"Petra" crueldad intolerable

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

"Petra" crueldad intolerable

Presentada por la propia Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes como "la mejor película de Jaime Rosales que muestra una imagen de España y de Cataluña inédita", fue el propio director de la sección, Edouard Waintrop, quien no dudó en afirmar que "Petra" es una película que bien merecía ser presentada en Sección Oficial. Palabras que uno no puede más que suscribir tras experimentarla. Veremos que dicen los Goya pero un servidor ya pone la mano en el fuego de que estará entre las principales protagonistas. De momento, uno de nuestros títulos patrios más destacados del año llega hoy a nuestra cartelera. Celebrémoslo.

¿De qué va?

Petra es el nombre propio de la protagonista, alguien que tras la muerte de su madre, inicia la búsqueda de un padre cuya identidad le ha sido ocultada a lo largo de su vida y todos los caminos parecerán conducirle hacia un hombre despiadado y poderoso. El destino, empeñado en imponer su lógica cruel, llevará a Petra hasta el límite de su fuerza interior. 

¿Quién está detrás?

 Según nos cuenta el propio Jaime Rosales, "Petra es una película que nació de la necesidad de ir al encuentro del espectador". Sus dos primeras películas, tanto "La Soledad" (2007) como "Las horas del día"(2003), fueron estrenadas en la primera década del nuevo milenio. Dos obras que a pesar de su austera crudeza, y con permiso de "Tiro en la Cabeza" (2008) fueron enmarcadas en unos tiempos cargados de entusiasmo, justo antes de la gran crisis de la segunda década. "Sueño y Silencio" (2012) en cambio, tuvo para él algo de canto de cisne. Una película con la que cerraba una etapa para abrir otra nueva que precisamente, le lleva al punto de partida. Tanto "Hermosa juventud" (2016) como ahora "Petra" (2018), suponen un paso más en esa nueva dirección.

¿Quién sale?

"Petra" es una estoica Bárbara Lennie, a quien acompañan, entre otros, Àlex Brendemühl, con quien Rosales vuelve a trabajar 15 años después de "Las horas del día", o Marisa Paredes. Sin embargo, el verdadero e inesperado protagonista no es otro que el actor debutante y no profesional, Joan Botey. Hablamos de un ingeniero químico e ingeniero agrónomo que ha publicado un libro sobre la biodiversidad en el que incorpora dibujos en acuarela realizados por él mismo. Él es el villano más despreciable que seguramente nos encontraremos en la pantalla grande a lo largo de este 2018. Ni tan siquiera Thanos le llega a la suela de los zapatos.

¿Qué es?

La gran tragedia española, la gran tragedia catalana. Tanto una como la otra.

¿Qué ofrece?

La mejor película de Rosales hasta la fecha es una espiral de malicia, secretos familiares y violencia que lleva a sus personajes al límite de la vida. "Petra" es una obra de discurso multidireccional que, partiendo del espectro familiar, abraza la esfera política y social de España, así como también de Catalunya. Es decir, lo que vendría a ser un melodrama de lo más cruento transformado en la descarnada radiografía del conflicto histórico que vive un territorio entero. 

Si hay un estigma que supura a nuestro lastrado país, ese es la obligada recuperación de nuestra memoria histórica. Alfombras que a las altas esferas no les interesa levantar, básicamente porque aquello que pueda ser descubierto difícilmente pueda sostener el currículo de una nación verdaderamente retrógrada aunque supuestamente próspera. Pues bien, exhumar el pasado en busca de respuestas es precisamente lo que propulsa el descarnado periplo en el que se embarca Petra. Encontrar al padre que nunca llegó a conocer, ni tan siquiera saber de él, es la llave que abre la caja de Pandora. No es casualidad que su madre siempre se haya negado tajantemente ni tan siquiera a hablar del tema. Precisamente como España hace con su propio pasado, un pasado atroz marcado por la devastadora e inhumana dictadura de Franco. La memoria frente al olvido. El bien frente al mal. Hay quien intenta asumirla, hay quien desea esconderlo. Más que nada porque no habría por donde sostenerlo. Y esto es precisamente lo que sucede en "Petra". La erosión.

De hecho, revelar la identidad de su padre probablemente sea el único deseo que su madre siempre ha negado a Petra. Ha sido su forma de protegerla, básicamente por él monstruo que resulta ser su progenitor. Un ser vil y despreciable, mezquino y deshumanizado a más no poder. En otras palabras, la personificación de lo que es un dictador. Un reconocido artista catalán, burgués y muy bien acaudalado que explota hasta sus máximas consecuencias la mercantilización del arte y en consecuencia, el lado oscuro del poder del dinero. Es el definitivo encuentro entre Petra y su padre biológico, Jaume, que provoca el encadenamiento de una serie de trágicas y extremadamente retorcidas consecuencias. Personajes cuya rabia contenida, cuya represión familiar y en definitiva existencial, les lleva directamente al caos, a cometer actos irreversibles desde una incontrolable y violento azote visceral. Que Petra sea madrileña y su padre catalán, que su relación sea imposible más allá de haber resultado inexistente y sobre todo, que su encuentro, su choque, provoque odio y devastación, son factores, múltiples capas a traspasar, que dependiendo del espectador, llegará al corazón alegórico de su discurso, o no.  Porque “Petra” es una película (in)humana, sí, pero ante todo social. Virtudes discursivas y conceptuales que unidas al riesgo formal que conlleva su transgresora propuesta narrativa hacen de ella una obra de hondo calado a todos los niveles. 

Que el intertítulo que presenta cada uno de los capítulos por los que "Petra" está dividida nos adelante la acción clave que en él va a suceder, es una maniobra tan aparentemente temeraria como indudablemente coherente. Enfrentarnos a ellos teniendo ya la principal información, es lo que nos permite fijarnos y estar atentos a todo lo que rodea y a lo que verdaderamente significa esa acción. Los constantes y lentos barridos entre la distancia que separa a sus protagonistas en plena conversación, o el empleo de personajes hablando fuera campo, son otros loables recursos formales que nos trasladan el extremo grado de distanciamiento que hay entre ellos. Entre las personas, también entre las culturas y en definitiva, los territorios. Con todo ello, y a pesar del pesimismo que envuelve toda la película, Jaime Rosales nos sugiere el posible camino a la redención y la anhelada reconciliación. Hay luz al final del túnel. El problema yace en saber recorrerlo y sobre todo, dar con la tecla y ser capaz de pulsarla para lograr la expiación.   



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