La crisis de María (y la de los demás)

Autor: Javier Acevedo Fuente: Filmin

En Filmin nos gustan las historias de jóvenes en plena crisis de identidad. Individuos que acarician la treintena o ya se encuentran inmersos en ella, y que deben afrontar una crisis de identidad solo superada por su chillido psicótico al verse la primera cana adornando su pelo. Una generación deambulante, que hace equilibrios entre las exigencias de una sociedad que espera mucho de ellos y las necesidades de una vida personal cada vez más desnuda en los muros de las redes sociales. Por ese motivo os acercamos una selección de títulos acerca de integrantes de una generación híbrida, abanderada por la genial “María y los demás”

Una generación compuesta de los retazos nihilistas, autodestructivos e influencers de los millennial  y los fragmentos de la generación de sus padres, de lo que serán en el futuro, miembros funcionales y comprometidos de una sociedad en permanente cambio. Muchos de vosotros os reconoceréis en estos protagonistas rutilantes, perdidos, que ni siquiera en un libro de Paulo Coelho encontraría la guía para orientarse -disculpadnos, sensei Coelho-. Pero no perdáis la esperanza, quizá no tengamos la receta de la Coca Cola, pero si la de vuestro entretenimiento. La conocida marca de refrescos americana lanzó un spot dedicado para todos, para los delgados y los gordos, para los valientes y los cobardes. Nosotros lanzamos esta selección para vosotros, los millennials tardíos. 

MARÍA (Y LOS DEMÁS)

Para las agobiadas

Bárbara Lennie es una de las grandes intérpretes del panorama nacional español. En María construye a un personaje tan complejo como emocionalmente cautivador, de una profundidad en la que la tristeza y la comedia cotidiana están a un solo paso. Con 35 años María tiene que hacer frente a demasiadas cosas cuando su madre fallece cuando ella contaba con apenas 15 años. Una familia a la italiana que depende enteramente de ella, y un padre enfermo que agota su tiempo y proyectos vitales, el cual anuncia su compromiso con una de las enfermeras del hospital. De este modo, María deberá apañárselas para hacer frente por primera vez a su vida, y abandonar los no-tiempos o momentos entregados a relaciones frugales y frívolas, en pos de hallar algo que rellene de significado una vida marcada por el sacrificio y la desconexión del yo. Pero ante todo, “María y los demás” es una película centrada en el desarrollo de su personaje protagonista, una mujer apegada a la realidad, esculpida con fragmentos de cotidianidad. Bárbara Lennie dibuja a una mujer que tan pronto esboza una sonrisa cómplice y se entrega al disfrute de los placeres más mundanos y melifluos como clava una mirada de onerosa nostalgia por los sueños abandonados durante el camino. Un personaje con más luces y sombras que un cuadro de Rembrandt, e igual de rico en detalles y ambiguedades.  Nely Reguera debuta en el largometraje con una especie de “Frances Ha” trasladada al contexto europeo y quizá más apegada a la realidad, combinando dosis de cinismo y tragedia con espontáneos arrebatos de comedia costumbrista.

La cruzada de esta treintañera contra los problemas inherentes a su generación es una prolongación de la iniciada por Greta Gerwig en “Frances Ha”. Más de uno y de una se sentirá identificada con el personaje de María, deambulando por el terruño gallego, quizá con menos glamour que las calles de Nueva York y con vistas más bucólicas que un loft en Manhattan, pero definitivamente con unas dosis de humor apegado a la vida de un personaje que tiene que optar por ponerse la armadura y luchar contra los dragones del día a día.


BERSERKER

Para los creativos

Probablemente algunos de los millennial tardíos que estén leyendo esto gastaron sus locos años veinte bailando cubata en mano algunos de los clásicos de esa banda tan atemporal como canalla que es Estopa. Los chicos de Cornellá de Llobregat cantaban en honor a una chica por cuya raja de la falda tuvieron alguna clase incidente poco amistoso con un Seat Panda. No nos referimos a tintar las lunes de tu Seat o ponerle unos adhesivos en forma de tribales que mas que mahoríes parecen escupitajos de llama peruana, sino a algo más físico. Vale, quizá no llega al extremo de encontrarte encontrada una cabeza humana pegada al volante de tu coche, pero es que el director Pablo Hernando va más allá al retratar las vicisitudes y andanzas de un joven escritor con una crisis creativa que le lleva a inspirarse para construir una historia en el relato de este suceso que le pasó a un conocido. "Berserker" se erige como una peculiar muestra de cine de autor en la que su director oscila permanente en el terreno de la hibridación genérica, moviéndose con facilidad entre la comedia negra, el terror e incluso el suspense, ofreciendo un viaje a la mente de un escritor tan bohemio como inánime, el cual ahoga su frustración en el olor de sus cigarrillos y encuentra en la cafeína a su más fiel compañero de fatigas. 

El film se las ingenia para retratar las condiciones de una generación de la sociedad española, acuciada por el paro, la precariedad laboral, la falta de oportunidades o la frustración vital al verse sin espíritu creativo. Al mismo tiempo, compone una historia que al igual que Frankenstein, toma pequeños cachos de cine vivo proveniente de fuentes tan sugerentes como Lynch, Fincher o Carlos Vermut para crear una criatura viva y que en última instancia erige a Hernando como un artista total capaz de hacer de la economía de medios una virtud en pos de un relato metaficcional. 


10.000 KM

Para los tecnófobos

Probablemente muchos de los que leáis este artículo recordaréis con lágrimas en los ojos y el corazón henchido los tiempos en los que Messenger era el rey de la comunicación interpersonal a través de la red de redes. Cuántas historias de amor se han narrado a través de ese noble chat, capaces de rivalizar con las emociones siempre al borde del precipicio de las novelas de Austen. Conversaciones de confidencias mutuas  con la persona al otro lado de la pantalla, que juega con su pelo mientras una canción de La Oreja de Van Gogh acompasa una sonrisa en su rostro. Los míticos zumbidos, y una retahíla de zumbidos, y otra, y otra... ¡Dios mío, las Valkirias han vuelto en forma de sonidos comprimidos en animaciones! A todos nos encantaba el sonido de un buen zumbido por la mañana. Los protagonistas de "10.000 Km" están abocados a mantener una relación a distancia. Álex y Sergi se plantean la posibilidad de tener un hijo cuando al segundo le ofrecen una beca en Los Ángeles teniendo que poner distancia de por medio. Empieza así un relato donde las confidencias amorosas se narran contando los píxeles de la pantalla, y en el cual la revolución digital necesariamente replantea las dinámicas de las relaciones interpersonales. Pero esta involución amorosa se desarrolla en numerosos formatos, desde las conversaciones donde la mundana rutina es suficiente alimento de amor, apiladas en sesiones de Skype, pasando por confesiones de devaneos y bagatelas frente a la webcam y terminando en correos electrónicos que atestiguan el paso del tiempo horadando los cimientos de la relación. 

Carlos Marques-Marcet refleja el mundo de las relaciones a distancia, retratando a una generación que oscila entre sus altas exigencias laborales y los compromisos sentimentales, viajeros eternos que nunca echan raíces y para los que el mundo es un lugar tan lleno de oportunidades como de desafíos. Whatsapp permite desde hace tiempo eliminar la información relativa a la última conexión, e Instagram es una especie de cordillera cantábrica repleta de nido de buitres y quebrantahuesos, pero aún así el tema del amor a distancia sigue siendo un terreno pantanoso. En medio del fenómeno del ligue online, donde Tinder, Grindr y demás redes que actúan como lonjas de carne humana fresca - y no tan fresca, el desodorante hace milagros, chicos-, es fácil olvidar el espacio que se merece el sentimentalismo más elaborado. Así, "10.000 Km" explora las relaciones a distancia de manera directa y sincera, radiografiando a la generación Messenger la cual ya no asedia al otro a base de zumbidos, sino de silencios que congelan la pantalla. 


ATTILA MARCEL

Para los tímidos

Paul es un hombre transido por su propia soledad. Probablemente Freud le pondría una alfombra roja hacia su despacho con tal de poder adentrarse en su acomplejada mente e intentar explicar todos sus traumas con complejas teorías sobre la castración, haciéndole ver representaciones fálicas hasta en las galletas de dinosaurio. Pero Paul no sufre de algún complejo edípico agudo, ni tan siquiera cree que su masculinidad se encuentra amenazada por genitales simbólicos ocultos en posos de café, el problema de Paul es una existencia vacua donde la sobreprotección le ha llevado a recluirse en su propia burbuja. Este pobre diablo lleva sin abrir la boca desde los dos años, cuando sus padres murieron, y desde entonces vive con dos tías tan amables como protectoras, de esas que te ponen cota de malla para salir a jugar los días de invierno. Es un amante de la música, y un gran pianista que haría palidecer a Ludovico Enaudi, pero su frustración le aboca a una rutina sofocante, con dos tías que no solo visten igual – ¿qué estás haciendo con nuestra imagen, Zara?- sino que eluden hablar del traumático incidente. Paul conocerá a Monsieur Coelho, un agradable anciano que le presentará a Madame Proust, la cual no le invitará a magdalenas – no hagáis el chiste fácil- sino a degustar un té que le hará emprender un viaje hacia el interior de su memoria, reviviendo viejos traumas y enfrentándose a sus fantasmas ocultos tras la pared. Probablemente el té contenga más efluvios de Woodstock que el fular de Pocholo, pero desde luego ayudará a Paul a desentrañar el misterio de su vida miserable. 

Si esta parábola en clave freudiana no fuera suficiente, tras las cámaras se encuentra Sylvain Chomet, uno de los grandes directores de animación europea, con auténticas joyas como “El ilusionista” o “Bienvenidos a Belleville”. Un realizador de una sensibilidad única que usa la música y los personajes límite para desgranar la soledad inherente a la sociedad contemporánea. Allá donde no llega la experiencia de lo real, Chomet propone un cine de fábulas e imaginación que complementa al drama de alienados como Paul con dosis de humor absurdo.


LA BATALLA DE SOLFERINO

Para las guerreras

Las elecciones presidenciales francesas del año 2012 se vivieron en un clima de máxima tensión, y acabaron coronando como presidente del Elíseo a François Hollande, siendo en aquel momento una especie de adalid del socialismo europeo que son su perenne sonrisa derrotaría a la política estrictamente germana que imperaba en Europa. Pasado ese tiempo, quizá Hollande no hay conseguido nada de eso, salvo conseguir que Carla Bruni se fuera con la música a otra parte. Pero para Laetitia, la protagonista del film, aquella noche fue especialmente dura al tener que realizar una cobertura constante en su calidad de periodista, y asistir a la formación del nuevo ejecutivo. También puede resultar particularmente complicado conciliar vida laboral y familiar, con un ex-marido cuya frustración va más allá de observar las patas de gallo que empiezan a aflorar, unos niños que más que querubines parecen gremlins después de una zambullida en un mar de cafeína, un inédito novio y la odisea de encontrar una nueva niñera para sus adorables criaturitas. "La batalla de Solferino" es una curiosa película que combina la ficción con una aproximación casi documental al proceso electoral del 2012, tejiendo una historia donde ficción y realidad se entremezclan en una simbiosis que funciona gracias a un sólido personaje protagonista. 

Esta crónica de una mujer en conflicto con la estructura dimensional de su vida pone de relieve el difícil rol femenino de esta generación tardía, el cual debe aún repartirse entre la vida profesional cada vez más exigente y la conciliación familiar, creando ansiedad y un estado perpetuo de frustración en el que el hombre aparece representado como un elemento ajeno, no colaborativo. Asimismo, el carácter documental de la cinta aporta una capa de verosimilitud al relato, estableciendo paralelismos entre la agitada vida política francesa y la azarosa existencia de Laetitia, que hace auténticas virguerías para sortear las barreras del tiempo y de una sociedad que habla de derechos de la mujer pero que en realidad tan solo exige. 


FRANCES HA

Para las soñadoras

En demasiadas ocasiones, vivir en una gran ciudad parece abocar a la asunción común de que el mero hecho de desenvolverse en esa megalópolis es ya un triunfo vital. La presión social, los estigmas en forma de imposiciones provenientes del ámbito familiar y profesional generan unas expectativas de vida desmedidas que quizá no estén acorde a lo que uno mismo quiere hacer con su existencia, generando un estado de ansiedad, de vacuidad espiritual y marcado pesimismo inánime que define a la generación millennial. A Frances toda esta perorata a lo Sartre desatado se la suda, básicamente. Frances tiene 27 años y se traslada a Nueva York porque quiere ser bailarina. Su vitalidad y proactividad solo es equiparable a su torpeza y despistes. Noah Baumbach es tildado con frecuencia como uno de los directos hípster por excelencia, quizá por retratar a una generación de jóvenes burgueses insatisfechos que usan Instagram como plataforma para su poesía de botellín y tienda vintage. Pero Baumbach se ha erigido como un certero cronista del fenómeno millennial y las nuevas dinámicas familiares, reflejando con ironía que remite a Woody Allen y su cinismo enmascarado en mojigatería existencial la problemática de las nuevas generaciones. Familias desestructuradas, la presión creciente de una sociedad ultraespecializada y la crisis de identidad, expresada en ese Abismo de Helm que es el paso de la veintena a la treintena. “Frances Ha” es el “Manhattan” de las nuevas generaciones y no solo por su radiografía de Nueva York en blanco y negro, sino por su afán de capturar las dinámicas de pensamiento de una generación tan acomodada como confundida. Asimismo, la película ofrece una historia de una amistad en medio del caos de vidas cruzadas y momentos fútiles, nunca abandones a tu maps/bff, forever in your heart - Shakespeare dixit-. 

La Nouvelle Vague está muy presente, y no te podrán llamar friki si ves en Greta Gerwig a una especie de Jean Pierre Leaud deambulando por las calles como un alienígena, entregándose a diálogos aparentemente inocuos pero que en el fondo son bocanadas de frustraciones y sueños que engrosan la lista de cosas pendientes antes de mi primera cana. Y es que si en “María y los demás” Bárbara Lennie era María, en Frances Ha” Greta Gerwig da otra lección de mímesis que haría que Aristóteles dejara de filosofar y le diera likes a su perfil de Instagram hasta que abrieran la bandeja de privados, en privado. “Frances Ha” es un diario de una joven inconformista, sincera y transparente, que en su deambular por el boulevard de los sueños rotos encontrará los claroscuros de la vida, las alegrías y las decepciones, la identidad en ruptura y en construcción, en definitiva, el paso del tiempo cincelando la singularidad de su existencia con fragmentos de lugares comunes.


DON JON

Para los chonis

El onanismo está presente en la historia de la humanidad desde los albores de la humanidad. Asimismo, la fascinación por lo pornográfico lleva centrando nuestras miradas incluso en los primeros testimonios religiosos de los que se tiene constancia. Muchos de los críticos que se rindieron a maestros como Miguel Angel, Da Vinci y Renoir hicieron de la crítica onanista un medio de vida. La Venus de Boticcelli, los éxtasis de Bernini y otras tantas féminas y figuras han fascinado a la humanidad. A Jon lo que le fascina es la pornografía, y el sexo. Y sí, estamos hablando de una película de comedia, no de neorrealismo. A los japoneses les va eso de las dakimakura, almohadas serigrafiadas que llevan aquello de consultarlo con la almohada a un nuevo nivel. Jon encuentra su éxtasis en las modelos pornográficas capaces de cubrir el kamasutra sin necesidad de Reflex posterior. Otros casi caemos en la autoasfixia erótica cuando intentamos hacernos el nudo de la corbata, diferencias sutiles. Jon vive por y para el sexo, es un crítico y un paladar gourmet de lo pornográfico. Durante la semana se entrega al pecado de la carne y alimenta su líbido para los domingos acudir a misa punta en blanco y tener otra clase de éxtasis.

Tiene mucho que redimir, pecados que expiar y muchas ganas de confesión - si leéis esto con voz sexy tenéis un problema-. Es entonces cuando dos mujeres entran en su vida y Jon empezará a plantearse algunos cambios, relacionados con la búsqueda del amor verdadero. Nuestro Don Juan se convertirá en un Bécquer, buscando su reflejo en pupilas y ajenas, que no la paja, no seáis tan mal pensados. Una comedia donde se glorifica el gag visual, el humor exacerbado y el chiste fácil, una orgía - vale, ya paramos con las indirectas- cómica donde todo tiene cabida, hasta la redención. Pero por si acaso que Jon no se acerque mucho a la Lolita de Nabokov o a Eva mordiendo la manzana. 


EL FIN DE LA JUVENTUD

Para los enamorados

Arnaud está a punto de casarse. El día ha llegado. Eso le asusta mucho, ¿y a quién no? Decirle que sí a alguien por el resto de tu vida, y no estamos hablando de tu suscripción a Filmin ni un suministro ilimitado de cápsulas de café para hundir tus ojeras en los unicornios de colores que adornan tu taza preferida. No vamos a hacer de consejeros matrimoniales, ni a desentrañar los misterios del matrimonio, pero desde luego es una cosa compleja eso de recorrer y llegar al altar. Un compromiso demasiado grande para Arnaud, que en los días previos a su boda comienza a dudar de lo que siente verdaderamente por Anna. Pero Arnaud además de muchos pájaros en la cabeza tiene dudas aún más grandes, y por eso cree que es buena idea enamorarse de una stripper, Léa, el día de su despedida de soltero. Faltan cuatro días para la boda, y Arnaud tiene un dilema que ni “La decisión de Sophie”. Un conflicto existencial mayor que el Hamlet, solo que sin calavera en la mano, tan solo un grupo de amigos comiéndole la oreja. El film ahonda en la crisis de identidad, y sobre todo, en el reflejo de una generación que no lo tiene tan claro como sus padres. El amor eterno es algo que nos suena de los cuentos de Disney o de nuestros sueños de noche de verano. 

La debutante Katia Lewkowicz plantea la curiosa dicotomía entre el amor hereos y el amor marital. El llamado mal de amor que inducía al enfermo en un estado de locura y frenesí sentimental que podía exonerar con el pañuelo de una grácil damisela, y que condujo a Calisto a dejarse la sesera por amor hacia Melibea. Vale, quizá Arnaud no esté tan loco por Léa, pero los contoneos de ésta y su erotismo le tienen en un éxtasis que ni Bernini con una cantera de Carrara habría podido plasmar. Y luego está Anna, la prometida, el amor marital, un oasis de convivencia diaria, de compartir hasta la escobilla del váter. Dilemas de amor que Lewkowicz retrata en un film tan irreverente como cáustico, poniendo de relieve el paso a la edad adulta mediante la adopción de compromisos que vayan más allá de elegir tu foto de perfil en Tinder – siempre la que refleje el color de tus ojos, bribón-.


20 AÑOS NO IMPORTAN

Para los batamanteros

Una tarde de domingo. Tú tirado en el sofá, languideciendo. Las gotas de lluvia golpean el cristal de tu ventana – se te ha olvidado limpiarla, por cierto- y tu mirada se pierde en el horizonte de la ventana, en los edificios grises de enfrente y las bragas de la sexagenaria bailando solitarias en el tendedero como la bolsa de plástico de “American Beauty”. En ese momento quieres que empiece a sonar “With or Without you” mientras tu mirada sigue posándose en las bragas. Quieres ser como Ross o Rachel, preguntándote a través del espejo azotado por el clima indolente si él o ella estarán pensando en ti, y solo Bono te entiende. Pero la realidad es que no estás en un capítulo de “Friends”, ni nadie se acuerda de ti un domingo después de bailar “I have a pen, I have an apple” completamente borracho en el último club de anoche, y el único Bono que habla es otro con un acento almodovariano. Pero podéis estar tranquilo, echaos en el sofá y aliviad vuestras penas con una de esas comedias románticas que os hacen olvidar el naufragio etílico de vuestra dignidad. “20 años no importan” es el bálsamo perfecto, un film con el que desconectar y hacer que el café de esa tarde de domingo y el chocolate sea memorable. 

Alice Lantins es una mujer de 38 años, adicta al trabajo, que olvida un crucial pen drive en su vuelo hasta que Balthazar se pone en contacto con ella para devolvérselo. Alice podría ser cualquier otra mujer, de esas que pese a echar más horas que un granjero  polaco en los patatales lánguidos filmados por Bela Tarr no va a ser nunca tomada muy en serio por su condición de mujer. Su adicción al trabajo persigue el objetivo de un ascenso a redactor jefe en la revista “Rebelle”. Conoce a Balthazar, veinte años más joven que ella -tranquilos, no es el burro de la película de Bresson- quien le entrega la memoria y lleva a casa en su scooter. Un equívoco y las bondades de Twitter hacen que se extienda el rumor de que Alice tiene un lío con alguien más joven, lo cual fascina a su jefe Vincent. Por ese motivo, Alice deja a un lado sus escrúpulos y dignidad para fingir una relación y ascender. Se inicia así una comedia romántica muy típica, un placer culpable que abre interrogantes y reflexiona sobre la condición de la mujer en el trabajo y sus relaciones personales. Muchos consideran a Trump imagen de éxito por estar con una modelo levemente más joven que él, pero en cambio Madonna es una excéntrica estrella por frecuentar a muchachos con menos primaveras.  “20 años no importan”  quizá te cure la resaca y hasta te haga preguntarse por estos micromachismos.


LA HISTORIA COMPLETA DE MIS FRACASOS SEXUALES

Para los insatisfechos

Tranquilos, todavía no han hecho un biopic sobre vuestra vida, aunque el título pudiera indicar lo contrario. "La historia completa de mis fracasos sexuales" es un documental que todos podríamos firmar, y en el que Chris Waitt decide liarse la manta a la cabeza y asesinar la escasa dignidad que le quedaba contactando con todas sus ex-novias para poder entrevistarse finalmente con algunas de ellas y preguntarlas por los motivos de su ruptura, y así de paso hallar la génesis de su frustración sexual. Quizá Chris no sea la personificación de Hugh Jackman para sus ex, con adamantium por pectorales y garras con las que darles un masaje. Ciertamente tampoco es una especie chico mono despistado a lo Ed Sheeran. Bueno, a lo mejor entenderéis por qué el tipo es abandonado continuamente. El film funciona como mockumentary y crónica de las apetencias sexuales fallidas de Chris. Pero atina como reflejo de una generación incapaz de comprometerse, entregada a las relaciones dionisíacas y que cuando llega a cierta edad se pregunta qué ha estado haciendo todo este tiempo. De esas bacanales vienen estos lodos. O quizá no haya habido bacanales y habéis pagado más bebidas y alcohol gratis que en un evento político valenciano. 

El caso es qu"La historia completa de mis fracasos sexuales" es tan atrozmente cómica como dolorosamente cierta en algunas de las situaciones que describe. Probablemente no todos os entreguéis a sesiones improvisadas de sado o a ingestiones masivas de Viagra, pero la soledad es bastante puñetera, y hazañas similares seguro que os encajarían a la perfección. Los vericuetos de la sexualidad reprimida y las relaciones disfuncionales definen a una generación con una profunda herida espiritual que emana hastío e indiferencia, donde ni siquiera unas pastillas azules podrían levantar el ánimo. 


13,99 EUROS

Para los Don Draper

Antes de que Jean Dujardin se hiciera con el Oscar a Mejor Actor por su impecable plasmación del héroe del cine de la época dorada de Hollywood en “The Artist”, pasando la mopa a los parqués de cafés con nubes de cigarrillos y lamentos de jóvenes actrices, dio vida a otro personaje icónico bajo la forma de un yupi del mundo del márketing que cansado de las imposiciones que coartan su genio creativo, decide rebelarse contra los engominados de traje y corbata. Si bailando claqué podía considerarse un buen humilde sucesor del genio de Fred Astaire, en13,99 euros Dujardin recoge lo mejor del psicótico Patrick Bateman y el crack de Mark Renton para encarnar a Octave, un genio publicitario capaz de venderte hasta las fabadas de bote, esas que hacen llorar a tu yaya, ahí es nada. Probablemente podría venderte hasta que Ryan Gosling mirándose los pies es buen bailarín, pero en su lugar opta por adoptar la premisa de “todo hombre es un producto mas” y hacer de su vida una sucesión de instantes tan alocados como excesivos. Octave está cansado de trabajar para la agencia publicitaria Ross & Witchcraft, y decide forzar su despido. Jan Kounen abandona el registro western de su anterior film, “Blueberry”, para ofrecer una sátira del mundo de la publicidad con un estilo que irremisiblemente evoca a la estética frenética y videoclipera de Danny Boyle y su incólume “Trainspotting”.

 Una comedia que emplea el gag visual y el montaje acelerado como extensiones de la mente azarosa y depravadamente creativa de Octave. En realidad Octave se embarca en una aventura donde el LSD y derivados le conducirán a situaciones que bien podrían hacerle escribir una continuación de “En la carretera”. Bueno, quizá se parezca más a una ruta del bakalao protagonizada por un narcisista francés con ínfulas de Don Draper, pero aún asi “13.99 euros” es una divertida comedia que funciona a la perfección como reverso yonqui y exacerbado del marketing agresivo y que eleva el montaje audiovisual a la categoría de “tripi interrumptus”. El film probablemente lo vendería Octave con más vehemencia, pero está demasiado ocupado explorando los finales alternativos de su historia.


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