"El complejo de Frankenstein" ¡están vivos!

Autor: Javier Acevedo Fuente: Filmin

"El complejo de Frankenstein" ¡están vivos!

Sigmund Freud, en su ensayo titulado "The Uncanny" reflexionaba sobre el impacto de la literatura de terror así como intentaba ofrecer una aproximación a la naturaleza del horror, tomando en consideración algunas de las narraciones que habían marcado el despegue de un género que aterrorizaría y fascinaría a partes iguales en los tiempos venideros. Para el reputado psicólogo vienés, la propia génesis del horror se encuentra íntimamente relacionada con el concepto de unheimlich, que en nuestro idioma sería algo así como lo lúgubre, lo funesto, aquello que por algún motivo nos resulta extrañamente familiar, en el sentido más negativo del término. El potencial impacto del género del horror estribaría en que es capaz de deformar aquello que nos resulta familiar hasta el punto de convertirlo en algo extraño, ajeno, pero al mismo tiempo cercano. La esfera de la cotidianidad se vería alterada por fenómenos o sucesos que a partir de nuestra certeza de lo que nos resulta familiar y conocido, harían brotar miedos reprimidos. Algo así como una sensación de extrañeza al ver cómo aquello que conocemos puede ser alterado y transformado en sucesos capaces de hacer parecer lo familiar en algo no familiar, lo heimlich en unheimlich. Desde Filmin queremos rendir homenaje al terror y a los genios que moldearon las criaturas de tus pesadillas, así que prepárate para ver a algunas criaturas poco agraciadas y terroríficas, y eso que ya no estamos en Carnaval. 


El mejor ejemplo sería el inmortal cuento de E.T.A Hoffman "The Sandman", en el que el protagonista Nathaniel relata cómo su nodriza solía contarle de pequeño la historia del hombre de arena, el cual llenaba de arena los ojos de los niños para arrancárselos y dárselos de comer a sus propias criaturas. Ese recuerdo de la infancia le perseguiría toda por su vida, viendo a ese hombre de arena en la figura de Coppelius, el jefe de su padre, el cual acabaría muriendo, y posteriormente en la figura de un mercader, Coppola. Entre medias, el desdichado Nathanael se enamorará de Olimpia, una joven que en realidad es una autómata y que junto con Coppola hará aflorar la semilla de la locura en la frágil mente del protagonista. La narración de Hoffman es un clásico del horror moderno, un texto fundacional que inspiraría a grandes antecesores del horror cósmico consagrado por Lovecraft como Arthur Madchen, Lord Dunsany o Blackwood, entre otros. Para Freud, el relato de Hoffman es una pieza de orfebrería sobre el horror y los miedos reprimidos. La esencia del terror y de la tesis freudiana cristalizan en el texto, al mostrar cómo desde la esfera de lo familiar, de lo conocido - una historia para hacer dormir a un niño- pueden insertarse elementos que provoquen una digresión, una ruptura que hagan de lo familiar algo terrorífico. Ese trauma infantil perseguirá a Nathanael, quien lo revivirá a través de sucesos que hacen brotar lo familiar bajo una luz lúgubre. Freud hablaría de posibles represiones, de la pérdida del padre como influencia castrante de Nathaniel, sin embargo, lo verdaderamente relevante es saber cómo la génesis del horror radica precisamente en mostrar lo familiar a través de un velo extraño.

Todas estas consideraciones, por influjo de la teoría del caos, remiten a la acepción de horror y a la fascinación por el terror que sienten algunos de los protagonistas del documental que podéis ver desde ya en Filmin, "El complejo Frankenstein". Este documental refleja la historia del cine de terror haciendo especial énfasis en aquellos que contribuyeron a crear algunas de las criaturas, monstruos y personajes que marcaron el imaginario colectivo de varias generaciones y reivindicaron la artesanía a través de una perfecta sinergia entre lo animatrónico y las técnicas más tradicionales. Desde el consagrado Lon Cheney, maquillándose y transformándose en seres que solo el silencio y su gesto pudieron dignificar, hasta el T-800 helando nuestras miradas en la pantalla gracias a las manos de Stan Winston. Un viaje a través de la historia del cine, donde unos prodigios de las prótesis, del maquillaje y de los animatrónicos fueron capaces de dar forma a sus sueños de  niños y de paso hacer que otros niños soñaran con que era posible que en su ámbito cotidiano irrumpieran aquellas criaturas extrañamente familiares. "El complejo Frankenstein" es la historia de esos adultos que dieron forma a nuestras pesadillas y miedos, pero también a nuestros sueños, demostrando que a veces hay cosas incluso más terroríficas que la realidad que nos rodea.  El terror descrito por Freud  como el género capaz de irrumpir en lo familiar y convertirlo en algo extraño, alcanzó sus mayores cotas de las manos de tipos como Dick Smith, el cual convirtió a una niña en una criatura satánica contorsionista que no compartía la exención del IBI a la Iglesia, o  Jack Pierce, que crearía al monstruo que alimentaría la saga de horrores iniciada por la Universal.

Sería Pierce quien con algo de maquillaje, muy pocas prótesis y la estructura ósea de Boris Karloff daría vida a Frankenstein en "El doctor Frankenstein". Un clásico universal que comenzó a consagrar a figuras de la artesanía y de los efectos protésicos y realzaría su inestimable valor para el incipiente género cinematográfico. La historia inserta en la ecuación a una criatura que es extrañamente familiar por su gran parecido al hombre, pero que en realidad le aventaja en prácticamente todo. Asimismo, la noción de terror descrita Freud queda visible en el modo en el que es la propia ciencia, la propia certeza y racionalidad humana, la que crea una criatura que trasciende su conocimiento, acercando a nuestra cotidianidad a un monstruo que no puede encajar en ella. Un poco antes de eso, y anticipando alguno de los rasgos que definirían la atmósfera de este Frankenstein primerizo, el Expresionismo Alemán irrumpiría en el celuloide con "El Golem", la cual, casualidad o no, trasladaba una leyenda popular, convertida en novela, uno de esos relatos que se cuentan a niños como el Nathanael de "The Sandman", al celuloide con el fin de conseguir que algunas uñas se hincaran al asiento. Naturalmente, el film destacó por una estética expresionista, la cual se valía de luces y sombras, de decorados sabiamente pintados y de la deformación del espacio concreto para recrear un ambiente extraño , una realidad deformada. Y es que en palabras de Guillermo del Toro en  "El complejo Frankenstein", un monstruo debe ir acompañado de una determinada atmósfera que realce su presencia, y no la aliene. ¿El Golem en medio de un Mercadona? Bueno, los batidos de proteínas hacen maravillas, pero todo buen monstruo debe estar en un espacio construido con el material de nuestras pesadillas. Asi, temas sutilmente mencionados en la novela como el mito de Prometeo o quizá, según algunos, una velada crítica al empoderamiento judío en Alemania, quedan relegados por la esencia del terror. Un relato que hace aflorar esos temores ocultos en cuentos infantiles.

Como era de esperar, una de las grandes mente creativas detrás de la Hammer, no iba a dejar escapar la oportunidad de hacer uso de las prótesis, el maquillaje y de artesanos de lo terrorífico. Hablamos de Roger Corman y otro gran clásico como "La maldición del hombre lobo". Algo aparentemente infantil e inocuo que cuando ve la luna llena se transforma, y no hablamos de ingleses y Magaluf, sino de un niño nacido tras una trágica violación. En este caso, la tesis de Freud de acercar el horror transgrediendo el ámbito familiar y conocido se consigue de manera mas directa, no apelando a un temor infantil o un miedo reprimido debido a relatos populares, sino transformando la viva apariencia de la inocencia en un monstruo. Y se consigue mediante la caracterización, mediante un hombre lobo construido con protésis y muchas horas de trabajo. "Un hombre lobo americano en Londres" revolucionó el uso de prótesis con un hombre lobo que atemorizaría hasta sus hermanos de manada. Rick Baker, quien trabajaría con Landis en la película dando vida al monstruo, y que cuenta en su haber con siete Premios Oscar, reconocería la labor realizada en la obra de Corman.  Y es que el realizador británico y su equipo artístico consiguieron recrear los peligros de la licantropia en una película donde el terror literalmente tiene ganas de hincarte el diente.

H.P Lovecraft en su celebrado ensayo "El horror sobrenatural en la literatura" diría que el miedo es la más antigua y poderosa de las emociones de la humanidad. El autor de Providence creía firmemente que el horror cósmico al que consagraría su obra proponía la genuina noción del terror. El miedo surge del temor a lo desconocido, a aquello que no podemos entender, lo que inabarcable en término de racionalidad y comprensión humanas. Por lo tanto, no hay nada mas atemorizante que el propio universo, dado que sabemos muy poco de él y sus vastos dominios nos resultan completamente desconocidos. Lovecraft afirmaba que ese temor a lo desconocido, esa incertidumbre cósmica, se concretaba en los rituales religiosos y el folklore popular a través de relatos y creencias. Como el dolor y el miedo se recuerdan mas intensamente y durante mas tiempo que la felicidad, esos relatos y tradiciones populares tenían un poder inmenso como evocadores de terrores primigenios. Y así los empleó Lovecraft en sus historias. Algo similar haría Jacques Tourneur en su imprescindible "La noche del demonio",que usaba esos relatos y creencias religiosas tradicionales para usar el horror como vehículo para un thriller magistralmente elaborado. Un psicólogo americano escéptico ayudará a la sobrina del difunto profesor Henry Harrington a adentrarse en el microcosmos de una secta satánica y destapar el misterio que envuelve las actividades del doctor Karswell.  Otra película de horrores cósmicos es el clásico kaiku japonés por excelencia que hizo que Guillermo del Toro secara sus lágrimas con los puños de Hellboy, hablamos de "Invasión Extraterrestre". Una raza extraterrestre, los Kilaaks, decididos a controlar a la humanidad, alteran la mente de una serie de monstruos reunidos en una isla de Japón con el fin de que se vuelvan en contra de los humanos. Esto es una Civil War y no lo que intenta Marvel. 

Tanto para Freud como para Lovecraft, el horror procedía de narraciones populares que llevan insertas en nuestro imaginario colectivo durante un tiempo que ni siquiera podemos recordar. Los cuentos de los hermanos Andersen, por ejemplo, no escapan a esta aseveración al contener en sus historias evidentes trazas de lo que podríamos catalogar como terror encubierto. Jean Cocteau haría uso de una de esas narraciones atemporales y nos ofrecería "La bella y la bestia", donde el rostro de la Bestia no es lo único terrorífico, mas bien todo lo contrario. El horror para Cocteau toma la forma de las falsas apariencias, de la hipocresía y de las expectativas de una sociedad cuyo cinismo y obsesión por el status quo se transmite en odio hacia la Bestia. Los relatos de Disney pueden tomar elementos que aparentemente consideraríamos propios del terror y elaborar bellas piezas de moralina para niños. Una princesa que vuelve de entre los muertos y no es un zombie, una madrastra malvada que no sale de una película de Clouzot, y un grupo de enanitos que quizá encontraron su reverso cachondo y terrorífico en los famosos "Gremlins". Asi, mientras Disney decide transformar esas narraciones populares en relatos positivos, tipos como Cocteau optan por rescatar el componente terrorífico inherente a ellos con el fin de rasgar el velo de la familiaridad y ofrecernos una tragedia clásica con muchas más lecturas de las que esperaríamos. 

Por último, para cerrar este recorrido por la génesis del horror y el pequeño homenaje a todos aquellos que sacaron de sus cabezas la forma de nuestros peores temores, es inevitable hablar de quien según muchos hizo que los monstruos se rebelaran contra su condición y se convirtieran en personajes más inolvidables que los de carne y hueso. Hablamos de Ray Harryhausen, creador de esqueléticas criaturas que hicieron que quisiéramos vivir las aventuras de Simbad en clásicos como "Jasón y los argonautas". Sam Raimi le homenajeó en su merecida medida en "El ejército de las tinieblas", el irreverente cierre a su trilogía donde una armada de esqueletos, no muertos y criaturas salidas del Necronomicón intentarán acabar de una vez por todas con el carismático y jefe entre jefes Ash, o Bruce Campbell, un actor de esos que se metamorfoseó plenamente con su réplica en la ficción. Sam Raimi firma una trilogía que si bien reúne todos los conceptos propios del terror los pasa por una Thermomix llena de dosis de humor negro, irreverencias varias y un tono entre lo macabro y el cachondeo que hacen de la trilogía de Evil Dead una de las parodias más carismáticas, vitaminadas y divertidas de la historia del cine. Al margen de su condición irreverente, la saga de Raimi es un ejemplo de cómo la artesanía de tipos como Harryhausen es vital para dar forma al horror e insuflarle vida por medio de criaturas tan terroríficas como memorables. "El complejo Frankenstein" rescata a estos maestros de oficio, quienes frente a la amenaza de lo digital sostienen que la sinergia entre tradición y modernidad es posible, combinando las posibilidades y limitaciones de ambos sistemas, y reivindicando la importancia de la imaginación. Jóvenes espíritus que aún siguen viendo en Godzilla a aquel niño que jugaba a destruir ciudades enteras.



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