Crónica Las Palmas 2019: "Genesis" a los que aman

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Las Palmas 2019: "Genesis" a los que aman

Tras ganar la Espiga de Oro del Festival de Valladolid, la nueva película del canadiense Philippe Lesage ("Los demonios") se ha exhibido en Las Palmas para confirmarse como uno de los grandes títulos del año. Distribuida por Surtsey en nuestro país, llegará a la cartelera española en los próximos meses.

¿De qué va?

Guillaume estudia en un internado masculino. Es el gallito de la clase y siente una gran devoción por su amigo Nicolas. Su hermana Charlotte vive horas bajas en la relación con su chico Maxime, por el que ya no siente lo mismo que antes. En su vida entra un chico más mayor, Théo, con el que iniciará una aventura. Por su parte, Félix es un niño tímido que, en unos campamentos, empieza a fijarse en una niña, Béatrice. Tres personajes estremecidos por las mariposas en el estómago que descubren el sabor agridulce del primer amor.

¿Quién está detrás?

El canadiense Philippe Lesage, al que muchos descubrimos  en 2015 en el Festival de San Sebastián cuando presentó, en sección oficial, su primer largometraje de ficción, "Los demonios", un oscuro drama filtrado por la mirada inocente de su joven protagonista. Tras la muy desconocida y poco vista "Copenhague A Love Story", que rodó lejos de su país, en Dinamarca, ha ganado muchos enteros con esta magistral película sobre el deseo titulada "Genesis".

¿Quién sale?

Jóvenes intérpretes a los que ya habíamos visto en "Los demonios", como Édouard Tremblay-Grenier (Félix) o Théodore Pellerin (Guillaume). Aunque sin duda el mayor poder de atracción lo exhibe Noée Abita, a la que descubrimos en "Ava" (Léa Mysius, 2017), y cuya sonrisa se convierte en luminoso objeto de deseo y perdición.

¿Qué es?

"Un amour de jeunesse" (Mia Hansen-Løve, 2011) + los cuentos estacionales de Eric Rohmer.

¿Qué ofrece?

Si tuviésemos que escoger un recurso formal de "Genesis" como imagen-emblema de la película, ese sería el travelling lateral que conecta las miradas de curiosidad y deseo de dos personajes que se observan desde la lejanía, a un extremo y otro de un corrillo en unos campamentos de verano, o desde la pista de baile y el burladero de una discoteca. Dos extremos comunicados por la mirada, como hilo que va a acabar cosiendo almas y, en ocasiones, cuerpos.

Pocas veces hemos visto en el cine el deseo, no necesariamente sexual, mejor filmado que como lo representa Lesage en esta preciosa, extraordinaria película sobre el amor ingenuo y platónico, sobre el amor como un ideal enfrentado a veces a una realidad más amarga de lo que el sueño prometía. Es imposible no pensar en Rohmer al ver a los jóvenes protagonistas de la película dejándose llevar por el instinto de la atracción. La mayor diferencia es el poso de amargura que "Genesis" desprende en algunos de sus pasajes, cuando sus amantes son agredidos, obligados a morder el cesped, víctimas de sus pasiones y de su propia inocencia. Si Lesage hubiese ahondado en el tremendismo de ciertas situaciones, podría haber perdido completamente el tono de su delicada película, pero las tragedias ocurren, y el director las filma con la misma naturalidad que una conversación intrascendente, revelando que el dolor forma parte del aprendizaje de la vida.

En un gesto arriesgado, similar al que adoptaba Jonás Trueba en "La reconquista", la película se pone las cosas difíciles cuando decide reinventarse en su último tercio, resetearse para volver a empezar. Uno sospecha entonces que a "Genesis" le queda demasiado poco tiempo para alcanzar la madurez emocional de su metraje anterior, pero en ese último fragmento de vida, en un campamento de verano, Lesage alcanza la majestuosidad, desde la más absoluta pureza y candor. En contraste, ese tercio final nos reconcilia con las secuencias más incómodas del film de la película e, incluso, con la vida.


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