4 películas que inspiran a "Yo, asesino"
Tras "Barcelona: Los Vagabundos de la Chatarra" o "Los Dientes de la Eternidad", Antonio Altarriba se suma a la lista de autores de Filmin Comics que, a través del cine, reflexionan sobre su obra y los temas que la han marcado. En este caso, el guionista de "Yo, asesino" nos desvela cuatro obras maestras de su género que incluyen una reflexión sobre el acto de matar, entre las que se incluyen "Drone", parte de la Sección Política de nuestro Atlántida Film Fest. Pocas palabras más podemos añadir nosotros, os dejamos con las suyas.
El catálogo de Filmin contiene cantidad y calidad de títulos suficientes como para que resulte muy difícil hacer una selección. Me he decidido por un conjunto de películas que tienen el asesinato como argumento central. Obras maestras en su género, todas ellas comportan una reflexión sobre el acto de matar, una constante de la actividad humana que nos horripila sin dejar de fascinarnos.Quizá resulte una selección demasiado negra, pero confirma que el gesto por el que arrebatamos la vida del otro es el más trascendente de nuestra existencia, acontecimiento esencial de la crónica histórica y fuente argumental de la mayor parte de nuestras ficciones.
DRONE
"Drone" pone en escena la nueva manera de eliminar al enemigo a miles de kilómetros de distancia. La aviación teledirigida abre una nueva era bélica. Se puede hacer la guerra sin necesidad de poner fuerzas sobre el terreno. Los nuevos aviadores bombardean desde la tranquilidad de un despacho y escogiendo el objetivo a través de la pantalla de un ordenador. Limpio, lejano, alejado, sin gestualidad violenta, casi sin subidón militar de adrenalina. En realidad, la carrera armamentística en la que consiste lo que llamamos “civilización” ha consistido en alejar el acto criminal. De la quijada de asno a la lanza, la flecha, la bala, la bomba, el misil… Y ahora el dron. Técnicas para hacer más soportable el asesinato. Al fin y al cabo matar ya sólo consiste en pulsar una tecla. 
EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO
"El fotógrafo del pánico" es una de las películas que más me ha impresionado en lo que llevo de vida. La vi con 16 o 17 años y aún recuerdo el miedo que sentí. Me enfrentaba, por primera vez en la pantalla, a un asesino de refinada perversión. No sólo mataba sino que fotografiaba a sus víctimas en el momento de morir. Su expresión de pánico venía reforzada por el hecho de que el asesino, además de la cámara, colocaba un espejo ante ellas (por supuesto, siempre mujeres). Así que perecían horrorizadas por la contemplación de su propia expresión de pánico. Espejos, cámaras, fotos… La mirada que se ve mirar… El miedo que se asusta del propio medio… Una espiral inagotable de terror que se alimenta a sí mismo.

EL VERDUGO
"El verdugo" es una de las grandes películas de nuestro cine. ¿Qué ocurre cuando el asesino es un funcionario a sueldo del Estado? ¿Es asesino o funcionario? ¿Y cómo debemos juzgar el oficio de verdugo, que permite a un pobre desgraciado casarse y tener futuro? ¿Matar a los demás se presenta como la única manera de organizar la propia vida y hasta de dar una nueva en forma de hijo? El dilema sirve a Berlanga para construir una comedia cargada de humor negro y de risa irresistible. Pero, detrás del film, se encuentra esa “banalidad del mal” que hace posible el incesante genocidio en el que vivimos. O, mejor dicho, en el que vivimos, en el que morimos o matamos.

THE ACT OF KILLING
"The act of killing" es un documental que analiza las purgas que se produjeron en Indonesia a mediados de los años sesenta. Cincuenta años después Joshua Oppenheimer vuelve al lugar del crimen para ver qué queda de aquellos odios anticomunistas que provocaron más de medio millón de muertos. ¿Cómo han digerido las víctimas las consecuencias del trauma? ¿Cómo han sobrevivido moralmente los verdugos? Y, si se quiere ir más lejos, también podemos interrogarnos sobre las motivaciones que mantuvieron durante tantos años la llamada “guerra fría”. Cuando los argumentos ideológicos que la sustentaron se han diluido, se revela el absurdo de tanto sufrimiento. ¿O será que primero existe la pulsión asesina y luego, sobrevenidas y casi siempre estúpidas, las razones que la justifican?
