Donde nace el slasher
Ya lo hemos dicho, nos encanta el slasher. Los asesinos enmascarados de turbulento pasado, la sangre esparcida por el suelo de cabañas en el bosque, y la esperada catarsis a cargo de la Final Girl. En nuestro catálogo, tenemos desde los inicios del slasher como "El Fotógrafo del Pánico" a "La Matanza de Texas", pasando por su época de oro, su declive y su posterior resurrección gracias a "Scream" o joyas del género como "The Cabin in the Woods".
Todos los géneros tienen una trayectoria evolutiva que se va desarollando a lo largo de los años y donde sus elementos característicos, así como el número de producciones, sufren unos determinados cambios propiciados por cuestiones tanto sociológicas como económicas. Como ya hemos dicho, hoy nos centraremos en el subgénero slasher, aquel que focaliza su trama alrededor de un asesino en serie que se dedica a dar caza a adolescentes hormonados que intentarán escapar sin éxito, a no ser que sean una chica virgen, inocente y, a ser posible rubia, que probablemente se acabará salvando, la "Final Girl".
Leatherface, Jason, Myers y compañia
Los asesinos en serie gozan de una fascinación morbosa a la cual pocos se pueden resistir y, en Estados Unidos, el país del mundo donde pululan la mayoría de estos seres, ésta es aún mayor. Mientras estudiaba en la Universidad de Texas y compaginaba trabajos como asistente de director y cámara en películas documentales, Tobe Hooper empezó a interesarse por la figura de Ed Gein, un asesino en serie que perpetró sus crímenes a finales de los años 50. Junto con Kim Henkel, guionista de la película, desarrolló un libreto que pretendía ser una brutal crítica a la América del momento, la de Vietnam, del Watergate y toda la desinformación por parte del gobierno. El hombre es el verdadero monstruo, pero con diferente cara, palabras de Tobe Hooper para explicar el origen de un género que lo cambiaría todo.
Dentro de sus referentes para desarrollar tanto la trama como los elementos visuales que conformarían el film se cuentan todas las películas del giallo italiano, que ya habían explotado el concepto de "el hombre como monstruo", así como otras psycho movie clásicas como "Psicosis" o "El fotógrafo del pánico", que ya incorporaban la idea de psicópata. Pero, ¿en qué se diferenciaba lo que propuso Hooper? El elemento más evidente es la introducción del asesino en serie casi caricaturizado, con una máscara que oculta su rostro, como bien se encargaron de copiar en "Halloween" o "Viernes 13". El segundo es la inclusión de las víctimas adolescentes. Un grupo de jóvenes que se pierden en la América profunda, ya sea en el bosque, un lago, o cualquier otra localización perdida de la mano de dios para ser perseguidos por un horrorífico asesino en serie. La tercera, y posiblemente la más característica, es la inclusión de la "Final Girl", la chica del grupo que se salva milagrosamente al final y que, por cosas de la vida, era la persona más íntegra socialmente y, en algunos casos, virgen. Con todos los elementos encima de la mesa, el subgénero slasher ya estaba listo para triunfar, y tras el estallido de "La Matanza de Texas", a Tobe Hooper lo seguirían directores como Wes Craven y "Las Colinas tienen Ojos" (1974) o John Carpenter y "Halloween" (1978).
Durante los ochenta, se dio un boom del subgénero que acabó propiciando toda una retahíla de películas de corte similar, incluso continuaciones interminables de las sagas que le habían dado nombre. Esta sobrecarga acabó por cansar a un público que ya no se sorprendía debido a las altas cotas de predicibilidad a las que estaban sujetos los films. El desencanto comercial al que se vieron sometidas las acabaron relegando a un público muy específico y minoritario, que tenía que esperar al lanzamiento directo en VHS y que conformó todo el fenómeno del videoclub. Esto provocó que las películas antes mencionadas, como "Halloween" o "La matanza de Texas" acabaran elevándose a un status de culto que aún mantienen a día de hoy. ¿Era esto la muerte del slasher como género comercial? ¿O tan solo estaban esperando su momento para volver a resurgir?
Algunos autores que han reflexionado sobre la naturaleza y desarrollo de los géneros cinematográficos, como Jim Collins, que considera que la evolución de un género tradicional consta de tres fases. Aplicadas al slasher el esquema quedaría de la siguiente manera:
1. El periodo inicial:
Las características estéticas y narrativas empiezan a conformarse y crean una configuración que es reconocible por el espectador. Esto provocará que se empiecen a crear ciertas expectativas de género. Aquí situaríamos películas del subgénero psycho-movies y giallo.
2. La época dorada:
Las características estéticas y formales se establecen y alcanzan su máximo esplendor. Las expectativas del público estarán sujetas a elaboradas variaciones. En esta época se sitúa "La Matanza de Texas", que se alzaría como referente y dejaría toda una estela de películas similares e igual de emblemáticas que han quedado grabadas en la mente del colectivo.
3. El declive:
El género y todas sus convenciones se convierten en una autoparodia. Como apunta John Cawelti en "Films Genre Reader" , en esta etapa “los esquemas genéricos son tan conocidos que la gente se cansa de su predictibilidad” . En un subgénero de terror como es el slasher, la predictibilidad puede matar todo el encanto y, al final, para el espectador se convierte en “una película más donde la chica virgen acabará salvándose, no sin antes ser perseguida por el cruel asesino”. Esta es la étapa situada a lo largo de los 80 y gran parte de los 90. 
Una cita muy interesante para entender mejor este proceso aparece en libro de Rick Altman, “Los géneros cinematográficos”: “los géneros se desarrollan, reaccionan, adquieren autoconsciencia y se autodestruyen” ¿Mueren los subgénero después del declive? ¿Pueden morir alguna vez? La respuesta es no. Pueden ser olvidados por gran parte de la audiencia, relegados a modestas producciones y dirigidos a pequeños públicos, pero nunca morirán. Que un género entre en declive no significa que no pueda resurgir y volver a alcanzar una época dorada, de hecho, puede volver a empezar desde el período inicial en un acto de renacimiento.
Y de las cenizas resurgió... "Scream. Vigila quien llama"
Cansados de secuelas y con mucha nostalgia hacia las películas primigenias, Wes Craven y Kevin Williamson resucitaron el subgénero gracias a una película altamente autoreferencial y además, una buena película que volvía a dar miedo, o al menos, generaba tensión. 
"Scream" innova en que, tanto los propios protagonistas como los espectadores conocen las reglas del subgénero y hacen multitud de referencias a ello durante todo el metraje. Una escena clave para entender este juego se da cuando los chicos hablan sobre las reglas para sobrevivir en una película de terror. Además, la propia motivación de los asesinos viene dada por esta adoración a las películas de la época dorada, llegando a mencionarse hasta un total de 17.
Esta autoreferencialidad, o también hiperconsciencia de género, fue favorable en los 90, donde comenzó a darse una tendencia a reciclar textos del pasado gracias a la facilidad que empezaba a tener el consumidor de acceder a este material, ya fuera a través de videoclubs o VHS. La función de pasado y presente de los propios géneros se difuminaba, y las referencias se volvían más fáciles de utilizar, ya que el espectador tenía consciencia y acceso a ellas. Hoy en día con Internet este concepto se ha incrementado hasta límites que hasta hace unos años parecían imposibles. De hecho, podríamos decir que hoy en día la cinefília no tiene límites, y tenemos toda la historia del cine al alcance de un solo click. 
Gracias a "Scream", el slasher se puso de moda de nuevo, y a pesar de que fue la única en su época que explotó esta faceta del metalenguaje, también supuso una avanzadilla para que a la gente volvieran a gustarle los asesinos en serie enmascarados sin ningún tipo de motivación aparente. Pero Hollywood no se conformó con crear nuevas sagas, si no que acabó generando toda una oleada de "reboots" o "remakes" de las películas slasher clásicas de los 70. Estas películas se diferenciaban de las originales en la modificación de la figura del asesino con una cierta tendencia a humanizarlo explicando sus trágicos orígenes. Ejemplos de ello son: "La matanza de Texas: El origen" o "Halloween: El origen" de nuestro Rob Zombie.
La evolución de "Scream", en cambio, es más similar a la que sufrieron "Halloween" o "Viernes 13". Se consagró, Ghostface pasó al imaginario popular y se hicieron sus reglamentarias secuelas, que ya han llegado a la cuarta entrega y hasta una serie de televisión que ya va por su segunda temporada. A pesar de ello, uno de los factores más reconocibles y que agradecemos de la saga de Wes Craven es que nunca pierden el sentido de la autoconsciencia y acaban riéndose de si mismas hasta el final. "Scream 4" es un gran ejemplo de ello, ya que explotan el concepto de los remakes en su propia piel, y la película actúa como si fuera un "Scream 1" revisionado. Nosotros nos quedamos con la frase de Sidney Prescott: "La primera regla de los remakes: no jodas al original" .
Y después, años después de que "Scream" lo pusiera todo patas arriba, y volviera a iniciar el ciclo que acabaría por volver a saturar al slasher, nació "The Cabin in the Woods", una vuelta de tuerca loquísima que se ha convertido en una de las mejores películas que ha dado el género en los últimos años. "The Cabin in the Woods" redefine el cine de terror por más que su premisa argumental parezca llevarnos al terreno de la más absoluta redundancia, riéndose con gamberra inteligencia de los manidos códigos del slasher y la monster-movie, y teniendo, además, el descaro de ponerlos en constante práctica profanándolos con brutales giros, mordaz autoconsciencia, delirante metalenguaje y una genuina sorna que desemboca en una catarsis final que aún no ha encontrado rival. 