Alex van Warmerdam, ese loco holandés
"El Príncipe del Humor Negro", ese "loco holandés", o el director más infravalorado de Europa han sido algunos de los piropos que prensa y público le han dedicado al bueno de Alex van Warmerdam. Y todos le quedan como un guante. Con motivo del estreno de "Borgman" para los suscriptores, presentamos en Filmin la filmografía cuasi completa de van Warmerdam, autor de esta bizarrada hanekiana que se siente como si el director austríaco se hubiese acostado con el "Canino" de Yorgos Lanthimos.
Lo que la peculiar ópera prima de Alex van Warmerdam básicamente nos cuenta es lo que ocurre cuando un 'niño' de 31 años de edad, sin apenas habilidades sociales, se ve inmerso en el mundo real. Un punto de partida que pese a sonar a cliché se aleja de sobremanera de él. Y es que, hablamos de una película de Alex van Warmerdam, alguien que ya mostraba su particular estilo, tan surrealista como absurdo, con esta insólita comedia de sabor terriblemente ácido sobre un hombre con agorafobia. "Abel" es un retrato tremendamente negro y bizarro sobre alguien que nunca ha salido de casa (literalmente) y que no tiene ambición alguna por lo que pueda depararle la vida. Un retrato de base prácticamente teatral, en la que desde su apertura hasta su cierre, se respira un ambiente maravillosamente extraño imposible de describir, imprescindible de experimentar y descubrir.

Es la segunda realización de Alex van Warmerdam y probablemente la más emblemática y aclamada, aquella que lo encumbró como uno de los más estimulantes referentes del cine autorial europeo. "Los Norteños" es reconocida por muchos como su mejor película debido en parte a que ante todo confirma su negativa de comprometer su visión artística al atractivo comercial, así como de mantenerse fiel a la lealtad que profesa a su elenco y troupe habitual (abanderada por su propia mujer, Annette Malherbe). "Los Norteños" se centra en una pequeña y hermética población cuya vida cotidiana es contemplada a través de la mirada de un niño obsesionado por África. Como no podía ser de otra forma, hablamos de una comedia muy muy negra e inconfundiblemente surrealista que, ubicada en en la Holanda de los años 60 durante el desarrollo urbanístico, ya nos muestra los primeros signos que caracterizarán la posterior filmografía de nuestro querido director holandés. Hombres totalmente anulados y caricaturizados que tienen que imponer la fuerza física para conseguir una mínima y frustrada satisfacción sexual; un profundo desprecio a una burguesía completamente desarticulada y una dura crítica a una religión cristiana que ha cimentado su historia con la sangre vertida en las muchas invasiones coloniales. Es también el van Warmerdam más abierto, que además de utilizar agobiantes espacios cerrados como la casa de la familia y la carnicería, da paso al misticismo de los bosques y las ninfas, transformadas esta vez en un curioso cartero, interpretado por si mismo, que espía la correspondencia de sus personajes, los vecinos del pueblo, para influir en sus vidas. Un personaje con el que podríamos trazar un paralelismo inverso con lo que ocurre en "Camarero".

Esta es la historia de la vida de un vestido, empezando por su diseño y fabricación, y acabando por su singular forma de desaparecer. El vestido es el vehículo para contar una serie de extraños eventos que atrapa a todos los que se cruzan en su camino. Un diseñador con extrañas preferencias sexuales, un artista desmotivado, una estudiante virginal, una criada insatisfecha, un revisor de billetes de tren algo psicópata y un hombre de negocios arruinado, todos se convierten en jugadores involuntarios en un juego macabro. Nadie que haya tenido contacto con el vestido puede escapar de sus dramáticas, terribles e hilarantes consecuencias.

Uno de los triángulos amorosos más bizarros del cine contemporáneo presentado por Alex van Warmerdam. "Little Tony" es el Van Warmerdam más puro, donde convergen todas las peculiares características de su cine para explotar en una película tan completa como desternillante. Pero la risa que produce van Warmerdam se lleva por dentro, y aunque hayamos caído derrotados ante su ingenioso y destilado humor, la serie de catastróficas desdichas que viven sus personajes tienen un punto trágico perfectamente calculado. Y no os perdáis el argumento: la mujer de un iletrado pueblerino, harta de tener que leerle los subtítulos de sus westerns favoritos, contrata a una profesora para que le enseñe a leer. La pasión se incendia y después de un cortejo un tanto peculiar en el que no sobran peticiones tan directas como "Enséñame la teta derecha, la otra ya me la imagino yo", la mujer acaba percatándose de lo que pasa en las finas paredes de su hogar. En una película "normal", la mujer pondría el grito en el cielo y en la tierra, en una película de van Warmerdam, convence a su marido para hacerse pasar por hermanos y que continué su affaire con la profesora. El resto, tenéis que verlo por vosotros mismos.

Tras ocho años de ininterrumpido descanso, Alex van Warmerdam volvía al mundo del cine con este crowd pleaser metalingüistico que cuenta con las señas habituales del cine del autor holandés que sería algo así como un "Adaptation" pasado por el filtro de Aki Kaurismäki. La trama nos presenta a Edgar, camarero de un restaurante un tanto siniestro con una vida dura y muy poco interesante. Pero no tardaremos en descubrir que este camarero es en realidad el personaje de una novela que está escribiendo un autor mediocre con falta de inspiración preocupante, quien incluso su propio personaje ficticio le incurre en casa para pedir cuentas sobre su destino en el apartamento del escritor, el cual, lógicamente, se horroriza al ver que el fruto de su imaginación se ha materializado.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EMMA BLANK
Con un tono retorcido y una esencia bizarra similar a la propuesta por Yorgos Lanthimos en "Canino", "Los últimos días de Emma Blank" nos traslada una ácida visión de la familia y de la burguesía a través de la historia de Emma, una mujer que, debido a su convencimiento de sufrir una enfermedad incurable, esclaviza a su servicio con las más absurdas órdenes y humillantes exigencias. Hasta que un día estos deciden rebelarse. Empezando por el propio van Warmerdan, quién en esta ocasión (literalmente también) hace de perro. Relaciones familiares de lo más desestructuradas, una tirana a la que su jardinero le recorta un césped en forma de esvástica y un feroz mensaje que dilapida todas las convenciones sociales que podamos tener ante la figura del enfermo. Era el van Warmerdam antes de "Borgman", su consagración internacional.

El sorprendente y bizarro allanamiento del mal en el seno de una familia de clase alta, aunque moralmente no tan bien acaudalada. Un particular demonio llamado Borgman emerge bajo tierra para irrumpir en sus vidas y sembrar el caos en el hogar de su benefactor, seduciendo a su esposa o provocando perversas muertes a su paso. Tan cómica como terrorífica, tan reposada como abrupta, "Borgman" supone un paso adelante en la interesante y curiosa filmografía de su director. La alienación de la clase alta y sus terroríficas consecuencias son el pilar sobre el que se sustenta esta sorprendente y surreal comedia de horror social enfermizamente jocosa. Su incursión en Sección Oficial probablemente haya tenido el mismo efecto que la aparición de tan insólito personaje en semejante hogar. Razón más que suficiente para defender su incendiaria participación en un festival con tanto lujo como el de Cannes.
