Las 10 de Fotogramas en filmin: Festival de San Sebastián
Este fin de semana hemos conocido la identidad de la última película ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián. La venezolana ‘Pelo malo’, de Mariana Rondón, se llevó el premio grande del certamen en un palmarés en el que brilló con luz propia ‘La herida’, de Fernando Franco, Premio Especial del Jurado y Concha de Plata a la Mejor Actriz para una sensacional Marian Álvarez.
Buen momento sin duda para recuperar algunos de los títulos que en los últimos años han recogido algún premio en su paso por la muestra donostiarra. Cuestionadas o incuestionables Conchas de Oro, descubrimientos del festival, Premios FIPRESCI, intérpretes laureados… Diez películas seleccionadas por La Redacción de Fotogramas que puedes disfrutar en filmin junto a los más de 5.000 títulos de su creciente catálogo.
Aita de José María de Orbe (2010)
por Pere Vall
Versión unplugged de ‘Las Brujas de Zugarramurdi’, la película de José María de Orbe también es una zambullida en la historia de la sociedad vasca con, en vez de efectos especiales y humor, diálogos, sombras, cotidianidad, y, en vez de brujas, fantasmas: los fantasmas de un pasado que habitan ese viejo caserón y los que se proyectan en las paredes dando fe de un rico pasado cinematográfico. Dos personajes (el guarda del lugar y un cura) son el centro de un falso documental (o un documental lleno de ficciones provocadas) que lleva la firma no sólo del director de ‘La línea recta’, sino también del productor Lluís Miñarro. Ganadora del Premio a la Mejor Fotografía, es una obra sugestiva, con tantos recovecos como habitaciones tiene la estancia, y una puerta abierta a tiempos pretéritos que nos son contados con fino sentido del misterio, la intriga y lo fantástico.
Abel de Diego Luna (2010)
por Gabri Calzado
El actor Diego Luna se sienta en la silla de director, colocando la cámara a una altura de un metro para centrarse en la historia de Abel, un niño de nueve años que tiene un problema psicológico y actúa como el padre de toda su familia. Christopher Ruíz-Esparza interpreta a este niño, que se viste el “traje paterno” y que con sus acciones intentará unir a todo núcleo familiar, algo disfuncional tras el abandono de su padre real. Una película amable y tierna por la que Diego Luna recibió estupendas críticas, llegando a ser comparado con Michael Gondry por su toque fantástico, ganó la sección Horizontes Latinos del festival vasco, y que en México consiguió récords de taquilla.
Vete de mí de Víctor García León (2006)
por Paula Ponga
Dos Juan Diego en estado de gracia. Un padre desastroso, actor de segunda fila (Juan Diego, multipremiado por este trabajo: Concha de Plata, Goya y Fotogramas de Plata incluidos) y su hijo (Juan Diego Botto), treinteañero jeta, peterpanesco y gorrón, que de la noche a la mañana se apalanca en casa de su progenitor, con el que no ha tenido mucho trato. Dos grandes egoístas, mentirosos, perdedores patéticos frente a frente, en una cocina a oscuras y a golpe de tenedor sobre un tupper de espaguetis fríos en un memorable y descarnado final que condensa toda la mala baba, acidez, sarcasmo y amargura de la cinta. Con un bolero de fondo que me pone los pelos de punta, ‘Vete de mí’, a cargo del inimitable Bola de Nieve (“… tengo las manos tan deshechas de apretar, que ni te puedo sujetar, vete de mí”). Oscura y lúcida segunda película de Víctor García León (con Jonás Trueba de coguionista), un director al que echamos de menos.
Hermanos de Susanne Bier (2004)
por Roger Salvans
Concha de plata a la Mejor Actriz y al Mejor Actor para Connie Nielsen y Ulrich Thomsen en el Festival de San Sebastian 2004. Descubierta bajo el amparo del agitador Dogma’95, Susanne Bier supo salir de la larga sombra del movimiento creado por Lars Von Trier y Thomas Vinterberg y romper con sus reglas y objetivos conservando su capacidad para sacudir conciencias y romper expectativas. El cine de Bier tiene detalles formales que entroncan directamente con la propuesta del manifiesto (esa cámara en mano, indagadora, intrusiva, omnipresente) pero también con la tradición bergmaniana del cine nórdico: conflictos interiores desatados, cargas emocionales esperando a explosionar desde la quietud más alarmante. Todo eso lo tenemos en ‘Hermanos’, un drama realista, tenso, en el que brutalidad y ternura se alternan para partir de lo particular (el terremoto que supone el triángulo sentimental que forman Connie Nielsen, Ulrich Thomsen y Nikolaj Lie Kass) y llegar a lo social: cómo las secuelas de la guerra llegan hasta dónde nunca hubiéramos pensado. Retrato psicológico brillante y sin concesiones, Hollywood intentó remakear esa intimidad violada en ‘Hermanos’ (Jim Sheridan, 2009) una versión con Jake Gyllenhaal, Tobey Maguire y Natalie Portman que no acabó de cuajar.
Lejano de Nuri Bilge Ceylan (2002)
por Philipp Engel
Aunque no visito el Festival de San Sebastián todo lo que quisiera, en la Concha ya me ha pasado de todo. Grandes experiencias emocionales, culinarias, etílicas… y también cinéfilas. Entre lo último, destacaría este film, premiado con el FIPRESCI, cuya apertura no podré olvidar jamás. Nunca olvidaré aquel larguísimo plano inicial en el que un punto negro en la nieve acaba siendo un hombre que se va acercando, un hombre que llega del pueblo a un Estambul igualmente nevado para alojarse en casa de su taciturno primo. La escena en la que este último finge mirar ‘Stalker’ también es imperecedera. Minutos antes de la irrupción del primo pueblerino en el salón, su contrariado anfitrión estaba viendo porno, cambiando de canal in extremis. La imagen de ellos dos en el sofá contemplando sin el menor interés el film de Tarkovski es una cumbre de humor impertérrito, y el film, en su conjunto, una indiscutible obra maestra que figura entre lo mejor de la última década. No les quepa duda.
Los pasos dobles de Isaki Lacuesta (2011)
por Álex Gil
La Concha de Oro para ‘Los pasos dobles’ dio lugar a una de las más sonadas polémicas de los últimos tiempos en el palmarés del Festival de San Sebastián y supuso un encendido debate entre su director, Isaki Lacuesta, y parte de la crítica. Lejos de entrar en estas disquisiciones, nos interesa el acercamiento al mundo del arte del director. No era la primera vez, pues algunos de sus anteriores trabajos como ‘Cravan vs. Cravan’ o ‘La leyenda del tiempo’, lo son en mayor o menor medida. En este caso persigue al fantasma del artista y escritor François Augièras. En un principio debía acercarse a través del artista Miquel Barceló, pero este acaba diluyéndose como personaje secundario (protagonizaría el complementario documental ‘El cuaderno de barro’) y Lacuesta optó por diferentes soluciones. Así, el excelente resultado final puede disfrutarse como película de aventuras, falso biopic o ensayo sobre la reflexión del acto creativo.
Mi refugio de François Ozon (2009)
por Àlex Montoya
De los chutes de heroína a la aceptación de un embarazo no deseado, camino a la redención de un personaje autodestructivo y perdido, en tierra de nadie. Una estupenda Isabelle Carré vivía el mismo estado de gestación que la Mousse que interpreta, cuando viajó de la mano del hiperactivo François Ozon por este traumático tránsito: tras descubrir que el padre de la criatura que lleva en el vientre ha muerto de la misma sobredosis que la hizo entrar en coma, la devastada protagonista se refugia en una casita de la costa vasco-francesa, escapando de las presiones de la adinerada familia del fallecido. Allí compartirá unos días con su cuñado, un joven homosexual que, a su manera, también necesita encontrar su propio camino. El encuentro de estos dos seres golpeados los llevará del desconcierto a la esperanza, en un recorrido a veces confuso a veces optimista. Ganador del Premio Especial del Jurado en San Sebastián 2009, ‘Mi refugio’ está, como ‘El tiempo que queda’ o ‘Gotas de agua sobre piedras calientes’, en la línea dolorosa del rico corpus de un cineasta capaz de tocar todos los palos sin despeinarse.
La Caja de Pandora de Yesim Ustaoglu (2008)
por Gerard A. Cassadó
Para los que hemos visto de cerca la mirada ausente del Alzheimer, ‘La Caja de Pandora’, ganadora de la Concha de Oro y de la Concha de Plata a la Mejor Actriz (Tsilla Chelton) en 2008, es una película especialmente dolorosa. Yesim Ostaoglu nos cuenta la historia de una anciana entrañable que un día sale de casa y se pierde. Sus tres hijos, que viven en la ciudad, deciden traérsela del pueblo, pues es evidente que la mujer ya no puede valerse por si misma. ¿Pero cómo le explicas a una persona adulta que ha perdido su independencia? Tsilla Chelton (que falleció el año pasado a los 93 años, y muchos sentimos su pérdida como propia) dota de verdad a su personaje, que en sus escasos momentos de lucidez condena a sus hijos por estar tan desorientados en la vida como ella misma. Quizás es que el Alzheimer no es más que otra enfermedad del siglo XXI, junto a la depresión y la apatía, dolencias que padecen el resto de personajes de un film que apenas puede disimular su profundo desazón.
Omagh de Pete Travis (2004)
por Carlos Alonso
Premio del Jurado al Mejor Guión en el Festival de San Sebastián (2004). El debutante Pete Travis dirige un soberbio guión de Paul Greengrass (director de “Bloody Sunday” y que este mes estrena en cines ‘Capitán Phillips’). Una crónica, con cámara al hombro, del salvaje atentado de Omagh, que el 15 de agosto de 1998 mató a 29 personas, incluidos dos niños españoles. Es admirable este retrato duro, sin concesiones al sensacionalismo (excelente la precisión documental de los momentos previos al atentado), del dolor causado a las familias por la violencia terrorista del IRA auténtico. Un film imprescindible de obligado visionado por su rigor histórico, sin alegatos partidistas (como a veces nos tiene acostumbrados el cine de Jim Sheridan o Ken Loach) que nos muestra la indefensión de las víctimas ante un poder político más preocupado en defender sus propios intereses. Una película valiente de la que debería aprender el cine español. ¿Por qué somos incapaces de filmar un retrato parecido?
Vías cruzadas de Thomas McCarthy (2003)
por Juan Pando
Premio Especial del Jurado en San Sebastián ’03, esta fue la maravillosa comedia dramática en la que descubrí a ese gran actor que es Peter Dinklage. La trama gira, como ninguna otra de las que ha protagonizado, sobre su propia condición física. Narra la historia de un hombre cuya existencia ha estado marcada por su corta estatura, que lo convierte en objeto de la curiosidad más descarada. Al morir el propietario de la tienda donde trabaja, su único amigo, ambos apasionados de los trenes, se muda al apeadero ferroviario abandonado que aquel le ha legado. Allí conocerá a otros seres maltratados por la vida, una artista en horas bajas (magnífica Patricia Clarkson), el cocinero de un restaurante rodante, una inocente niña preguntona. Con ellos descubre la amistad, la alegría y la pena de compartir, y la esperanza en el futuro. Cine independiente con mayúsculas, sencillo pero profundo, ingenioso y con personajes bien perfilados con los que identificarse y emocionarse. Desde que la vi, he buscado a Dinklage en la pantalla: ‘Elf’, ‘Declaradme culpable’, ‘Un funeral de muerte’… Nunca me ha defraudado. Le ha llegado la fama con ‘Juego de tronos’, pero yo no sigo series.
