"Una Pastelería en Tokio" dulces sueños

Autor: Filmin

Tras inaugurar Un Certain Regard durante el último Festival de Cannes y participar en la reciente Seminci, llega a nuestras salas "Una pastelería en Tokio", conmovedora lección de vida para la que probablemente signifique la película más dulce y accesible de Naomi Kawase hasta la fecha, quien indagando en el complejo funcionamiento de esta sociedad, nos lleva a comprender mejor la esencia de nuestra existencia.

¿De qué va?

Sentaro regenta una pequeña pastelería donde se venden dorayakis: unas tortitas rellenas de una pasta de judías rojas dulces (‘an’). Aunque no muy convencido, el repostero acepta la propuesta de Tokue, una mujer mayor que se ha ofrecido a echarle una mano en la cocina. Se descubre entonces que Tokue tiene unas manos mágicas a la hora de preparar el relleno de las tortitas. Gracias a su receta secreta, el modesto negocio no tardará en prosperar… Y, con el tiempo, Sentaro y Tokue se sincerarán mutuamente y se confesaran las heridas del pasado.

¿Quién está detrás?

"Una pastelería en Tokio" significa la decimoséptima película de la que probablemente sea la directora asiática más relevante y distinguida del momento, Naomi Kawase, quien a lo largo de su prolífica y prestigiosa carrera ha trabajado mayoritariamente en el campo del documental. La directora ha sido premiada en los festivales de Cannes, Locarno y Rotterdam, entre otros, con joyas del calado de "Shara" o "El Bosque del Luto".

¿Quién sale?

Habitual secundaria de lujo en el cine de Kore-eda (le hemos visto en "Still Walking", "De tal padre, tal hijo" y le veremos en "Nuestra hermana Pequeña"), la veterana Kirin Kiki se lleva en este caso todo el protagonismo con uno de sus papeles más conmovedores y destacados que nos ha brindado en los últimos años. Le acompañan Masatoshi Nagase ("Mystery Train", Suicide Club") y la emergente Kyara Uchida, que tras ponerse a las órdenes de Kore-eda en "Milagro", película que supuso su debut interpretativo, es ahora elegida por Naomi Kawase. Empieza fuerte.

¿Qué es?

"Cerezos en Flor" para "El Bosque del Luto"

¿Qué ofrece?

"Una pastelería en Tokio" vuelve a bascular sobre aquellas elementos que dotan de una identidad propia la espiritual mirada de Naomi Kawase, pero si por algo destaca precisamente, es por situarse también en sus antípodas, para transmitirnos sin embargo, misma percepción y mismas sensaciones. Si en los últimos años su obra se había centrado en la concepción de la vida (fue el caso de "Nacimiento y maternidad", documental sobre su propio embarazo y parto que rodó en 2006, o de "Genpin", una inmersión en la filosofía del parto natural que estuvo a concurso en el Festival de San Sebastián 2010), su nuevo y conmovedor film bascula de forma tan sensible como delicada sobre la inevitabilidad de la muerte, pero también sobre la posibilidad de hacer realidad tu sueño de vida, por más que la sociedad conservadora a la que te debes te lo impida y aunque asome el lecho de tu muerte. En este sentido, lo nuevo de Kawase nos cuenta el encuentro de dos almas que se unen para hacer frente a las dificultades de la vida. Dos almas en pena que sin embargo, la alegría que les proporciona el compromiso y la conexión con el mundo tras formar equipo, les permite apreciar mejor sus cambios y su evolución. "Una pastelería en Tokio" es una película triste pero también optimista, que hace frente a la desesperación que inevitablemente azota a sus personajes aferrándose a las esperanzas que alberga su entrañable protagonista, aquellas que provocan que su hastiado 'discípulo' termine por cimentarse un futuro mejor a base de trabajar su interior. Indispensable lección de vida para la que probablemente signifique la película más dulce, modesta y accesible de Naomi Kawase hasta la fecha, quien indagando en el complejo funcionamiento de esta sociedad, pacientemente nos lleva a comprender mejor la esencia de nuestra existencia.

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