Los fantasmas de China

Autor: Filmin Fuente: Filmin

Los fantasmas de China

Desde la expansión comercial de China y su abrazo al más destructivo y exacerbado capitalismo, en Occidente hemos observado al país milenario entre una especie de fascinación y miedo. Desde hace ya dos ediciones, el Festival Alternativa de Barcelona ha puesto el foco en este objeto de estudio con documentales de profundo interés social e histórico pero también artístico; entre ellos, la ganadora del pasado año,"El Ministerio del Hierro", "Behemoth", Premio de la Crítica de esta edición o "La Sustancia", el singular retrato de la réplica china de la ciudad de Cadaqués, uno de nuestros estrenos destacados de la semana. Películas condenadas a dialogar entre sí, pues donde muere una nace la otra.

"Y en ese día se separarán dos monstruos, una hembra llamada Leviatán, que morará en el abismo sobre donde manan las aguas, y un macho llamado Behemoth, y ocupará con sus pechos un desierto inmenso llamado Dandain". Libro de Enoc.

Existen en las sociedades humanas entes latentes que no poseen forma ni cuerpo, conceptos que dirigen nuestras vidas, una masa de procesos humanos que juntos, conforman monstruos que no habríamos podido soñar ni en nuestras peores pesadillas. No es la primera vez que un autor oriental personifica algo tan abstracto como es la industria y la destrucción que ésta conlleva a través de seres mitológicos, ya sean de su propia cultura o ajena, principalmente la judeocristiana. Es el ejemplo de Hayao Miyazaki en películas como "La princesa Mononoke" o "Nausicaä, en el valle del viento", donde el monstruo del progreso es el enemigo a batir y la naturaleza e integridad física del planeta el elemento a proteger. En ambas películas, este mal cobra vida y forma, como también lo hace la naturaleza, a través de antiguos demonios o dioses, en una lucha constante por lo antagónico de sus espíritus. También el cineasta ruso Andrei Zvyagintsev hizo uso de esta metáfora con su película "Leviatán", donde el monstruo bíblico no era otro que la propia madre Rusia.


Es también el caso de "Behemoth", una obra más cercana al arte que al propio cine, rebosante de imágenes tan hipnóticas como estremecedoras, donde el monstruo cobra vida, escupe fuego, lava y supura vapores venenosos en su insaciable ansia por seguir devorándose a sí mismo. Para tal tarea, utiliza esclavos que toman la forma de camiones o humanos que son más cáscara que espíritu, trabajando sin descanso hasta que el carbón se abre irremediablemente paso hasta lo más profundo de sus pulmones. Todo para seguir produciendo, para armar ciudades fantasma o vías de tren infinitas que las conectan entre sí en un eterno viaje a ninguna parte. Es el reino del metal y del acero, con su propio ministerio para mantener la maquinaría a punto y rodando. Una máquina, por supuesto, engrasada con la sangre y el sudor de la clase baja china, que asfixiada por los nuevos modelos de vida, debe entregarse a este ritual macabro para seguir existiendo. La nueva China de "Más allá de las montañas", "Black Coal" o "Un toque de violencia" nace en el seno del Behemoth y sus personajes son solo marionetas que bailan según sus designios. Viven y mueren para satisfacer a una bestia insaciable.

Al otro lado de esta deshumanizada cadena de montaje se encuentra "La Sustancia", un documental que navega entre la original y la réplica, la realidad y el sueño, el tiempo y la memoria, a través de los paisajes de Cadaqués, Kadakaisi, Xiamen y el Cap de Creus. Una nueva ciudad fantasma que se suma a una interminable lista de emplazamientos urbanísticos repletos de edificios vacíos, rodeados de un aura viciada y una niebla espesa que muchas veces recuerda al clásico videojuego "Silent Hill". Sobre papel, el plan del gobierno chino parece sencillo: en 2026 el éxodo rural de la población a las ciudades debería completarse, movilizando a más de 250 millones de ciudadanos en el proceso. Una medida que debería resolver el problema de las ciudades fantasma, que tantas sobrecogedoras fotos nos ha dejado a lo largo de 2016.


En el caso de "La Sustancia", la naturaleza replicante de la sociedad china va más allá de clonar el último modelo del iPhone y lleva el concepto a la gran escala: una réplica semi exacta de la ciudad que sirvió como refugio artístico a Salvador Dalí, Cadaqués. El argumento se vende por sí solo: En el año 2010, una delegación de la empresa China Merchants Group se presenta en Cadaqués, localidad icónica de la Costa Brava catalana. Su misión, tomar apuntes para construir, en un futuro, una réplica del pueblo empordanés en la China. Seis años más tarde, gracias a la implacable bestia de producción China, la ciudad queda completada, una suerte de complejo de vacaciones y parque de atracciones listo para su ocupación. Es aquí donde entra Lluis Galter, cuya visión rompe con el convencionalismo del documental y nos ofrece un ejercicio donde réplica y original dialogan, transmutan y se fusionan a través de sus habitantes.

Más allá de la metáfora mitológica, J.P. Sniadecki toma un tren que jamás llega a su destino como sinónimo del viaje a ninguna parte y se embarca en un rodaje de tres años donde, a través de los vagones de hierro construidos por los sirvientes del Behemoth, rastrea el inmenso interior de un país en movimiento constante: carne y metal, golpes y chirridos, claros y oscuros, gesto y lenguaje. Los viajes en tren se vuelven uno, capturando las emociones y las ansias de transformación social y tecnológica, moviendo relaciones y encuentros incómodos entre humanos y máquinas en lo que pronto será la mayor red ferroviaria del mundo. Es "El Ministerio del Hierro", anterior ganadora a Mejor Película en el Festival Alternativa y díptico perfecto con "Behemoth".

Vamos catapultados a un mundo donde éstas bestias están condenadas a reinar. Con Estados Unidos liderado por un loco que clama que el cambio climático es un invento chino, con ese mismo gobierno chino desoyendo cualquier clamor internacional por la reducción de sus emisiones de combustión fósil y una Europa camino de sumirse en las garras de la ultraderecha, no parece que la denuncia de documentales como "Behemoth" o "El Ministerio del Hierro" vayan a convertirse en una advertencia del pasado, si no en una profecía cumplida del futuro.






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