Identidades en construcción: cuestionar, romper y reconstruir

Autor: Germán de Heras Álvarez

Identidades en construcción: cuestionar, romper y reconstruir

J. intenta ahuyentar a Mitsu fuera del invernadero en el que cuida de multitud de flores y plantas. El gato de la vecina tiene una fijación extrema por aquel lugar lleno de vida. En un descuido, J. golpea con su codo una maceta que cae al suelo. La cerámica se rompe en mil pedazos, la tierra se esparce por la madera del suelo y la planta se abre paso lentamente por efecto del movimiento. Recoge el estropicio y replanta el vegetal en un nuevo recipiente. Con delicadeza; manchándose las manos; sin alteraciones. Hasta que la maceta se vuelva a romper. 

Hoy estrenamos “They”, un film que puede quedar reducido a la transexualidad, pero que representa de manera más profunda la conversación interna sobre la identidad, sobre quién eres. Un debate que tienes contigo mismo, que es contradictorio, frágil, difuso y cambiante según el día. J. es una adolescente trans, que está viviendo un tratamiento de bloqueadores hormonales para retrasar su pubertad y evitar la aparición de ciertos rasgos de una realidad que no le pertenece. No tiene claro que sea mujer, pero es obligada a tomar una decisión porque la medicación le está impidiendo un desarrollo óseo correcto. A J. le gustaría poder alargar su infancia hasta el infinito. Apunta en un cuaderno cómo se siente cada vez que se despierta: mujer, hombre, nada, todo. Es por ello que pide a las personas de su entorno que se refieran a ella a través del pronombre “They”, una solución más sencilla en inglés (en español equivaldría a Ellos y Ellas, al mismo tiempo) por sus reducidas implicaciones de género.

La identidad se construye, se cuestiona, se rompe y se reconstruye en un proceso que puede surgir en cualquier momento, que puede durar toda tu vida, que puede fluir y repetirse varias veces. En Filmin hemos querido rendir homenaje a J. y a todas aquellas identidades en construcción a través de una colección que recoge estos momentos de cambio, que se pueden corresponder con la transexualidad y su transición, pero también con el cuestionamiento de los roles de género y de su fluidez, así como con aquellos conflictos internos en los que una etiqueta o un posicionamiento son insuficientes para definir cómo te sientes o para saber quién eres realmente. 


Cuando transicionas

Como ocurre en “Transamerica”, aceptar quién eres y perseguir el objetivo de mostrarte de esa forma es un proceso que genera conflicto en tu propio entorno familiar, en ocasiones desestructurado, cambiante e, incluso, inesperado. Felicity Huffman estuvo nominada al Oscar por interpretar a Bree de manera magistral, por enfrentarse a su hijo y a un contexto (los Estados Unidos de Bush de 2005) nada facilitador. “52 martes”, que triunfó en Sundance y en Berlín, también trabaja la transexualidad (esta vez la masculina) en una edad adulta, con paternidad de por medio y desde el contexto familiar. Sin embargo, se envuelve de una atmósfera llena de cuidados, respeto y cambios inevitables con efectos incalculables a tu alrededor. Pero el conflicto, más allá de producirse en el exterior, se produce principalmente en el interior. La iraní Anahita Ghazvinizadeh representa en “They”, su ópera prima que aterrizó en Cannes, con sensibilidad, poesía y suma inteligencia que la identidad de género es un trabajo esencialmente interno, lleno de confusión y duda, en el que la transición ni es tan fácil ni está tan clara. El castigo es tu propia mente y así lo muestra Rhys Fehrenbacher, actor trans, con una pasmosa contención, que, de forma fascinante, tiene a su alrededor un entorno agradable, que se esfuerza por facilitar tus necesidades, que no te cuestiona y te da voz. 


Cuando la definición no es útil

No obstante, la identidad de género no es solo una cuestión de transicionar de un sexo a otro, de hormonas u operaciones. En ocasiones, el género binario no es una solución a tu realidad. Chica o chico son etiquetas limitadoras, construcciones sociales que a veces no encajan en tus parámetros y que uno no es capaz de expresar con claridad. “Tomboy”, que arrasó en festivales de todo el mundo y se convirtió en un clásico inmediato, lo refleja a la perfección con inocencia y delicadeza. Mikhael no sabe poner en palabras lo que siente. No sabe qué significa ser chico o ser chica. ¿Es solo una cuestión de órgano sexual o es algo más? Mikhael Simplemente es. Con vestido, sin camiseta o con un pene de plastilina. Identidad también es fluir. Es lo que le ocurre a Ellie/Sebastián en “Something Must Break”, personaje evidentemente andrógino, que se expresa como tal y que tiene clara su definición a través de la no definición, aceptando su fluidez y buscando su plena identidad en otros aspectos, como el cariño o el amor. Algo parecido le ocurre a “Ekaj”, una ficción, que roza el documental, en la que su identidad no se expresa ni a través de lo andrógino de su estética, ni siqueira de la sexualidad, sino a través de la supervivencia en la parte no turística de Nueva York, la que está llena de pobreza, jóvenes LGBTI+ expulsados de sus casas, muerte, drogas y dificultades que van más allá de una definición que todos le insisten en alcanzar.


Cuando cuestionas lo establecido

¿Azul o rosa? ¿Muñecas o coches? Normas establecidas y predeterminadas. Un órgano sexual, un género, unos roles; unas barreras. Y la capacidad de cuestionarlas y destruirlas. La identidad a veces pasa por la performatividad, por la expresión alternativa del género, por romper con sus cánones. “Samantha Hudson” lo tiene claro. Se pinta las uñas, se arregla con vestidos de animes japoneses y actúa con minifalda y top. Como mensaje desde las nuevas generaciones, nada le para en la construcción de su identidad en la que el rol de género deja de existir, pero que también pasa por aceptar su problema con el alcohol, con la desorganización y con las metas profesionales tan poco claras en su vida. En “Madre solo hay una”, Pierre se enfrenta a cuestionar toda su vida. No hay respuesta para su inquietud y parece que la rebeldía es su única vía de escape. Y en esa lucha, todo lo que creía que había construido sobre la estabilidad, desaparece. Su madre, su familia y su género. Jesús en “Viva”, producida por Benicio del Toro, también debe luchar, pero no porque no tenga claro su género, sino porque se encuentra vivo en la rotura del mismo a través del travestismo, del espectáculo y de lo drag, y su padre lo rechaza de lleno. En definitiva, una pelea continua para ser quien siente; quien es.


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