Autopista hacia el cielo de Wim Wenders
"Temática, estilística y geográficamente, el cine de Wenders está dislocado entre dos culturas: la de Goethe y Heidegger, y la de Ray y Ford; la crisis de identidad que sus figuras experimentan en sus distintos filmes y la crisis del propio cine constituyen su intento concomitante por hablar, aprender y reinventar un lenguaje cuya sintaxis tradicional tiende ahora más y más a la insignificancia". De esta forma tan precisa y sugerente es como el prestigioso crítico Timothy Corrigan definía en su momento el cine del gran Wim Wenders. Una obra tan personal y auténtica como hermosa y majestuosa que, el Festival de Berlín 2015 homenajeó dedicándole el Oso de Oro honorífico a su padre y autor. Histórico homenaje al que desde Filmin y con motivo del estreno de "Todo saldrá bien", nos sumamos dedicando este post a sus inicios, así como poniendo a vuestra disposición 15 de sus títulos más personales y emblemáticos.
LOS COMIENZOS
Tras estudiar dos cursos de medicina y uno de filosofía, Wim Wenders (nacido en Düsseldorf, 1945) fue admitido en la recién creada Escuela Superior de cine de Munich (1967) al suspender anteriormente el examen de ingreso en el I.D.H.E, la escuela de cine de París. El joven Wenders pasará tres años estudiando, escribiendo crítica de cine en algunos diarios o textos sobre música rock, y produciendo y dirigiendo seis cortometrajes hasta convertir su práctica de fin de carrera "Summer in the City" (1970) en su primer largometraje, donde a través de un paseo por ambientes urbanos hace un boceto de lo que será su filmografía posterior: la constante búsqueda de la identidad mediante el viaje; las referencias que denotan una mezcla de atracción y repulsión hacia América; los obstáculos que supone la incomunicación y la soledad, y la esperanza en el éxito de las relaciones humanas.

EL TRAUMA ESCARLATA
Gracias a las estructuras colectivas establecidas por los jóvenes cineastas de Munich mediante la Filmverlag der Autoren, Wenders realiza a partir de un libro de Peter Handke -escritor que ejercerá una penetrante influencia en su cine- la parcialmente interesante "El miedo del portero al penalty" (Die Angst des Tormanns beim Elfmeter, 1971), donde en un paisaje sombrío, un personaje que ha cometido un asesinato sin motivo aparente, pierde poco a poco todo interés por la sociedad que le rodea y su propio destino. A este relato sobre la desaparición progresiva de la identidad le sigue el film más impersonal y traumático del autor: "La letra escarlata" (1972), producida por Elias Querejeta. La experiencia resultó tan amarga que el mismo Wim se prometió desde entonces "no volver a filmar nunca más una historia donde no aparezcan autopistas, gasolineras o cabinas telefónicas".
SU ADN
Es así como da lugar a un tríptico, considerado por la crítica cinematográfica mundial, la cumbre de su cine: "Alicia en las ciudades", "Movimiento en falso" y "En el curso del tiempo", todas ellas protagonizadas por el actor Rudiger Vogler. "Alicia en las ciudades" (1973) desarrolla el tema de la amistad a través del viaje entre un periodista y una niña de nueve años que casualmente se ve obligado a acompañar desde New York a Holanda, prosiguiendo posteriormente el viaje hasta la comarca del Ruhr donde supuestamente se encuentra la abuela de la pequeña. Una de las cosas que más llama la atención del personaje encarnado por Vogler es la confusión profesional e intelectual que sufre en EEUU, donde se ve incapaz de escribir un artículo que le han encargado y sólo puede hacer fotografías con su Polaroid, imágenes "que nunca te muestran lo que realmente has visto." En USA perdí mi orientación: todo lo que me podía imaginar eran cosas en movimiento". Con ello, Wenders representa a un hombre que busca una realidad cuya percepción se le escapa a causa de sus constantes dudas.
Por su parte, "Movimiento en falso" (1975) es una película difícil y casi metafísica en torno al viaje que realiza un escritor en busca de su propia identidad desde el norte al sur de Alemania, encontrando a su paso diversos personajes a quienes une la soledad y la imposibilidad para relacionarse. Los contactos y diálogos que tienen lugar entre las figuras de este film son bastante complejos y delatan un fuerte trasfondo político, histórico y social que origina una visión bastante densa de la República Federal alemana y sus fantasmas.
La obra con que culmina el tríptico wendersiano es "En el curso del tiempo" (1975-76), dedicada a Fritz Lang, rodada en blanco y negro, sin guión previo y con una duración de tres horas. Aquí asistimos a las relaciones existentes entre un técnico en proyectores de cine que vive en un camión y un psicolingüista especializado en la infancia a quien recoge tras una extraña tentativa de suicidio. Ambos emprenden un viaje a través de la frontera que separa las dos Alemanias para visitar diversos cines del lugar. Se trata de una bella parábola acerca del sueño del Séptimo Arte y la necesidad de encontrar nuevos lenguajes, nuevas formas de expresión: "Soñar era escribir en círculos... Siempre estaba pensando y escribiendo la misma cosa, una y otra vez, incluso cuando despertaba..., hasta que tuve la idea en el sueño de usar otro tipo de tinta..., y con la nueva tinta pude de repente pensar y ver algo... y escribir...". No obstante, encierra a la vez una pesimista reflexión en torno a la muerte del cine: "Es mejor que desaparezca el cine antes de que exista uno como el actual", llega a decirse. Lástima que el propio Wenders no se aplicase la sentencia a tenor de los resultado de algunas de sus últimas películas.
Tras la mala experiencia que le supuso el rodaje de "Hammett", y la buena que resultó su entonces particular, hoy ya mítica revisión del Tom Ripley de Patricia Higsmith trasladado a la gran pantalla de la mano de Dennis Hopper con "El amigo americano", Wenders reúne rápidamente el dinero necesario gracias a tres productoras independientes para poder realizar la "respuesta" a su experiencia en Hollywood. Es así como nace "El estado de las cosas" (1982), una reflexión en blanco y negro sobre el cine en general y la dialéctica de la problemática americana y europea siempre presente en el Séptimo Arte. Esta artesanal, interesante y algo plúmbea película cuenta la historia de un equipo que está rodando el remake de un film en las costas de Portugal y cuyo proyecto se detiene mientras esperan el dinero del productor americano. El director de la película, el alemán Friedrich viaja entonces a Los Angeles para aclarar los motivos del paro: su encuentro con el productor se convertirá en una exposición de las posiciones encontradas entre los intereses comerciales de aquel y los del creador que siente el anhelo de su independencia y lucha por ella.
Así es el camino que Wenders transita hasta llegar a "París, Texas" (1983) esa apasionante visión sobre América donde hay tomas totales del escabroso Oeste, reliquias del cine de John Ford y Raoul Walsh, polvorientas vías de trenes, fotografías e imágenes que comentan la ausencia de palabras, caminos y cruces de carretera "en donde uno se siente perdido como en medio de un bosque" y no sabe qué dirección seguir. Tres años después llegaría la bellísima, angelical y definitivamente divina "El Cielo sobre Berlín", sentido homenaje en blanco y negro a esa gran ciudad confrontada a su sempiterna realidad histórica.

Para entonces Wim Wenders ya no era un simple director de cine, sino uno de los autores más importantes de la historia del séptimo arte. Las 15 películas suyas que tenemos en Filmin, tanto como el Oso de Oro honorífico que le concedió el Festival de Berlín 2015 dan buena cuenta de ello. Y por si alguien tenía aún alguna duda: