Los mejores cuadros para "La Mejor Oferta"
Libros de Hopper, Magritte, Bacon, Dalí, Caravaggio o Goya se amontonan en las salas de preproducción, de allí saldrán las inspiraciones para encuadres, la ayuda para el director de fotografía o el referente que necesita el director artístico. El cine no solo bebe hasta emborracharse de la pintura, también suele contar con ella como principal actor protagonista.
Es el caso de nuestro estreno destacado de la semana, que es precisamente la fascinante y elegante última película de Giuseppe Tornatore. El director de "Cinema Paradiso" vuelve a emocionar con la historia de un hombre solitario; un excéntrico y metódico experto en arte y agente de subastas que tiene en su inmensa colección de cuadros su posesión más preciada hasta que el deseo del amor irrumpe en escena. Damos la bienvenida a "La Mejor Oferta" en filmin con una selección de cinco joyas de nuestro catálogo prtagonizadas por pinturas que se nos antojan dignas de enmarcar. Son los mejores cuadros para "La Mejor Oferta".
LA MUJER DEL CUADRO de Fritz Lang
EL CUADRO:
Un profesor de Psicología se encuentra de pronto cautivado por el retrato de una bella joven expuesto en un escaparate contiguo al club social al que suele a acudir. Tanto que parece que la joven se mueve.
SU VALOR:
Rodada un año antes que su otra obra maestra del periplo estadounidense, Fritz Lang rodó "Perversidad" inmediatamente después de otra monumental película, "La mujer del cuadro" repitiendo mismo equipo y con el mismo trío protagonista, Edward G. Robinson, Joan Bennet y Dan Duryea. Un noir endemoniado y nada melodramático que se erigía en inmejorable prologo para la obra maestra sin paliativos que esperaba a dibujar.
PERVERSIDAD de Fritz Lang
EL CUADRO:
Un triste cajero infelizmente casado y fanático de la pintura cae en las garras de una perversa femme fatale dispuesta a vaciarle los bolsillos al tomarle por un afamado pintor.
SU VALOR:
Una de los títulos cumbres del cine negro. Fritz Lang se sumerge en una pesadilla en la que no hay despertar posible de la mano de la excelente interpretación de Edward G. Robinson y una de las mujeres fatales más logradas del cine de todos los tiempos. Una obra maestra de imprescindible visionado y un principal referente del cine clásico de suspense.
UN GENIO ANDA SUELTO de Ronald Neame
EL CUADRO:
Un excéntrico pintor londinense sale de la cárcel tras ser encerrado por amenazar un marchante. Su peculiar carácter y su extraordinaria visión artística le llevarán a cometer un buen número de locuras, como atosigar a un viejo rico poseedor de algunas de sus obras para que se las devuelva, o como allanar un lujoso piso de Londres para pintar en una pared vacía su siguiente obra.
SU VALOR:
Alec Guinness se encargó de adaptar una divertidísima novela de Joyce Cary escribiendo un guión fantástico (nominado al Oscar en 1958) e interpretando a un personaje impecable. Dirigida por Ronald Neame, Un genio anda suelto es una película que se sale fuera de lo común, como la vida de su peculiar protagonista.
JENNIE de William Dieterle
EL CUADRO:
Un pintor arruinado y abatido por haber perdido la inspiración conoce, un frío día de invierno a una mujer vestida de un modo anticuado. A partir de ese momento se suceden otros encuentros, con la particularidad de que en breves intervalos de tiempo la chica se va convirtiendo en una bellísima joven de la cual el pintor se enamora. Ante la belleza de Jennie, Eben decide pintar un retrato suyo, pero Jennie esconde un enigmático secreto...
SU VALOR:
Ganadora de un Oscar en 1948 en la categoría de Mejores Efectos Especiales y nominada al Oscar a la Mejor Fotografía en Blanco y Negro, Jennie supo mezclar magistralmente el romance y la intriga en un bello marco visual de la mano de su gran director William Dieterle.
EL RETRATO DE DORIAN GRAY de Oliver Parker
EL CUADRO:
Los mitos clásicos del fantástico nunca mueren...y sobre todo Dorian Gray, el bello inmortal congelado por una imagen pictórica con la que ha sellado un contrato diabólico.
SU VALOR:
Oliver Parker reinventa el cine gótico británico con una aproximación al texto de Wilde capaz de no irritar a los culteranos de pro y atraer a las nuevas generaciones. Para ello, Dorian tiene ahora el rostro de Ben Barnes, uno de los últimos ídolos de las adolescentes, apoyado en poses y acentos clásicos por el siempre ilustre Colin Firth y la ascendente Rebeca May que olvida aquí los devaneos barceloneses con Woody Allen y compañía para perderse entre las brumas del Londres más genuino.
