Pros y contras de rodar un documental en solitario

Autor: Javier Acevedo Fuente: Indiewire

Pros y contras de rodar un documental en solitario

Vivimos en una época donde la revolución tecnológica ha puesto en las manos incluso de las sexagenarias más avezadas al ganchillo dispositivos para capturar imagen y sonido que habrían sido el sueño húmedo de Robert Flaherty o Harun Farocki en sus inicios. La supuesta democratización creativa impuesta por esta revolución ha hecho que instrumentos con una excelsa capacidad de producción audiovisual estén disponibles para todos aquellos con al menos una hucha de cerdito medianamente cebada. Quizá ese sea el motivo por el que el género documental ha experimentado en los últimos años una transición hacia la producción doméstica, desde el minimalismo técnico a la maximización de los estímulos creativos, acuciados por las numerosas problemáticas que inundan los feeds de noticias a diario. Por lo tanto, no hay excusa para no lanzarse y pasar las historias que pueblan tu fantasía a espacios más terrenales, dando voz a aquellos narradores de historias sedimentadas en la rutina o siendo tú quien construya epopeyas a partir de retazos recogidos en el deambular de tus pasos por cafés y callejuelas. 

En Filmin queremos avivar las llamas de vuestra creatividad, y por eso os acercamos algunos pros y contras de querer grabar un documental por vuestra cuenta y riesgo. Meditad atentamente sobre estos puntos y espolead esos caballos indómitos llamados creatividad y originalidad para conducir la narrativa que teje vuestros sueños al lugar donde el vídeo da forma concreta a vuestras ilusiones. Si este axioma a lo Paulo Coelho os ha dejado ahítos de empalagosidad, pasad directamente a los pros y contras y animaos a contar vuestra historia, quizá algún día hasta figure en nuestro catálogo. Wim Wenders dijo que "nada de lo que está hecho sin amor sobrevivirá" y "Relámpago sobre agua" es una de sus incontestables muestras de amor por el documental, donde refleja la verdad de un Nicholas Ray en su lecho de muerte.  Seguid los pasos de Wenders en su crónica sobre el cénit del maestro americano, y como sabemos que os sobra amor por la cámara y por una buena historia, anotad estos consejos para narrar relatos que enamoren a otros.

LOS PROS

1. Libertad creativa: El documentalista que trabaja en solitario y controla todos los aspectos creativos de su obra goza de una absoluta autonomía para contar lo que desee sin trabas de ningún tipo. Así, tipos como León Simiani pueden hacer un documental como "Mapa" donde muestren cómo buscan la inspiración para su primer largometraje tras ser despedidos, viajando hasta la India siguiendo su impulso y usando su cámara como diario de una odisea a lo Fellini con ritmos de Queen.

2. Intimismo: O lo que es lo mismo, trabajar solo permite que el sujeto de tu historia intime contigo, de este modo podrás conocerle mejor o incluso mimetizarte con el entorno y contexto que documentas, al eliminar el artificio técnico que te separa entre la verdad de tu historia y tu condición de observador. Nikolaus Geyrhalter pasó unos diez años con antiguos trabajadores textiles en "10 años de amistad". Al trabajar solo, sus diálogos se acaban volviendo espontáneos, y la historia se expande desde sus límites iniciales a medida que los trabajadores desvelan su intimidad más próxima. Para Geyrhalter el desempleo en su relato es un pretexto dramático. "Contar una historia es como plantar un árbol. Nunca sabes cómo crecerán las ramas, como director puedo ver y elegir qué ramas seguir en mi historia", tal y como él mismo afirmaría.

3. Riqueza visual: Muchos documentalistas encuentran satisfactorio trabajar solos porque eso les permite enfocar el tratamiento de la imagen hacia la dirección que ellos deseen. Y es que es importante dotar a tu historia de una variedad visual, de una orquestación plástica que la haga dinámica, sugerente y que sobre todo revele microgestos en el entorno o tu personaje que realcen la tensión que genera la verdad latente en esa narrativa. "Nanook, el esquimal" es una obra maestra del género documental en la que Flaherty hizo todo, y la famosa escena donde graba a una ballena con planos más agitados y amateur que un fan del movimiento Dogma es perfecta visualmente porque está al servicio de una verdad: refleja la fascinación y emoción de alguien que la ve por primera vez.

LOS CONTRAS

1. "Miopía" creativa: Pasar horas y horas observando a través del visor de tu cámara puede provocar que pierdas el rumbo de tu historia y supedites el poder de la imagen a la verdad de lo que quieres contar. Es necesario ver más allá del encuadre para no caer en el error de hacer un montaje o dramatizar la realidad, la verdad importa más que recrear una puesta en escena vistosa. Frederik Wiseman, tras realizar "National Gallery", advierte sobre ese riesgo. "Necesito ver más allá del encuadre. Siempre tengo un ojo puesto en lo que sucede alrededor., y el cámara tiene un ojo en mi y otro sobre el visor". "Relámpago sobre agua" pudo correr el riesgo de perder los últimos testimonios de un Nicholas Ray moribundo, pero Wenders fue sabio y delegó en un equipo que le ayudaría a centrarse en contar su verdad. Si tú no puedes, asegúrate de sacar la mirada del visor y comprobar que lo que tienes delante son personas y espacios, no escenografía o tramoya.

2. Limitación técnica: Todo es muy bonito desde la cámara. Te preparas, la luz incide en el rostro de tu personaje a través de las cortinas mientras agita el humo del cigarillo y cristaliza en brillos nacarados que bañan la estancia con una pátina cromática digna de Antonionio o Kieslowski. Grabas la entrevista. Confesiones duras, la verdad se abre paso en tu historia cual mono gibraltareño en tu bolso. Llega el momento de editar y la calidad del audio es pésima, completamente saturado, porque no pudiste controlar al mismo tiempo las ganancias de audio y la exposición. Esa limitación hace que trabajar solo sea exigente y demande estar atento a varias tareas. Pedro Costa es capaz de aunarlo todo en excelsas obras maestras como "En el cuarto de Vanda" sobre la condición humana talladas en imágenes rutinarias, y trasciende la apariencia de lo cotidiano al clavar su mirada en el devenir mismo de las cosas. Así que no cubras más de lo que puedes abarcar y prioriza el sonido antes que una poética evocación de la vacuidad existencial expresada en el aire moviendo las pelusas de la mesa camilla de tu abuela. 

3. Síndrome de Stendhal: Tienes un relato que contar, pongamos por ejemplo que te fascina la historia de Tirky. Tirky es un cerdito vietnamita tuerto que logra escapar de las garras de la industria cárnica internacional y encuentra refugio en una paradísiaca reserva vegana, un Shangri-La islandés bañado por cascadas donde es venerado como un héroe porcino, casi divino. En tu documental corres el riesgo de perder la síntesis de tu verdad, el leitmotiv que atomiza tu historia. ¿Qué es esa verdad?, ¿Tirky como individuo, los maravillosos paisajes o cómo le veneran los veganos? Sopesa los factores de tu historia y prioriza aquello que será el hilo conductor de tu discurso audiovisual. Para Wiseman en "At Berkeley" el individuo no importa, sino ser testigo del funcionamiento de un colectivo dentro de un servicio público. Malik Bendjelloul en la ya mítica "Searching For Sugar Man"decidió que el poeta músico Rodríguez era su verdad en una historia que mezcla biopic, apartheid y reflexión sobre el racismo en la industria musical. No te quedes embobado como Stendhal al ver Florencia y escoge tu punto de atención, desde ahí revístelo de contenido que sume.


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