Colección Debate: “El Telón de Acero”, de Anne Applebaum
Cuando Europa quedó dividida por la frontera ideológica que marcó el devenir de la historia del siglo XX, los discursos del bloque comunista y capitalista cobraron más fuerza que nunca. Más de veinte años después de la caída del telón de acero que polarizó el mundo, los ecos de aquellos discursos siguen resonando desde ambos frentes a través de los testimonios de protagonistas y testigos, que reafirman y desmienten las historias de la Guerra Fría.
Precisamente, la periodista estadounidense Anne Applebaum, que cubrió para The Economist la caída del comunismo en Polonia, cuestiona algunos de los mitos creados en torno a los orígenes del enfrentamiento entre potencias en “El Telón de Acero: la destrucción de Europa del Este, 1944-1956”, su nueva obra publicada. Bajo el sello de la colección Debate de Penguin Random House, la escritora evoca y describe la experiencia humana e individual de la sovietización a través de un relato repleto de detalles sobre la evolución totalitarista del comunismo en los países del Este.
Los testimonios en primera persona de los ciudadanos húngaros, alemanes y polacos que Applebaum recoge en su nuevo libro otorgan gran consistencia a la narración, que abarca desde los estertores de la guerra hasta la Revolución Húngara anticomunista del 56. Un interesante retrato de las consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales del periodo estalinista elaborado por la ganadora del Premio Pulitzer en 2004.
Los dos lados del muro
Las históricas tensiones entre los bloques Occidental y Comunista han inspirado algunas de las historias más intrigantes jamás contadas. John Le Carré se basó en el enfrentamiento entre potencias para escribir sus más célebres novelas de espías, que en varios casos fueron adaptadas al cine con posterioridad. “El espía que surgió del frío”, “Llamada para un muerto”, “El Espejo de los Espías” y “El Topo” son sólo algunos de los célebres relatos del escritor británico que han llegado a la gran pantalla a lo largo de los últimos 60 años.
Pero el celuloide también ha sabido contar sus propias historias sobre la confrontación ideológica que polarizó el mundo. En Hollywood, durante la Guerra Fría, se realizaron numerosas películas propagandísticas. El ucraniano Anatole Litvak, junto a John Ford o Billy Wilder, fue uno de los directores al servicio de este movimiento anticomunista. En “Rojo atardecer” (1959) nos traslada a la invasión soviética de Hungría, durante la que un grupo de ciudadanos extranjeros intentan huir del país. Entre ellos se encuentra una mujer británica, de la que se enamora uno de los oficiales soviéticos que pretende detener la revuelta popular contra el gobierno comunista húngaro. Este film supuso el reencuentro entre Deborah Kerr y Yul Brynner, que tres años atrás habían protagonizado “El rey y yo”.
El conflicto también se representó en clave cómica. En 1961, el maestro Billy Wilder viajó con todo su equipo hasta Berlín para rodar “Uno, dos, tres”, probablemente la mejor de sus comedias. En plena Guerra Fría, el director estadounidense se embarcó en esta hilarante historia protagonizada por un importante ejecutivo de Coca-Cola afincado en el Berlín oeste. Durante la grabación del film, el ejército de la RDA levantó el muro que separaría la capital alemana durante casi treinta años. El drama que supuso para la población también lo fue para el equipo de rodaje, que tuvo que trasladarse a los estudios de la Bavaria Film en Múnich para completar el set y poder acabar las escenas de la película.
El Moscú de la Guerra Fría también apareció retratado en "Gorky Park" (1983), del genio del cine británico Dennis Potter. Este thriller, basado en el best-seller de Martin C. Smith, recoge los crímenes cometidos por las altas esferas políticas soviéticas. El meticuloso detective de policía Arkady Renko (William Hurt) investiga los asesinatos de tres ciudadanos pese a las trabas burocráticas que se interponen en su camino.
"Good Bye, Lenin!" (2003) ofrece otro punto de vista cómico sobre la caída del Muro de Berlín y el cambio que supuso en las vidas de los ciudadanos del Este. Tras despertar del coma, la madre de Álex (Daniel Brühl), una mujer orgullosa de sus ideas socialistas, deberá enfrentarse a la instauración del capitalismo en la Alemania Oriental. Sus hijos, preocupados por su salud, convertirán la casa donde viven en una isla anclada en el pasado para que su madre viva creyendo que nada ha cambiado.
La segunda película de George Clooney como director fue un golpe a la cruzada estadounidense contra el comunismo en desarrollada en los años 50. "Buenas noches y buena suerte" (2005) narra la historia real del enfrentamiento entre el periodista televisivo Edward R. Murrow y el senador McCarthy, obsesionado con la presencia de agentes soviéticos infiltrados en el elército y la administración estadounidense.