La censura no pudo con ellas
Autores que consiguieron esquivar al censo y estrenar su película ante las narices de todos. Las bombas de profundidad del maestro Luís García Berlanga, que evitó al censo franquista y articuló las películas más críticas hacia la dictadura jamás producidas o el ingenio de Jafar Panahi, que le ha permitido seguir trabajando a pesar de tener a las fuerzas de seguridad iraní siguiéndole los talones. Hoy es presentamos a seis valientes que navegaron contra viento y marea.
En 1979, la revolución islámica azotó las fronteras de Irán, sumiendo al país persa en un régimen opresor liderado por el ayatolá Khomeini. Era el primer paso hacia la nueva Irán que se ha conformado hasta hoy, una Irán hermética que ha fantaseado con la bomba atómica mientras era asfixiada por las multas internacionales encabezadas por Estados Unidos. Para entender el presente y pasado reciente de Irán, la autora Marjane Satrapi creó una joya de animación llamada "Persépolis" que de una forma amena y explicativa nos ayuda a entender la situación que ha atravesado el país y los cambios sociales y políticos que conllevó la citada revolución islámica. Una dictadura supone un control estricto por parte del estado de toda expresión cultural generada en sus fronteras, principalmente para evitar mensajes contrarios al régimen que puedan despertar las conciencias ciudadanas y auspiciar revoluciones indeseadas. Jafar Panahi ha sido, desde su primera película "El Globo Blanco" un férreo crítico del régimen iraní. Alabado por la comunidad internacional y perseguido por los suyos, Panahi tuvo que enfrentarse a la justicia en 2009, cuando las autoridades lo arrestaron. Un año más tarde lo condenaron a seis años de cárcel y veinte años de prohibición total para dirigir, escribir o producir cualquier tipo de contenido audiovisual o cultural. Pero eso no ha conseguido parar a Panahi.
¿Cómo esquivó la censura?
En 2011, un año después de la condena, Panahi consigue estrenar in extremis en Cannes su nueva película, "Esto no es una película". Rodada gracias a la ayuda de su amigo, el también cineasta iraní Mojtaba Mirtahmasb, Panahi consiguió un iPhone y se grabó en su casa durante su arresto domiciliario a la espera de la condena. Asfixiante y demoledora, "Esto no es una película" es un espléndido ejercicio de cómo un cineasta puede llegar a cualquier límite con tal de salirse con la suya, aunque en ello dependa su vida. Sacar la película de Irán para su posterior estreno en Cannes no fue tarea fácil. Escondida en una tarta de cumpleaños que contenía un pen drive con el susodicho film, Panahi conseguía evitar la censura en su país y mostrar al resto del planeta la realidad iraní. Cuatro años después, volvía a repetir la jugada con un film mucho más arriesgado, "Taxi Teheran", donde el nivel de exposición aumentaba al convertirse Panahi en un afable taxista que juega a la cámara oculta con sus clientes. Unos clientes que tiran de metáfora para exponernos con sus problemas y situaciones las múltiples caras del Irán de 2015.
Que el régimen Chino sea visto con buenos ojos en Occidente tiene mucho que ver con su arrollador poder económico. ¿Quién podría criticar el control al que se ven sometidos millones de ciudadanos chinos cuando se está tratando con la segunda potencia económica del mundo? Pues aunque muchos quieran obviarlo, mirar a un lado, o fingir que en China no pasa absolutamente nada con las libertades civiles (el buen doble rasero occidental, que destrona dictaduras cuando ve en ello beneficio), artistas como Ai Wei Wei o cineastas como Jia Zhang-ke han conseguido evitar los mecanismos del estado para sacar a la luz la deplorable situación que vive su país. "Un toque de violencia" nos muestra una China muy alejada de los triunfos económicos y la imparable, aunque ahora frenada, bolsa de Shangai, algo que no gustó a las autoridades del país, que aún no han permitido estrenar en sus pantallas la premiada película de Jia Zhang-ke. El caso de Ai Wei Wei llegó mucho más allá. Feroz en su critica a la China que albergó aquellos faraónicos Juegos Olímpicos, y activista político desde mucho antes, las autoridades chinas le permitieron sus andanzas hasta 2011, cuando lo arrestaron en el aeropuerto de Pekin alegando "evasión de impuestos".
¿Cómo esquivó la censura?
Tras tres meses de arresto domiciliario, Wei Wei volvía a estar "en libertad" para seguir dando rienda suelta a su arte. "Ai Wei Wei: Never Sorry" cuenta esta lucha contra la censura de uno de los genios artísticos y políticos que ha dado el siglo XX. A pesar de que puede seguir ejercitando su visión a través de su taller que agrupa a un buen número de artistas, ha vuelto a encontrarse con problemas con la autoridad, como en el caso de la "Crab House", una exposición construida a partir de los restos de su taller, destruido por el gobierno chino.

Años han pasado desde la dictadura impuesta por Francisco Franco, y mientras aún nos recuperamos de sus últimos coletazos y hablamos de segundas transiciones y cambios en la Carta Magna, el cine del maestro Luís García Berlanga sigue igual de vigente que siempre. Con el humor como principal ariete en la lucha contra la censura, las películas de Berlanga fascinaron a medio mundo y esquivaron el filtro franquista con ingenio y determinación. Berlanga hacía fácil lo difícil. Hablando de lo particular conseguía armar auténticos microcosmos que dilapidaban la imagen de aquella, la querida España de Franco. Tan solo tuvo que encontrar las teclas correctas.
¿Cómo esquivó la censura?
Básicamente intuyendo lo cortos de miras que serían los censores si conseguía obviar los tres grandes temas: sexo, religión y la política del Caudillo. Daba igual que en el pueblo de Villar del Río pudiéramos trazar múltiples paralelismos con la situación económica y social de esa España empobrecida y analfabeta, o si su mítico alcalde, el gran Pepe Isbert, daba un discurso en el balcón en el que no decía nada pero lo decía absolutamente todo. ¡Qué poco ha cambiado la España berlanguiana si nos atenemos a las numerosas metidas de pata del Presidente del Gobierno en funciones! Siempre salió victorioso pero por los pelos, pues algunas de las escenas de "Bienvenido Mr. Marshall", un sueño erótico de la profesora, no pasaron el censo. Pero aún así, las grandes obras maestras del genio florecieron en esta época, con el ingenio y picaresca que tanto caracterizaban a sus películas.

DALTON TRUMBO - ESTADOS UNIDOS
Los norteamericanos saben mucho de autocensura, pero hubo una época en su historia en el que el país de la democracia se enzarzó en toda una caza de brujas comunista que acabó salpicando al mundo del cine. El mundo era un lugar frío, y una batalla ideológica se libraba a medida que el reloj del apocalipsis avanzaba imparable hasta marcar las doce. No tuvimos que lamentar una catástrofe nuclear que habría acabado con nuestra existencia, pero muchas personas sufrieron en sus carnes el miedo y la paranoia que se asentó en una sociedad en la que no podías confiar en nadie. Espías aparte, la sola idea de ser comunista ya era inconcebible para las altas esferas del gobierno, y Hollywood fue una de las primeras víctimas. Joseph McCarthy y su lista negra consiguieron demonizar a guionistas y cineastas como Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lester Cole, Edward Dmytryk, Ring Lardner Jr., John Howard Lawson, Albert Maltz, Samual Ornitz, Adrian Scott y Dalton Trumbo.
En un proceso que atentaba contra la mismísima Constitución Americana, estos artistas fueron obligados a declarar si habían pertenecido en algún momento de su vida al Partido Comunista, asociado a la URSS. Trumbo efectivamente había formado parte de dicho partido, pero por que parecían ser los únicos que tomaban acciones reales para abogar por la paz. Cuando se negó a declarar en el interrogatorio si esto era verdad, Trumbo pasó a formar parte de la lista.
¿Cómo esquivó la censura?
Mediante seudónimos. Continuó trabajando durante más de una década, y cuando su reputación fue restaurada sobrevivió a este olvido impuesto y cosechó el éxito que merecía bajo su propio nombre, algo que no consiguieron otros guionistas que tuvieron que seguir trabajando tras el veto con seudónimos.

Una censura comprensible. Es de locos pensar que Disney te va a permitir rodar en su parque temático insignia una película que dilapida todos los principios estrella de la casa del ratón a la vez que ofrece una feroz crítica a su paternalismo extremo. Pues bien, Randy Moore, no contento con la negativa, se decidió a grabar en estilo guerilla dentro del parque de Disneyland World en Orlando, y "Escape From Tomorrow" es el resultado.
¿Cómo esquivó la censura?
Con mucha maña y algo más de morro. Incrustó a sus actores en pantallas verdes, fingió ser un turista más dentro de la maraña de gente que se reúne cada día en el parque, y casi al final del rodaje estuvieron a punto de pillarles porque les confundieron con unos paparazzis acosando a una familia de famosos. Todos los miembros del equipo se tuvieron que comprar un pase de temporada para Disneyland, ya que pasaron un total de tres semanas (aunque espaciadas en el tiempo) en los diversos complejos que posee la empresa en California. Hubo un momento de la producción en el que Moore le pidió a su equipo que se cortaran el pelo al cero y se afeitaran las barbas, para poder parecer más turistas, algo que casi provocó un motín en sus propias filas.

WILLIAM FRIEDKIN - ESTADOS UNIDOS
"A la Caza" fue una de las películas más controvertidas de los años 80 firmada por el creador de "El Exorcista" y "French Connection" e interpretada de forma memorable por un demente Al Pacino. Opresiva y oscura, trataba la historia de un asesino en serie dedicado exclusivamente a la comunidad gay de Nueva York. Pacino es un policía que debe infiltrarse en los clubs de cruising para intentar atrapar al asesino. Obviamente, y siendo Friedkin, las escenas en los clubs iban a ser lo más gráficas posibles, al menos hasta que la agencia de calificación gubernamental le comunicó que si no las eliminaba del metraje su película se haría con una bonita "X". Obligado por sus productores, tuvo que eliminar más de cuarenta minutos de la película que no pasaron el corte y le proporcionaron una "R".
¿Cómo consiguió esquivar la censura?
Lo que no consiguió Friedkin en los 80 lo hizo James Franco años después. En la edición del Festival de Sundance de 2013, "A la Caza" recibió su particular homenaje con una película basada exclusivamente en los 40 minutos no incluidos en en su versión final. La reconstrucción de las escenas eliminadas se realizó a partir de las entrevistas a los actores participantes en las mismas, y la película (e instalación), trajo consigo varias escenas de sexo explícito dirigidas por el director avant-garde del cine porno gay, Travis Mathews. Quien estuvo detrás del proyecto, no podía ser otro que James Franco.
