Hitoshi Matsumoto: Un loco suelto en filmin
Hitoshi Matsumoto, nuestro director más loco y especial, hijo pródigo de Sitges, volviá este año al festival con "R100", es decir, una mezcla de erotismo, acción y, cómo no, humor, que ha sido clasificada para mayores de 100 años. Y esto es solo el principio, o mejor dicho en nuestro caso, el final. Y es que, su último film se nos antoja una inmejorable carta de presentación para descubriros su anterior obra. Estrenamos la trilogía esencial que encumbra el más irreverente, disparatado y definitivamente entrañable humor absurdo de un auténtico genio y figura. Un WTF en su versión más inclasificable pero también inspirada. Avisados estáis.
Gracias a Mediatres y a la excelente y cuidada edición que hoy mismo pone a la venta Cameo, estrenamos también en filmin la trilogía esencial de Hitoshi Matsumoto. Ocasión que nos permite desplegar nuestra particular alfombra roja a "Big Man Japan", "Symbol" y "Scabbard Samurai" de una inmejorable forma. Os dejamos con la introducción que Mike Hostench, co-director del Festival de Sitges, dedica en el imperdible libreto escrito por Angel Sala que incluye su ansiada edición en Bluray. Para quienes lo amamos, para quienes lo desconocen, o para quienes incluso lo detestan. Bienvenidos al maravillosamente degenerado mundo de Hitoshi Matsumoto.
Nacido en Amagasaki, suburbio de Hyogo, en 1963, Hitoshi Matsumoto es quizás el ejemplo paradigmático de la generación de cineastas nipones conocida como el “Novísimo Cine Japonés” (2000 - ) por su trayectoria multidisciplinar. Al igual que Shinya Tsukamoto, Takashi Miike, Sabu o Shunji Iwai, directores que también han destacado en otros ámbitos como fotografía, teatro, pintura o artes audiovisuales, Matsumoto es un artista intensamente ecléctico y polifacético. No obstante, en su caso, el cine es incluso un elemento aún más colateral que en sus compañeros de generación citados anteriormente. A diferencia de los increíblemente prolíficos Tsukamoto o Miike (o los también destacables Toshiaki Toyoda, Sogo Ishii y Takashi Ishii), para Matsumoto el cine llegó a su carrera con los cuarenta años ya cumplidos, y como consecuencia natural de las disciplinas artísticas que conformaron su trayectoria profesional durante las dos décadas anteriores. Por tanto, el cine es en la figura de Matsumoto una faceta más entre muchas otras dentro de un currículo muy rico, en absoluto la principal como en los cineastas mencionados, quienes se iniciaron en otras disciplinas con sus carreras cinematográficas bien asentadas.
Actor, humorista, guionista y realizador de cine y televisión han sido las principales ocupaciones de Matsumoto desde sus inicios hasta su consolidación como uno de los mejores directores de cine en Japón de las dos últimas décadas. En la configuración del extraordinario carácter de Matsumoto hay que añadir a su vez el hecho de nacer en el área de influencia de la megalópolis que es Osaka y en el seno de una familia de clase trabajadora. Esta tesitura sin duda moldeó la fuerte personalidad que se atribuye a los cineastas criados en las mismas circunstancias geo-sociales. No es óbice observar que los directores más “maverick” o “rebeldes” de la generación del Novísimo Cine Japonés (Miike, Sabu, por ejemplo) proceden de ese ambiente tan característico, contrapunto al Tokio más oficialista y jerarquizado.
Aunque se suele unir el nombre de Hitoshi Matsumoto a los de sus colegas directores coetáneos, su primera gran influencia fue Takeshi Kitano, también conocido en Occidente como realizador cinematográfico y actor, pero cuya inspiración para con Matsumoto llegaría del ámbito de la comedia en vivo y los shows televisivos. Y es que esa fue la ocupación principal de Takeshi Kitano antes de su encumbramiento como el multigalardonado director que es hoy día, merced a obras maestras del cine nipón como “Hana-bi”, “Sonatine”, “Kids Return”, “El verano de Kikujiro”, “Zatoichi”, “Aquiles y la tortuga” y “Outrage”. Sirva como muestra asimismo del eclecticismo de Kitano el que también sea pintor de reconocido prestigio.
El joven Hitoshi Matsumoto de principios de la década de 1980 era un ávido devorador de los shows cómicos del dúo “Two Beats”, compuesto por Niro Kaneko y el propio Takeshi Kitano (de ahí el apodo que siempre le acompañó: “Beat” Takeshi). Su humor vitriólico, agresivo y muy políticamente incorrecto, versión punk del arte cómico japonés conocido como manzai, hizo mella en Matsumoto, que lanzó su propio tándem humorístico en 1982, Downtown, haciendo su debut profesional al mismo año junto a su compañero Masatoshi Hamada, a quien conocía desde que ambos cursaban primaria en el colegio de su barrio. Downtown se convirtió en las décadas de los 80-90 en el número cómico más célebre en la televisión y los escenarios, redefiniendo el arte humorístico del manzai y popularizándolo entre las nuevas generaciones. Su humor ácido y la adición de elementos de la cultura del manga y los videojuegos a su universo fueron clave en la consolidación de Matsumoto como una suerte de antihéroe Pop. No es baladí apuntar que Matsumoto es un maestro del Tetris. Durante la etapa más activa de Downtown ya se empezaron a vislumbrar ciertos elementos de su show que después se convertirían en constantes de su cine: la parodia de la vida del empleado medio japonés, el gusto por los iconos culturales del fantástico como los superhéroes tipo Kamen Rider, o un perverso sentido deconstructor de la cultura japonesa plasmado en una relación amor-odio con su propia civilización. Totalmente imbuido en su papel de “Hyoi-geinin”, o “comediante poseído”, término acuñado por él mismo para definir su doble y contradictoria personalidad en privado y ante el público (tímido y desatado, respectivamente), Matsumoto pasó dos decenios muy fructíferos artísticamente, dejando como legado una de las tele-filmografías más impresionantes del Japón moderno para Fuji TV, especialmente a través del programa “Hey! Hey! Hey! Music Champ”, en el que se combinaba humor y música J-Pop y J-Rock. Asimismo, y sobre todo en los años 90, Matsumoto inició una carrera paralela en la radio y como artista audiovisual.
Fue en 2006 cuando Hitoshi Matsumoto decidió dar un giro a su carrera y aplicar todo su potencial intelectual y artístico al mundo del cine. Aunque ya había hecho un papel secundario como actor cinematográfico en la comedia “Ashita ga aru sa: The Movie”, su primer paso relevante en la pantalla grande fue el proyecto “Dai Nipponjin” (“Big Man Japan” en su título para la explotación internacional). La multinacional Shochiku vio inmediatamente el vasto potencial de la película y su autor, entrando como coproductora y distribuidora. A principios de 2007 su opera prima era escogida entre la selecta lista de films para participar en la sección paralela más prestigiosa del Festival de Cannes: La Quincena de los Realizadores. La participación en el principal certamen cinematográfico del mundo, así como una inteligente campaña de ventas internacionales de Shochiku, descubrieron a Occidente este innovador, transgresor y claramente autoral deconstructor de géneros.
BIG MAN JAPAN (2007)
La primera víctima de la afilada óptica cinematográfica de Matsumoto fue el kaiju-eiga o cine de monstruos gigantes japonés, género al que en “Dai Nipponjin” el director le da la vuelta como a la piel de un conejo, sin querer evitar, paradójicamente, que se filtre su titánico amor por dicho tipo de películas. Protagonizada por el propio Matsumoto, que da vida a uno de sus prototipos favoritos: el hombre nipón de mediana edad, aburrido, huraño, casi miserable, colocado de pronto en una situación totalmente extrema, “Dai Nipponjin” marcó efectivamente el comienzo de una interesante colaboración entre Phantom Film, la productora de Matsumoto, y la multinacional japonesa Shochiku, una de las más antiguas de las cinematográficas japonesas, pero siempre abierta a los nuevos talentos.
SYMBOL (2009)
Tras un hiato de dos años en los que Matsumoto aprovecharía para casarse con la joven presentadora del tiempo Rin Ihara, diecinueve años más joven que él, llegaría “Symbol”, para muchos su mejor película. Una sinfonía de subgéneros, texturas y conceptos filosóficos, “Symbol” es un artefacto cinematográfico único e inimitable en el que se combina el humanismo con un catálogo ingente de referentes fantásticos como la ciencia ficción y el cine de luchadores mexicanos enmascarados. “Symbol” fue nominada para premios en diversas categorías de los Asian Film Awards, pero no llegó a hacerse con ningún galardón. La fotografía fue sorprendentemente obra de un debutante, Yasuyuki Toyama, quien entendió a la perfección las instrucciones de Matsumoto para dar vida al riquísimo, dislocado e increíblemente colorista multi-universo de la película. El mismo día en que Matsumoto presentaba el film en su estreno en Hong Kong, nacía en Tokio su primer hijo, una niña fruto del matrimonio con Rin Ihara.
SCABBARD SAMURAI (2011)
Después de otro período de dos años, Matsumoto descubriría al mundo su fabulosa deconstrucción y posterior reinvención del género jidai geki, o cine de época protagonizado por samuráis, al que añade comedia dramática chapliana y un guión extraordinario. Para “Saya Zamurai” (“Scabbard Samurai” para el público internacional), Matsumoto quiso contar con el cinematógrafo Ryuto Kondo, con quien buscó el look más clásico de su filmografía, a pesar de tratarse de un director de fotografía innovador como demuestra su trabajo en la celebrada “The Kirishima Thing” (Daihachi Yoshida, 2012). Matsumoto nos da buena prueba así de que cada película de su filmografía ha sido arriesgadamente diferente de la anterior, demostrando el carácter fundamentalmente valiente y experimental de su obra. En “Dai Nipponjin”, su director de fotografía fue Hideo Yamamoto, un artesano habitual de Sion Sono (“Why Don’t You Play in Hell?”), Takashi Miike (“Yatterman”, “Like A Dragon”) y galardonado por la aplaudida “Hula Girls” (2006) de Lee Sang-il, perfecto para componer la paleta de colores que Matsumoto requirió en esta visualmente arrebatadora película. En contraste, su último film, la controvertida “R100”, contó con Kazushige Tanaka (que había trabajado con Miike en “Gozu” y “Zebraman”), quien realiza una prodigiosa y muy contrastada fotografía en blanco y negro.
R100 (2013)
En “R100” (2013) Matsumoto se luce conformando una visión alternativa del cine erótico nipón y su industria, refugio y descanso mental de ese hombre mediocre que siempre protagoniza las historias de Matsumoto, esta vez inmerso en una espiral de sadomasoquismo y sexo fetichista extremo que desembocará en un apocalipsis soft-porn ultraviolento – eso sí, sin perder nunca la sonrisa.
La filmografía de Matsumoto está compuesta por estas cuatro películas descritas anteriormente; films con marcadas constantes y, a su vez, diametrales diferencias. Mientras todos los films nos muestran al “salary man” medio japonés, inesperadamente ubicado en el centro de un desbordante huracán vital, el look de cada película es completamente distinto, como hemos visto antes, experimentando nuevas texturas y ambientes para sus transgresores relatos.