante gracia el documental Lost Soul. Tanto la crónica de un rodaje fallido como la de la decadencia de un gran actor.


Publica un comentario

unnamed

Sin comentarios