The Xavier Dolan Mixtape: sus momentazos musicales

Autor: Álvaro Augusto

The Xavier Dolan Mixtape: sus momentazos musicales

"La música es el alma de una película por una sencilla razón: es el intercambio definitivo con la audiencia". Palabra de Xavier Dolan, uno de los más precoces genios actuales del séptimo arte. Veintiocho años, seis películas, multitud de premios -muchos de ellos en el lugar que le acoge como si fuera un profeta, el Festival de Cannes- y un prometedor futuro que incluye "The Death and Life of John F. Donovan", film que estrenará este año y que tiene en su reparto a estrellas como Susan Sarandon, Jessica Chastain, Natalie Portman, Kathy Bates y que cuenta, además, con la aparición estelar de Adele. Y todo esto no es fruto de la casualidad sino del enorme talento de Dolan, que conoce perfectamente el lenguaje cinematográfico, y pone especial cuidado en cada uno de los  elementos del film. Y entre ellos, la música.  Eso que supone el intercambio definitivo con la audiencia. Por ello, hoy, desde Filmin, queremos destacar cinco canciones y con ellas, repasar cinco títulos en la corta, pero ya imprescindible, trayectoria de este Orson Welles 2.0, la cual acompañamos con esta lista especialmente creada para él en nuestro canal de Spotify


"Dragostea Din Tei"
de O-Zone:"Sólo el fin del mundo"

La última película de Xavier Dolan, que le valió el Gran Premio del Jurado en Cannes por segunda vez (ya lo había ganado con su anterior film, "Mommy"), basada en un obra de Jean-Luc Lagarce, vehículo perfecto para un artista que a lo largo de su filmografía siempre ha demostrado un enorme interés en explorar y dinamitar las relaciones familiares y, sobre todo, las relaciones materno-filiales. En este caso, se trata de un joven escritor, que tras una prolongada ausencia de doce años, en los cuales apenas ha tenido contacto con su madre y hermanos más que en alguna fecha señalada y a través de postales, regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia el hecho irrefutable de que se está muriendo. Un punto de partida que bien hubiese valido para un sentimentaloide melodrama sobre la pérdida, de esos que buscan con impudicia la lágrima, pero que aquí se vuelve, en las expertas manos de Dolan, un furioso retrato donde los personajes se vacían de reproches y dejan libre su resentimiento y rabia. Con las habituales virtudes del cine del canadiense, quien, en esta ocasión, encierra a sus personajes en una casa y les limita a vagar por ese escenario, destaca la utilización de la música. Y ninguna escena como aquella en que la madre, interpretada por una soberbia Nathalie Baye (por cierto, la madre menos intensa que haya dibujado Dolan) interpela a su hija para que bailen juntas en la cocina "Dragostea Din Tei", aquella canción que tuvo el dudoso honor de ser el hit del verano hace unos años.  Un momento de kitsch musical que supone, a la vez, un intervalo de  paz en el drama de una familia tan desestructurada como inolvidable. Una maravillosa obra de arte.



Noir Desir
de Vive la Fete: Yo maté a mi madre

Xavier Dolan tenía sólo 20 años cuando presento su ópera prima en el Festival de Cannes, dejando claro que su precoz talento daría grandes frutos en el futuro (y sí, fue una profecía acertada). En ella, Dolan volcaba parte de su propia biografía: los problemas con su progenitora (que serán una constante en su filmografía), su sexualidad, su ímpetu creativo y su comportamiento, tan desordenado y furioso, tan impulsivo y caótico, como el de cualquier adolescente algo perdido que se siente incomprendido y que busca en el arte, en el cine, ese medio ideal para expresarse. Esa necesaria válvula de escape. Y Dolan lo hace, en este caso, con agresividad, urgencia y visceralidad, imprimiendo al film un ritmo nada dócil ni manso. Por eso, no hay escena, ni canción, que encierre mejor el espíritu de la película que el momento en que el personaje que interpreta Dolan, acompañado por su novio, va a pintar las habitaciones de la casa a la que pretende mudarse. De pronto, estalla la canción "Noir Desir" de Vive la Fete y en una combinación de cámara lenta y cámara rápida, con un montaje que recuerda al ritmo de los videoclips, vamos viendo caer y deslizarse la pintura por las paredes, creando formas que bien podrían remitirse al expresionismo abstracto, a Pollock, para terminar en una escena de sexo, con los dos amantes desnudos, embadurnándose en pintura y entrelazando sus cuerpos con los trozos de periódico del suelo, mientras la canción llega a su apoteosis y, abruptamente, termina. Y no olvidemos lo que dice la letra de la canción (traducimos al español) ."No puedo calmarme, déjame vociferar, tengo demasiados pensamientos tristes, por eso quiero gritar. No estoy contento, estoy furioso como un niño". Y esta película es, precisamente, el grito de alguien furioso. 


Bang Bang
de  DalidaLos amores imaginarios

Al contrario que "Yo maté a mi madre", este film, de ritmo más pausado y sosegado, de una deslumbrante y fascinante evocación romántica, que también tuvo su presentación en el Festival de Cannes, es una aproximación al deseo, realizado de una forma más tierna y sentimental, sin la rabia que destilaba su debut.  Decía uno de los personajes de "La ley del deseo" de Almodóvar (una clara influencia dentro del cine de Dolan) que "el amor es algo que absorbe las veinticuatro horas, que te impide concentrarte en otras cosas. Y eso es lo que más me atrae y lo que más me horroriza" . Y eso es exactamente lo que experimentan dos jóvenes, dos viejos amigos, ambos profundamente enamorados de un tercero que acaban de conocer, ambos convertidos en una especie de  Gustav von Aschenbach que admiran en la distancia al objeto de su deseo, a su recién descubierto y bello Tadzio, pero sabiendo que ninguno podrá llegar jamás a tenerle. Y ningún momento contiene tan bien la esencia del film como ese en el que los personajes de Dolan y Monia Chokri se preparan en sus casas, creyendo que han quedado a solas con Nick y ajenos a la futura presencia del otro; y así, mientras una se ajusta la ropa y se pone rímel en las pestañas, el otro se perfuma con delicadeza, y ambos lo hacen a cámara lenta mientras suena la versión de Dalida de Bang Gang (sí, la misma canción que Tarantino introducía en "Kill Bill", cantada por Nancy Sinatra) y esos ralentís se convierten en la mejor metáfora de la espera, del camino que culmina en la llegada al bar, para descubrir que Nick había quedado con los dos. Una decepción. Una esperanza frustrada. Un sueño roto. !Bang, bang! mi chico me abatió.



A New Error
de ModeratLaurence Anyways

Tal vez una de las propuestas más ambiciosas de Dolan. Una historia de casi tres horas de duración que aborda el tema de la sexualidad humana y que fue premiada en el Festival de Toronto como mejor película canadiense. Y no es para menos: si  Dolan, con sólo dos películas a su espalda, debía demostrarle aún a alguien que era un virtuoso en el uso del lenguaje cinematográfico, en el manejo de la cámara, del encuadre, el montaje, la fotografía y, sobre todo, la música, lo hizo claramente con esta apabullante epopeya homérica, tan tierna como lírica, tan estimulante como desafiante para el espectador. Tan sentimental, incómoda y brillante. Podríamos haber elegido cualquier canción, todas son significativas y suponen puntos de inflexión dentro de la trama, pero al final nos hemos decidido por la canción instrumental de Moderat, " A New Error". Y lo hacemos gracias a las propias palabras de Xavier Dolan, que en su día declaró. " A veces la idea para una película se inicia escuchando una canción. A New Error me permitió imaginar Laurence Anyways en mi mente. Usamos la canción en el trailer que edite y literalmente se quedó en mi cabeza por dos años, incluso antes de que yo escribiera algunas escenas en el guión". Una canción que le llevó a la historia de Laurence Alia, reputado profesor de literatura, que mantiene una relación estable con su afable, cariñosa y leal novia, cuya vida sólo parece feliz en apariencia, pues es víctima de un fuerte dolor gracias al secreto que esconde y que, por fin, decide hacer público con su novia y amigos: siempre se ha sentido mujer y ahora ha decidido iniciar su anhelado cambio de sexo. Y, sobre todo, le llevó a aquella extraordinaria y onírica escena donde suena la canción, en que Melvil Poupaud, vestido de mujer,  y Suzanne Clément,caminan por la calle mientras llueve ropa, en un ambiente tan colorido y pop como imposible.


Pero si otro momento estelar a recordar en "Laurence Anyways", ese es el que nos brinda Visage con su mítico tema, Fade to Grey

Wonderwall de Oasis: Mommy

La película que más se parece a su ópera prima, "Yo maté a mi madre", que también fue presentada en el Festival de Cannes y que se alzó con el Premio del Jurado, honor que Dolan tuvo que compartir con Jean-Luc Godart. El viejo enfant terrible y el nuevo niño rebelde del séptimo arte juntos. La escena tuvo algo de metáfora. Pero más allá de premios  y honores, queda el film. Una historia ambientada en una Canadá futurista, donde se aprobó una ley que permite que el estado se haga cargo en centros especializados de aquellos hijos problemáticos que sus padres no son capaces de controlar. Pero Diane querrá intentarlo y educará ella misma a su hijo Stevie, que padece déficit de atención e hiperactividad y que tiene, por consiguiente, un comportamiento impulsivo que muchas veces se vuelve agresivo e irrespetuoso, rompiendo en estallidos violencia, llevando una vida desordenada y peligrosa, complicando la plácida existencia de su madre. En este caso, podríamos elegir decenas de canciones, desde Celine Dion a Lana Del Rey, pero nos quedamos con el momento de Oasis, con Wonderwall. Porque supone un punto de inflexión, de aparente cambio, de alivio, alegría y alboroto; porque es donde, por fin, parece que las relaciones entre los personajes pueden mejorar. De hecho, es el momento donde Dolan,  transgresor e ingenioso, que sabe jugar muy bien con los formatos y sus significados, abandona el asfixiante formato 1:1 ,donde tenía comprimidos a madre e hijo, y los libera. La imagen se amplia hasta ocupar toda la pantalla. El efecto es brillante. Los personajes pueden respirar mientras vemos a Stevie con sus auriculares recorrer la calle con su monopatín, y a su madre y una amiga seguirlo en bicicleta. Mientra, Oasis continúa: "porque quizás  tú vas a ser la única que me salve. Después de todo, eres mi maravilloso apoyo". 



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