+Humans: Conversaciones con otros

Autor: Filmin Fuente: Filmin

Este pasado mes de noviembre, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, más conocido como CCCB, inauguró la exposición +Humans, un revelador e inquietante recorrido por cómo la tecnología ha influido, influye e influirá en nuestros cuerpos. Desde Filmin, y a través del cine, hemos querido continuar la conversación y el debate en nuestro canal dedicado a la exposición y las diferentes charlas con expertos invitados que se darán hasta el mes de febrero. Este artículo acompaña la confencia debate “Encuentros con otros”, que tendrá lugar hoy con Carme Torras y Xavier Roqué que plantea nuestra relación con una tecnología consciente de si misma y capaz de dialogar con nosotros. Empezamos.

Estamos solos en el mundo del raciocinio. Desde que el ser humano es humano, tan solo hemos podido comunicarnos con nosotros mismos o, en cierto momento de nuestra historia, con Dios, un ser de nuestra propia invención que funcionaba como ente superior y daba sentido a la existencia y el universo. Pero entonces llegaron la razón, Nietzsche y la ciencia diciendo que Dios había muerto, y la conversación volvió a centrarse en el propio ser humano. Hasta que fuimos lo suficientemente valientes como para convertirnos en dioses nosotros mismos.

Ser un Dios es en esencia la capacidad de crear. Crear algo más allá de nuestra especie. Con la llegada del ordenador, y más tarde de los robots y/o androides, el ser humano daba un salto más allá y se declaraba padre de una criatura que si bien aún razonaba automáticamente y no era consciente de sí misma, en un futuro bien podría tener la capacidad de serlo. Es aquí donde la ciencia ficción cobra relevancia y se muestra como una de las herramientas más lúcidas para tantear el futuro e hipotetizar a dónde llegará nuestra especie y su relación con nuestra creación: el ordenador y sus muchas variables. Tal y como afirma Godard en "Alphaville": Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro, el presente es la única forma de vida. Pero al menos, podemos imaginar lo que nos viene.

LA MAQUINA: ALPHAVILLE

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la explosión de la sociedad de masas, que desembocó en la locura colectiva del nazismo, se dio en la literatura de ciencia ficción cierta corriente que exploraba sociedades distópicas donde el individuo perdía todas sus libertades y al final, hasta su propia consciencia del yo como un ente único e indivisible. Más tarde, con el asentamiento de la sociedad de consumo y el pálpito helado de la guerra fría, muchos de estos miedos eclosionaron en obras como “Alphaville” de Jean-Luc Godard o “Fahrenheit 451” de su amigo y compañero de Nouvelle Vague François Truffaut.

Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro, el presente es la única forma de vida.

Lo que Godard nos propone en esta exquisita muestra de neo-noir distópico es una ciudad perdida en un mar de supuestas galaxias donde un ordenador tirano llamado Alpha 60, padre cinematográfico no declarado del HAL 9000, ha decidido que el ser humano es inferior y es necesaria la emergencia de una nueva raza. Una que esté liberada de cualquier atadura emocional, pues sentimientos como el amor, la pena o la nostalgia nos convierten en seres erráticos, improductivos e imperfectos en vistas del progreso. Mediante el control mental de sus ciudadanos, Alpha 60 los despoja de todo aquello que los hace humanos para convertirlos en máquinas. Godard, un genio de otro mundo, hace especial incisión en el lenguaje, tal y como ya hiciera Orwell, y en la importancia de las palabras y los símbolos para nuestra perpetuación como especie a nivel emocional. En un mundo plagado de ceros y unos, las palabras como conciencia y poesía son lo único que puede separarnos de nuestra creación mecánica, esperando que esta sea incapaz de entender lo único que nos sigue haciendo humanos: las emociones. ¿Pero hasta cuándo?


LOS ANDROIDES: SATURNO 3 Y UN AMIGO PARA FRANK

Creamos su mente, pero les faltaba un cuerpo con el que poder moverse e interactuar con nosotros en el mismo espacio. El siguiente paso evolutivo de los grandes ordenadores pensantes fue tomar forma. Para ello, podían seguir el modelo humano, lo que les convertía en androides, o traspasar las limitaciones de nuestro cuerpo con estructuras mecánicas superiores a lo humano, como bien nos mostró Christopher Nolan en "Interstellar" con sus robots cuadráticos. Con una forma definida que mimetiza lo humano, es más que coherente que estos nuevos "seres" buscaran explorar aquello que nosotros sentimos, traspasando así la última frontera. En las dos películas que planteamos en esta sección, se dan dos casos de impregnación de emociones diametralmente opuestos, pero en ambos se intenta humanizar a la máquina dotándola de cualidades psicológicas que escapan de lo binario.

"Dios crea al hombre, el hombre mata a Dios, el hombre crea al robot, el robot mata al hombre y la mujer reina sobre la Tierra".

"Saturno 3" nos presenta al semi-androide "Héctor", una máquina diseñada para aprender directamente del sistema cognitivo humano. La problemática que nos plantea la película es que el sujeto humano, un primerizo Harvey Keitel, es un psicópata con tendencias megalómanas. Estas cualidades tan poco humanas (según se mire) acabarán impregnando la psique de Héctor, que se rebelará contra sus creadores. Como podría decir uno de los personajes de "Jurassic Park": "Dios crea al hombre, el hombre mata a Dios, el hombre crea al robot, el robot mata al hombre y la mujer reina sobre la Tierra".

"Un amigo para Frank" nos traslada al otro punto del espectro. El androide afable, cuasi mayordomo, que vive para servir a su amo. Una propuesta que ya ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en realidad, ya que muchos de estos androides (aunque más primitivos) sirven en la actualidad a ancianos en Japón, el país que más ha explotado el mercado de la robótica. En la película, Frank Langella es uno de estos ancianos que, abandonado por sus hijos, encuentra un inesperado amigo en Robot, un peculiar androide que le devolverá las ganas de vivir.


EL CYBORG: GHOST IN THE SHELL

Otro de los posibles seres resultantes de la ecuación robótica es el cyborg. El humano que, mediante implantaciones tecnológicas, ha superado las limitaciones físicas de su cuerpo y mente. En la exposición de +Humans vemos muchos ejemplos de cyborgs en la actualidad: prótesis mecánicas para personas con miembros amputados o gadgets tecnólogicos para superar anomalias en el sistema perceptivo. Pero el futuro se muestra tan prometedor como aterrador, y así lo muestra "Ghost in the Shell", un clásico imperecedero donde se especula en un futuro en el que la realidad virtual y la humana convergen en una misma. Motoko, la protagonista, es una cyborg que tan solo posee un cerebro humano, o lo poco que quedó de él tras un brutal accidente donde su cuerpo quedó totalmente destrozado. Esto le permite poder navegar entre dos mundos, pero también le supone un terrible paradigma en el que debe debatirse entre lo humano y lo robótico. Las barreras de la carne y el metal quedan difuminadas en la obra maestra de Mamoru Oshii, que en 90 minutos se marca una película tan innovadora como estremecedora que nos habla de un futuro que podría no ser ya tan lejano si empezamos a trazar paralelismos con las redes sociales (nuestro yo virtual) y esa prótesis cada vez más incrustada en nuestro cuerpo llamada smartphone.


EL ALIEN: EL HOMBRE QUE CAYÓ A LA TIERRA

David Bowie en clave Steve Jobs para una de las grandes cult-movies de la historia del cine. Un extraterrestre con aspecto de humano viaja a la Tierra para salvar su planeta en el que, a causa de la escasez de agua, la población tiene problemas. Con su talento intentará llegar a un pacto con los humanos pero su inteligencia y personalidad llamará demasiado la atención y pondrá en peligro a la propia humanidad. Pero la tendencia humana a corromper todo lo que tocamos hará que hasta este ser tan puro acabe subyugado a los vicios y excesos de la condición humana, convirtiéndose en un esclavo de nuestros propósitos.

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