"Snowpiercer" el Atlas de las Nieves de Bong Joon-ho

Fuente: Joan Sala (filmin)

Y por fin llegó el día. Su estreno masivo en Estados Unidos aguardaba a la espera de salvar el tijeretazo de Harvey Weinstein (malditos recortes). Un detalle que la reciente Berlinale bien tuvo bien en cuenta para rescatar "Rompenieves (Snowpiercer)" del injusto ostracismo al que se veía abocada. Tras disfrutarla en las pantallas grandes nuestros cines, hoy estaciona en nuestro salón a través de filmin. El atlas de las nieves de Bong Joon-ho huele a futuro culto. Pasajeros al tren, el divertimento en su vertiente más arrolladora y el delirio más transgresor y desbocado, son su principal motor. Así que, abróchense los cinturones que vienen curvas. 

¿De qué va?

"Rompenieves" narra una historia situada en un mundo post-apocalíptico, después de una guerra mundial que precedió a una glaciación. Los pocos supervivientes se encuentran en el último tren de la Tierra, llamado precisamente Le Transperceneige. Este tren continúa moviéndose en círculo a través de un desierto de hielo y nieve. Mientras los pasajeros más pobres sufren en las peores condiciones el frío y el hambre, aquellos que viajan en clase "premium" viven como reyes. El tren continúa recorriendo este círculo vicioso, hasta que un día, uno de los "miserables" decide cambiar este status quo, a la vez que descubrirá todos los secretos del último tren de la humanidad.

¿Quién está detrás?

Conocido por muchos como el Alfred Hitchcock coreano, Bong Joon-ho (que ahora hace de Wachowski) es el responsable de tres de los títulos más importantes que el cine oriental nos ha dado en los útimos 20 años. En todos ellos es capaz de combinar el mejor brío del thriller americano, la tan característica melancolía francesa e incluso un sentido de la astracanada que roza la tragicomedia mediterránea para brindarnos una mirada emocionante, tierna y comprensiva hacia el incómodo mundo del error humano, de la limitación intelectual. Lo puede hacer mediante un thriller criminal ("Memories of murder"), una monster movie ("The Host") o un oscuro y transgresor drama familiar ("Mother"). Próxima parada, una distópica y grandilocuente ciencia ficción que adapta la novela gráfica "Le Trasperceneige" escrita por Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb. La edición española del cómic fue publicada en dos volúmenes por Bang! Ediciones en 2006 con el título "El rompenieves" (aunque ya fue publicada en Totem en su momento bajo el título El Transglacial hace ya muchos años)

¿Qué es?

Admite referencias que pueden ir desde el totalitarismo que impera en "1984", al escacharrante universo de Terry Gilliam, pasando por "Speed", la batalla del pasillo de "Oldboy" (no olvidemos que Park Chan-wook produce), o incluso se me apuran, un parentesco no tan lejano con "Los amantes pasajeros" (el tren sustituye al avión, los que mandan van en primera clase, y los que sufren en la cola, y por descontado, el mundo está hecho una mierda). Lo dicho, semejante mejunge de referencias solo nos puden llevar al atlas de las nieves de Bong Joon-ho.

¿Qué ofrece?

Lo advertimos en su previa, la novedosa incursión de Bong Joon-ho en el mundo de una distópica ciencia ficción viene acompañada de grandes aspiraciones. Él mismo se confiesa, afirmando que ha trabajado en el proyecto con la idea de que no se volverán a realizar más películas sobre trenes. Es decir, la ha rodado como si fuera el testamento final del tren en el cine. ¿Cómo? pues empezando por construir un convoy específico de más de 90 metros de longitud.

No podía ser menos, si su gran objetivo no era otro que embarcarnos en un trayecto contundentemente sacudido por la acción esquizofrénica. "Snowpiercer" viene propulsada por una desbocada y enajenada base argumental (y visual), que no da tregua mientras recorremos tan inabarcable y aparatosa maquinaria totalitaria. Con todos sus defectos (que los tiene) y virtudes (que también las luce), estamos ante una obra de futuro culto. Un blockbuster intrínsicamente orwelliano que resulta tan errático como lúcido, que se siente tan libre en la dirección, como fiel al cómic que adapta. Uno tiene la sensación que el director coreano ante todo, a querido divertirse y divertirnos. Y lo ha conseguido con un artefacto que es cine fantástico, pero también es cine político, filosófico, en el que yace un discurso ambiciosamente social, pero que también resulta bizarramente cómico. Un espectacular batiburrillo a gran escala en el que Tilda Swinton, y cada uno de los vagones que habita, se transforman y sorprenden de forma tan singularmente estrafalaria, como estrambóticamente kitsch. Aquí hay de todo, y para todos. Asombrosa. Pasajeros al tren.

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