Crónica Berlinale 2015: "Queen of the Desert" ¿parodia de Arabia?
Robert Pattinson es Lawrence de Arabia y acompaña a Nicole Kidman (y James Franco) en una crónica de la vida de Gertrude Bell, viajera, escritora, arqueóloga, exploradora, cartógrafa y colaboradora política del Imperio Británico a principios del siglo XX. Y sí, quien dirige (y sorprende) es Werner Herzog. Aquí hay gato encerrado. ¿Parodia de Arabia?
¿De qué va?
Es la historia de Gertrude Bell (1868-1926) quien, como historiadora, novelista y miembro del servicio secreto británico, jugó un papel decisivo en los años previos y posteriores a 1920, en el establecimiento de la línea para el nuevo orden político en el Oriente Medio. Su viaje a Teherán y sus trágicas historias de amor dieron pie a su eclosión como exploradora, previo paso a la desintegración del Imperio Otomano, de quienes precisamente, se ganó su confianza a través de su valor y respeto. Así, a grosso modo, vamos
¿Quién está detrás?
El indescriptible cineasta alemán, de quien tenemos la suerte de contar con gran parte de su filmografía en nuestro catálogo. Qué mejor manera para amenizar la espera que revisar algunos de sus títulos más emblemáticos como "Fitzcarraldo", "Stroszek" o una de sus últimas maravillas, "La cueva de los sueños olvidados".
¿Quién sale?
Caracterizaciones a cada cual, más ¿consicentemente? chirriantes. Nicole Kidman en un papel que si nos lo tomaramos en serio, iría como anillo al dedo a una Naomi Watts o mejor aún, a toda una Cate Blanchett. El triángulo de amor bizarro lo completan un paródico Robert Pattinson como "Lawrence de Arabia" y un Damien Lewis ("Homeland") que no pincha ni corta. La palma se la lleva Christopher Fulford en la piel de un cachondo Winston Churchill. Welcome to the Jungle.
¿Qué es?
Podría tomarse como una subversion de grandes y épicos clásicos americanos como "Beau Geste" y "Lawrence de Arabia"
¿Qué ofrece?
Sin atenernos a quien está tras la cámara, podría decirse sin tapujo alguno, que estamos ante un biopic plano, vacuo y extremadamente ridículo. Es decir, redundantemente aburrido, tanto es así, que nos lleva a un artefacto indigno del alma salvaje y esencia transgresora de quién está tras la cámara. Románticamente empalagosa, estrafalariamente caracterizada y sustentado en una omnipresente banda sonora estridentemente melosa, que fomenta la épica desde la aversión y el esperpento, no hay por donde agarrarla. Y es que, aunque el personaje principal esté hecho a la medida de Herzog, su colisión con la naturaleza, aquella por la que se distingue una gran parte (la más importante diría) de su obra, queda en una simple anécdota apaisada. Pero claro, si en cambio nos ceñimos a la insobornable figura e inclasificable humor de su carismático director, uno piensa (o quiere pensar) que conscientemente ha subvertido los códigos de un genero obsoleto y añejo, que con espíritu transgresor e iconoclasta directamente atenta con la grandeza que históricamente atañe a grandes clásicos de la época dorada de Hollywood como mismamente puede ser “Lawrence de Arabia”. En este caso, estaríamos ante una parodia subliminal, una sátira encubierta, que lleva su absurdo humor a cotas tan insospechadas como jamás imaginadas. Que la aparición de un buitre en primer plano se lleve todo el protagonismo de las escena (supuestamente) más romántica de la trama, nos da claros indicios de ello. En ese caso, podríamos estar ante una genialidad marca de la casa. Quién sabe, quizás ni tan siquiera Herzog. O sí. Ahí podría estar la gracia.