Un recorrido poético por la obra de Goran Paskaljevic
En 2001, prestigiosa revista Variety International Film Guide le señaló como uno de los mejores directores del año. Siete años después, concretamente en enero del 2008, el MoMA de Nueva York presentaba una retrospectiva de su trabajo. En julio del 2010, le tocó el turno a Londres (BFI Southbank) junto a la publicación de un monográfico dedicado a su obra. Ahora es la Filmoteca de Madrid y Cataluña quien rinde homenaje a Goran Paskaljevic programando una retrospectiva de su cine que asimismo coincide con el estreno, hoy en nuestras salas, de su última película, "Al nacer el día".
Una ocasión que se nos antoja inmejorable para recuperar como antesala a tan esperado estreno, la esta estupenda revisión poética que nuestro estimable colaborador, Ariel Fernández Verba, dedica a la "trilogía de la sociedad balcánica" de uno de los grandes nombres del cine serbio, triple ganador de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, y presidente del Jurado en el Festival de San Sebastián 2010.
Y SI FUESES UN PAÍS, ¿CUÁL SERÍAS?
“Mucha gente me dice que hago un arte sin esperanza,
pero sencillamente trato de mostrar
lo que es la vida en mi país”
La historia es la siguiente: a principios de los años 90 en España se suceden una ola de revueltas independentistas. España era, en aquel entonces, un Estado dominado por tres grandes grupos religiosos, los musulmanes, arraigados principalmente en Cataluña, parte de Galicia y País Vasco, los cristianos ortodoxos, en su mayoría de Castilla, y los cristianos católicos, en Asturias y la otra parte de Galicia.
En aquella España el problema de identidad religiosa llegó a ser un problema de identidad política y social, un problema de identidad nacional. A partir de aquí, a grandes rasgos, estallaron las revueltas. El primer golpe lo dio Cataluña, y ante la evidente negativa de España, explotó el primero de los conflictos bélicos en la zona. A este le suceden el alzamiento de Asturias y el de Galicia.
La casa se incendiaba por tres lugares.
Asturias consigue el apoyo alemán para su independencia, y ante este suceso, España retrocede en el terreno asturiano incrementando la fuerza en el frente gallego. Murcia y Andalucía alzan también la voz en defensa de su independencia, llevando la coyuntura Española a la asfixia, mientras que el País Vasco, con apoyos de Francia, hace su propia revuelta en las calles.
La casa se derrumba, se derrumba por seis lugares a la vez, y no resiste. Finalmente cae.
Castilla, la única de las regiones que no reclama su independencia sino que, por el contrario, pasó a ser el último reducto de españolidad (de aquí el actual odio entre Francia y Castilla), se vio en la obligación de auto proclamar, ante los hechos acaecidos, su propia independencia. En todos estos años de guerra hubo millares de muertos, desplazados, exiliados, pero también hubo un incremento del odio, de la diferencia, de las jerarquías, pero también sucedieron injusticias en la inmediatez de todas aquellas personas que vivían en la península ibérica que envenenaron el terreno para siempre, conciencias mal cicatrizadas, familias amputadas, generaciones que heredaron el odio del odio del odio del odio de generaciones anteriores.
Las cosas, aún hoy, después de casi veinte años, no van bien. Las cosas aún van muy mal.
Imaginad que esta es, realmente, la historia reciente de España. Imaginad que todo esto ocurrió hace apenas veinte años, hace apenas diez, aquí mismo. Imaginad, teniendo en cuenta como se dan las cosas en la realidad vigente, si este pasado inmediato hubiese existido aquí, ¿Cómo lo ves? ¿Qué sientes?
“Imagina que vives en Madrid y no puedes viajar a ninguna parte” dice Goran Paskaljevic explicando una de sus películas, en un intento por llevarnos a ese paraje de la desolación, llevarnos hasta el borde de la grieta y luego invitarnos a pasar, y nos dice en la caída “Este es mi país, siéntelo como si fuera el tuyo”, y “Esta es mi gente, siéntela como si fueran las tuyas”, y “Estos son mis vecinos, dime tu por qué deberíamos odiarnos”.
Porque ese ficticio pasado de España en verdad es el pasado inmediato de los Balcanes, pero era necesario contarlo así, porque no nos cuesta nada distanciarnos del asunto si en lugar de leer España leemos Yugoslavia, si en lugar de leer Francia leemos Albania, si en lugar de Castilla leemos Serbia, si en lugar del País Vasco, Cataluña, Galicia y Asturias leemos Kosovo, Bosnia, Croacia y Eslovenia.
Y Goran Paskaljevic es serbio y un día no lo soportó más y cruzó la frontera. No lo soportó más y se fue a Albania, y conoció Albania, y habló con los albaneses y se dio cuenta de que no eran tan diferentes, que las aguas picadas por el odio aquí abajo sólo aumentaban cifras allí arriba, que serbios, croatas y musulmanes siguen de espaldas unos con otros, que no existen matrimonios mixtos, que la segregación en las escuelas es alarmante, que el odio y la resignación sólo pueden seguir generando aquí abajo gente enferma en una región enferma, y quizás, también, que no es suficiente con saber lo que pasó para que los hechos no se vuelvan a repetir sino que también hacen falta sentirlos para que, de verdad, no puedan volver a repetirse.
Entonces volvió y con “Sueño de una noche de invierno” (2004), Goran Paskaljevic inició su “Trilogía de la sociedad balcánica”. A esta le sucedieron “Optimistas” (2006), y “Honeymoons” (2009).
No es casualidad que la primera película de la trilogía, rodada una vez finalizada la guerra, tuviese como tronco narrativo una niña autista. Allí, entre policías, televisores encendidos, hinchas de fútbol y refugiados alcohólicos, escuchamos la pregunta ¿Cómo es posible que ciertas cosas no tengan solución, que no puedan cambiarse? ¿Cómo es posible eso? Los paralelismos entre el autismo y una sociedad desvirtuada desde la raíz son claros.
“También en nosotros, en las llamadas personas normales, existen a menudo comportamientos autistas, a veces no sólo individuos sino sociedades enteras que entran en pánico por el miedo a perder la coherencia por los trastornos internos”. Esta hostia nos cae a los quince minutos de película. Luego vienen las demás.
Tampoco es casualidad que la segunda película de la trilogía comience con una gran inundación. Los planos secuencia de Paskajievich son penetrantes, ya que no sólo libera el tiempo de los actores sino que también dilata el espacio donde el espectador ha caído en suerte al comprar su entrada. “Optimistas” no es una película amena, es una película que no hace ni puta gracia, y que nos lo hace saber esa silenciosa certeza de que, tal vez, el esperpento es tan real como los lugares donde se suceden, que la farsa es tan real como la mirada del hipnotizador, el silencio del padre violado, la esperanza sin andamios del ludópata, el hijo asesino del dueño del matadero y el reverendo que decía manantial cuando quería decir estanque.
Y por último, tampoco es casual el odio entre hermanos y la ruptura de los jóvenes en la tercer película, “Honeymoons“. Aquí la televisión sigue encendida, desinformando. Las diferencias políticas siguen marcando el paso. La gente tiene armas, y motivos. Las bodas no dejan de celebrarse. Una joven le explica a su prometido lo que se va a encontrar al llegar a la casa familiar: “Mi tío se hizo del partido que ganó las elecciones y ahora es un pez gordo. Mi padre, en cambio, es del partido que perdió las elecciones, y ahora vive deprimido. Ambos viven uno al lado del otro en casas idénticas y no se hablan”.
Sin duda, con Paskaljevic descubrimos unos Balcanes que arden, es ese explicar la guerra en tiempos de guerra, ese explicar los rostros desde lo roto, la locura desde el silencio, la hipocresía desde las bodas y la ruptura desde los pasos fronterizos. Paskaljevic se detiene junto a Pier Paolo Pasolini ante los rostros (salvando las distancias), se detiene junto al neorrealismo ante el diagnostico de una sociedad, y se detiene junto a Theo Angelopoulos ante la historia (salvando, evidentemente, las distancias).
Su mirada no es fundamental pero si interesante, sobre todo por venir de una región que no se caracteriza por una industria cinematográfica fuerte o, por lo menos, bien distribuida por este lado del mundo. Esto sólo puede generar un evidente monopolio del sector de las dos o tres voces que, por motivos más comerciales que ideológicos, acaparan el panorama cinematográfico Balcánico. Así lo hizo saber el propio director; “Mucha gente piensa que no sólo el cine, sino toda la ex Yugoslavia, es como la muestra Emir Kusturica, Pero no, no somos todos gitanos. Hay muchas diferencias entre los pueblos de los Balcanes, y por lo tanto, también entre sus artistas.”Goran Paskaljevic quiere hacerse un hueco entre esas voces. Goran Paskaljevic tiene las herramientas para conseguirlo.
*Su nuevo film, "Al nacer el día" se estrena hoy en nuestras salas de la mano de Wanda Films.