Crónica del Festival de Cine Mudo de Pordenone (Día 5)

Fuente: Ariel Fernández Verba

"Sin duda casi todas las historias incluyen algún tipo de mentira" decía un experto Orson Welles en Fraude (1973), y teniendo en cuenta el curriculum de este actor y director de cine, no sería atrevimiento especular con la idea de la noticia que nos trajo hasta Pordenone (Italia) no es producto del azar.

A mediados de agosto de este año la noticia es portada de los principales diarios del mundo: "Encontrado el primer filme de Orson Welles". El acontecimiento es importante y se suma a la lista de reencuentros que los restauradores e historiadores del cine han vivido los últimos años. Así pues, primero una breve reconstrucción de los hechos:

En 1938 Orson Welles, que ya la había liado ese mismo año con su versión radiofónica de "La guerra de los mundos", quiere llevar a la escena teatral una comedia escrita por William Gillette llamada "Too much Johnson" (1894). En su propia idea de la adaptación, el director quería que las distintas partes de la obra estuviesen complementadas con proyecciones, de manera que teatro y cine en un mismo escenario plantearía el nuevo atrevimiento de este joven artista. La obra de teatro logró estrenarse, pero las proyecciones tuvieron que suspenderse, especulan los especialistas, porque en las instalaciones del teatro no habían proyectores. A partir de aquícomienza el silencioso viaje de "Too much Johnson". 

Pordenone es una pequeña ciudad italiana muy próxima a Venecia que celebra desde hace treinta y dos años su festival de cine mudo. Si bien estas jornadas se desarrollan, casi en su totalidad, en el flamante teatro Verdi, durante el resto del año los habitantes de Pordenone van a ver películas al Cinemazero, la apartada y menos flamante filmoteca de la ciudad. Hace dos años en este edificio, o mejor dicho, en sus archivos, sucede el milagro. Los rollos de celuloide que amontonaban polvo en una esquina parecen ser los restos de aquel viejo filme que nunca llegóa estrenarse.

¿Qué paso durante esos setenta y cinco años? ¿Cómo llegaron los rollos hasta esa apartada orilla del cine? De la hemeroteca brota una declaración del propio Orson Welles, quien confirmaba que lo que quedaba de "Too much Johnson" se había quemado en un incendio en Madrid, y poco más. Teniendo en cuenta que los incendio son la mentira más convincente de la historia del cine, a Welles ya no se hacen más preguntas y en 1985 muere, llevándose más de un misterio a la tumba.

El quinto día de la Giornate del Cinema Muto se programa el gran estreno. Después de dos años de reconstrucción y búsqueda de respuestas, Paolo Cherchi Usai, fundador del festival y parte activa en la restauración del filme, da la señal para que se apaguen las luces y comience la música. "Too much Johnson" fue rodada cuatro años después de "The hearts of age" (1934), cortometraje de parodia que funciona como el primer simulacro tras las cámaras de Welles, y tres años antes de "Ciudadano Kane" (1941), la gran puesta de largo del talento wellesiano. "No es una obra maestra, ni una película"comenta Cherchi Usai, "Pero contiene en ciernes los elementos que impregnan la producción de Welles".

Con estas palabras, "Too much Johnson" se presenta en sociedad (sin el permiso de su creador) y todos allíen el teatro Verdi nos sentimos, al igual que el ojo del arqueólogo, participes de la Historia. Sin montaje, en bruto, todo el metraje funciona como la típica comedia muda de persecuciones imposibles y narraciones aceleradas. Toda la proyección fue acompañada por los comentarios del propio restaurador, que amenizóla falta de racord, y que llevo al espectador a que, dadas estas alturas, poco importe el cuento, sino más bien el porqué de las cosas.

Destaca la vertiente cómica de Welles, a la que más de uno adjuntaría que "ya apuntaba maneras". Sorprende el implícito homenaje a la ciudad de Nueva York, que podemos ver en secuencias como la del mercado (que hoy ya no existe) o en los viejos edificios superpoblados que existían donde más tarde se construyeron, y mucho más tarde se derribaron, las torres gemelas. Humaniza la figura de Welles la representación de Cuba en alguna bahía de Manhattan, con palmeras sujetas por operarios y planos en picado para no enseñar más de la cuenta. Se aplaude la calidad actoral de Joseph Cotten, que juega a lo imposible al borde de tejados y acantilados, y se fuerza el encuentro con algún indicio que nos remita a la que hasta ahora era su primera película, "Ciudadano Kane".

En definitiva, es a estas cosas a las que se suelen jugar cuando uno es de los pocos espectadores que estáviendo una película que llevaba setenta y cinco años perdida. Como al borde de un precipicio o en una persecución eterna buscamos las relaciones, los indicios, atentos a que entre fotograma y fotograma se pueda escapar una verdad, en la frontera de un secreto de esos que la historia, por anónimos ciudadanos, siempre nos mantuvo al margen, y finalmente deseosos de una respuesta que nos explique, de una vez y para siempre, cual era la pregunta. En cualquier caso, solo nos queda volver sobre las palabras del Orson Welles de Fraude, y aceptar la invitación a "vigilar hasta el más mínimo indicio de truco, y observar como, frente a nuestros propios ojos, sucede la transformación".

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