Crónica L'Alternativa 2019: "De nuevo otra vez" mamá en apuros
Siguiendo su buena estela que tuvo comienzo en Rotterdam y su puesta de largo en San Sebastián, donde ganó el premio Horizontes latinos, aterriza en L’Alternativa una de las películas que más nos han entusiasmado este último año, el debut de la actriz Romina Paula ("Medianeras", de Gustavo Taretto y "El Estudiante", de Santiago Mitre). Un híbrido de ficción/no-ficción de marcada mirada feminista que indaga en la crisis de identidad de una madre primeriza ante la adversidad de la cotidianidad y la ansiedad social que prosigue.
¿De qué va?
Romina vuelve a la casa familiar, después de haber sido madre. Provisionalmente alejada de su novio, el padre de Ramón, se refugia en la casa de su madre Mónica, incapaz de tomar una decisión respecto de su pareja. Allí se ve sumergida en la temporalidad de su madre, de ella como hija, e intenta dilucidar qué desea. De visita en Buenos Aires, Romina da clases de alemán, intenta retomar su vida de soltera, salir de noche, conectarse con quien era antes de ser madre.
¿Quién está detrás?
Tras labrarse una carrera como una de las actrices más prolíficas de su país (Argentina), llegando a trabajar con directores de la talla de Matías Piñeiro, Gustavo Taretto y Santiago Mitre, Romina Paula prueba suerte detrás y delante de las cámaras componiendo un retrato que emerge del cine de “lo real”.
¿Quién sale?
Obviando su evidente protagonismo que impera en la cinta, Paula, consciente de la trascendencia del casting femenino en un proyecto de esta envergadura, se arma de un plantel de mujeres actrices y no actrices de muy alto nivel, incluyendo a Mariana Chaud o Denise Groesman entre otros.

¿Qué es?
"Frances Ha" se encuentra con "Una Mujer Bajo la Influencia".
¿Qué ofrece?
En una ópera prima que parece surgida de la necesidad más impulsiva de estallar, Romina Paula es capaz de concebir y contener un dispositivo íntimo de gran alcance que, situando a su familia en primera línea de fuego, reescribe los límites colindantes entre la ficción y la no-ficción para lograr entrar de lleno en ese endiablado terreno que es la autoficción. Echando a un lado el aparente ombliguero que podrían acentuar propuestas de este tipo, Paula estudia de forma exhaustiva el manido concepto de la maternidad comprendido desde un prisma epidérmico y prácticamente contiguo a lo real, echando mano de largas verborreas entre personajes que a primera vista parecen surgidas de la más clarividente de las improvisaciones.
La actriz/directora emerge como la contrapartida argentina a la figura de una Greta Gerwig crepuscular, mucho más cercana a Gena Rowlands que al mumblecore. Se ocupa de encarnar de un modo fulgurante la figura de la chica en crisis. Al igual que Cassavettes, Paula se apoya en el gesto interpretativo para desplegar su beligerante poderío emocional, sin embargo, esquiva a las florituras hercúleas convencionales al igual que otro referente albiceleste que me vino a la cabeza mientras asistía a este recital tan lúcido como desconcertante. Y es que la juguetonería con la que Alejo Moguillansky ajustaba a sus actores en "La Vendedora de Fósforos" nos transporta sin escalas al dispositivo que Paula propone en su primera obra. Ambas cintas gozan de virtudes considerablemente semejantes en su propuesta escénica.
Se permite a la vez el lujo de recurrir a unas exposiciones de diapositivas que intuimos, pertenecen al imaginario acontecido de su familia, personificando así un relato de la maternidad comprendida como ente de transferencia de sabiduría y compañerismo, de cómo las mujeres de su familia se han ayudado entre ellas a lo largo de generaciones y generaciones. Romina Paula es muy consciente del lenguaje como artefacto de transmisión y nexo inexpugnable entre seres humanos, elemento en el que insistía otra colosal película argentina reciente, "El Futuro Perfecto", de Nehle Wohlatz.
Tal y como reflexiona en una de esas verborreas interminables que pueblan el espectro narrativo del film uno de sus personajes: “La naturaleza no va en línea recta, es cíclica, circular”. Parece que la persona en cuestión aluda a la estructura de la misma, que permanece subyugada a la crisis que padece la protagonista. En una secuencia aparentemente mínima a la par que chocante, Romina se encuentra en la mitad de un cruce transitado por ciudadanos que cruzan la calle. La única reacción palpitante que posee su personaje en ese preciso instante es moverse entre bambalinas, ir de un lado al otro de la calzada provocando un dilatado bloqueo interior que contagia la propia película. La idiosincrasia de Paula se ha apoderado de la forma fílmica. Un modo radiante de poner en escena el mapa psíquico que refuerza una puesta en escena sobria y afianzada en la economía de recursos.
Como apunte personal, siempre me ha resultado fascinante la forma en como el cine propicia diálogos espontáneos entre películas sin tener estas que haber tenido ningún contacto previo. Y es que no pude evitar pensar en esa rima o gag recurrente de la nueva (y espléndida) película del maestro sur-coreano Hong-Sang Soo, la escueta Grass. En dicha rima, un personaje femenino sube y baja las escaleras con cierto nervio sin saber muy bien hacia donde se dirige. En ambas secuencias, el cine se pone al servicio de la psicología del personaje, el dispositivo cinematográfico es domado y bloqueado por el gesto humano.
