Las mil caras de Polanski: viajamos a través de su obra

Fuente: filmin

Las mil caras de Polanski: viajamos a través de su obra

Talento, escena, eclecticismo y polémica resumen la trayectoria del creador de "Repulsión", "Cul de Sac", "La semilla del diablo", "Chinatown" o "El baile de los vampiros". La llegada de "La Venus de las Pieles" a nuestro catálogo nos lleva a emprender un viaje a lo largo de la filmografía de este genio del cine europeo que podemos recorrer a través de nuestro catálogo.

Los cortometrajes que Polanski empezó a dirigir sólo salir de la escuela de cine de Lodz varían tanto en duración como en contenido: cada uno de ellos contiene en sí mismo una pequeña historia que va de lo cotidiano a lo escénico; de lo real a lo fantástico. Piezas como “Dos hombres y un armario” muestran algo absurdo y ecléctico, que recorre a la denuncia social desde lo críptico y lo crudo a la vez.

Su primer largometraje y primera nominación a un Oscar y a un BAFTA, “El cuchillo en el agua”, es una muestra increíble de lo mucho que se puede hacer con muy poco. Un argumento universal y tres únicos personajes (dos hombres en lucha por una mujer); un sólo escenario (un yate) y unos diálogos muy potentes conducen esta historia de lucha emocional. El director es capaz de convertir un relato teatral al medio cinematográfico haciendo cada plano y cada línea texto necesarios para el film.

Establecido ya en el Reino Unido, su siguiente paso es “Repulsión”; la entrada del universo subconsciente en los largometrajes de Polanski. El film muestra el talento del cineasta convirtiendo el subconsciente en imagen. Si en la película anterior aquello potente residía en la simplicidad del relato y en un desarrollo brillante de los diálogos; ahora un pequeño dispositivo a lo “ciudadano Kane” deja lugar a la interpretación de una brillante Catherine Deneuve y un maravilloso trabajo de cámara que convierte el espectador en un voyeur dentro de una escena íntima y traumática. Una película para crear en la audiencia un gusto pro aquello desagradable y feo. (M. Atkinson.). La sociedad burguesa que el swinging London que Antonioni criminalizaba en “Blowup” queda ridiculizada en “Cul-de-sac”. El primer Oso de oro del cineasta convierte, por medio del ácido humor británico, los valores de la alta sociedad en las conductas excéntricas. Estos actos absurdos tintan de otredad nuestro modo de comprender las relaciones humanas: quedando todo a merced de valores como la propiedad).

El posterior traslado a Hollywood del cineasta corresponde con alguno de los films con más éxito de Polanski: “El baile de los Vampiros”, “La semilla del diablo” y “Chinatown” hacen crecer su fama al mismo tiempo que el grupo de fanáticos de Charles Manson acaba con la vida de su esposa embarazada.

Después de que un escándalo por pedofilia lo obligase a huir de los Estados Unidos, el director volvió a establecerse en París, logrando el trabajo que le concedería sus tres Oscars: “Tess”. Esta adaptación de la novela de Thomas Hardy reprende aquello desnudo y medianamente traumante y lo dota de una increíble belleza: desde la interpretación de Natassja Kinski a toda la composición espacial del film dan pie a un melodrama a la maniera del maestro Douglas Sirk.

Tras un paréntesis para dedicarse exclusivamente al mundo del teatro, la trayectoria de Polanski siguió con dos películas que, cada una desde su género (“Frenético” como thriller y “Lunas de hiel” como drama sexual) el director volvió a ser aplaudido por su trabajo en “La muerte y la doncella”: Este film se sirve de un discurso sobre las relaciones de poder para dibujar un universo emocional que asfixia la audiencia, otra vez voyeur de un espectáculo oscuro y sexual.

A las puertas del siglo XXI, el cineasta se desplaza a lo más fantástico con “La novena puerta”; que nos muestra una búsqueda al más puro estilo campbelliano envuelta en un halo satánico protagonizada por un profesional Johnny Depp. Este film, sin embargo, quedó eclipsado por el gran éxito de “El pianista”, que mereció al director su cuarto Oscar. Después de este éxito y el de “Oliver Twist”, Polanski puso todo su talento con la cámara en “El escritor”; esta película parte también de una búsqueda, pero a diferencia de “La novena puerta”; la tensión dramática del film proviene de una realidad conocida y en contexto: la política internacional. Las interpretaciones de Ewan McGregor y Pierce Brosnan don valor añadido a una imagen que trabaja el espacio, el ritmo y la velocidad gran gran habilidad; hablando de un líder que desaparece, y que debe ser olvidado.

Finalmente, Polanski decide volver al teatro de sus orígenes para volverlo volverlos grotescos, agresivos; “Un dios salvaje” encierra a cuatro personajes entre cuatro paredes y saca lo peor de ellos a cualquier nivel. Una idea sencilla que acaba culminando en una pendiente desenfrenada de platos sucios dignos de circo. Un espacio que cobra protagonismo en cerrarse y un montaje que marca el frenético ritmo de los diálogos ponen la película rumbo a una explosión de lo malo de estos seres humanos que somos. El reparto toma con fuerza la situación en la que sus personajes se ven envueltos y ejecutan su rol de forma magnífica, haciendo que cada palabra desborde su propio significado en violencia y muestran algo más que el ser social que pretenden ser. Este desbordamiento es capaz de sacar a los personajes de su humanidad (o de llevarlos a la humanidad más profunda), haciéndolos seres extraños para un público muy tentado de responder a esa humillación con carcajadas. Fuerza, verbo y tragicomedia hacen evidente el enorme talento que el film contiene.

Su última parada es "La Venus de las Pieles", un drama complejo lleno de matices, sobrado de inteligencia con dos actores prodigiosos (Seigner y Amalric). Sin duda una de las mejores noticias de nuestra actual cartelera. Roman Polanski vuelve a las andadas con el desenfadado y oscuramente deshinibido reverso de "Lunas de Hiel". Dos actores y un solo escenario para una enfermiza pero también divertidísima interpretación de una cruel obra de teatro. Es el propio Polanski quien se proyecta en su protagonista, Mathieu Amalric, jugando al más puro estilo Marqués de Sade para envolver a sus dos protagonsitas en un perverso juego sadomaso que reflexiona acerca de la lucha de géneros, de la masculinidad sometida a una feminidad rebelde, agresiva y en definitiva, mucho más inteligente. Una siniestra comedia 'marca de la casa' que también reflexiona, o más bien juguetea, con el pérfido dominio con el que un director puede llegar a someter a sus actores. Algo que Roman Polanski parece tener muy presente. No en vano, estamos ante un divertimento intrínsicamente polanskiano.

Visto esto hace falta terminar esta revisión poniendo la mirada en el futuro profesional del director, que se adivina largo y fructífero, como el resto de su carrera. Talento innato para hacer cine en el cine; teatro volcado con maestría en la pantalla, unos límites poco precisos entre aquello consciente y aquello subconsciente o emocional y la cruz de la pedofilia que acompaña cada una de sus apariciones mediáticas componen el perfil de Roman Polanski como cineasta.

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