Los rostros de Abbas Kiarostami

Autor: Filmin Fuente: Filmin

Si solicitáramos a 100 críticos internacionales que elaboraran un listado con los 10 directores más influyentes de los últimos cincuenta años, 99 incluirían al iraní Abbas Kiarostami, un maestro del cine que a través de la simplicidad y la humildad ha sido capaz de contarnos mucho sobre la condición humana. Figura fundamental, no solo del cine iraní, sino del cine de autor de los últimos treinta años (desde "¿Donde está la casa de mi amigo?" en 1987 a"Like someone in love" en 2012), Kiarostami falleció el 4 de julio del pasado año  a los 76 años en París, donde se había trasladado estos últimos meses para recibir tratamiento para el cáncer gastrointestinal que le diagnosticaron en marzo. Una pérdida tan sentida como dolorosa que cerraba una semana trágica para la cinefilia universal, que en el espacio de siete días tuvo que despedir a Robin Hardy, Michael Cimino y ahora, Abbas Kiarostami, a quien desde Filmin rendimos su merecido tributo a través de una de las principales señas de identidad que distingue su cine: los coches y los close-up's.


Y es que el cine de Kiarostami se podría definir como una serie de pequeños grandes milagros cinematográficos. Muy pocos directores tienen su capacidad para captar con asombrosa sencillez tema que se suelen abordar con suma complejidad. A través de sus pequeñas historias rodadas en su Irán natal (y en la última fase de su carrera, fuera de ella), bajo el principio de menos es más, Kiarostami ha sido capaz de abordar las grandes cuestiones de nuestra existencia y conectar con un público global, que ha premiado sus películas en numerosos festivales como Cannes, Locarno, Venecia Valladolid. Como gran pensador de cine que fue, en los últimos años siguió desprendiendo de elementos su cine hasta llegar al absoluto minimalismo de "Ten" (donde nos presenta 10 breves historias presentadas como una cuenta atrás de los encuentros de una mujer divorciada que se desplaza en coche por Teherán) y de “Shirin” (donde solo vemos el contraplano que genera la pantalla de cine en un grupo de mujeres).

Un sello formal y visual inconfundiblemente significativo y distintivo, que llevó a su máxima expresión estética en "Copia Certificada" de la mano de Juliette Binoche. Pero no solo el primer plano, también el coche, así como el simple hecho de conversar con diferentes personajes mientras recorremos las bulliciosas calles de Teherán, es otra de las principales señas de identidad por las que destaca su imprescindible cine. Un medio, el coche, que Kiarostami utiliza para desvelarnos diversas realidades ficcionadas. Es el caso de la que quizás sea su película más emblemática, "El sabor de la cerezas" (Palma de Oro 1997) donde un hombre que quiere suicidarse busca con su coche un cómplice, o también en "El viento nos llevará" (León de Plata 1999) donde destacan los planos filmados desde el interior de un automóvil en los cuales sólo vemos el paisaje y a aquellos que lo habitan, mientras escuchamos las discusiones que mantienen los ocupantes del vehículo. Pero es precisamente en "Ten" (2002) donde esta obsesión que el autor reitera en uno y otro de sus filmes se radicaliza. Así como es en su última y maravillosa película, "Like someone in love" (comercialmente estrenada en España por Filmin) donde llevó este recurso a su máxima expresión. Es por ello que despedimos a Kiarostami como el cine siempre le recordará, sobre cuatro ruedas y a base de close-up's.


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