"Sieranevada" todos a la mesa

Autor: Joan Sala Fuente: Golem

"Sieranevada" todos a la mesa

"La ficción más común en nuestra vida es la historia, una historia que no es inmutable a la verdad”. Es la reveladora frase, la inmejorable presentación, con la que el director Cristi Puiu nos introduce en su extraordinaria "Sieranevada". Una suerte de "Camarote de los Hermanos Marx" pero a la rumana, con todo lo que ello conlleva. Empezando por las tres horazas que abarca y que sin embargo, a uno se le pueden llegar hacer más cortas que los noventa minutos que duran muchas películas. Sin duda una perla a tener en cuenta. ¿Obra maestra? Probablemente lo sea.

¿De qué va?

Tres días después del atentado contra Charlie Hebdo y cuarenta días después de la muerte de su padre, Lary – 40 años, médico – va a pasar el sábado con su familia, reunida en memoria del difunto. El evento, sin embargo, no se desarrolla como previsto. Obligado a afrontar sus miedos y su pasado y forzado a reconsiderar el lugar que ocupa dentro de la familia, Lary tendrá que decir su verdad.

¿Quién está detrás?

Si "La muerte del Sr. Lazarescu" es la primera, "Aurora" es la segunda de las seis historias que Cristi Puiu ha enmarcado en su particular homenaje dedicado al difunto maestro, Eric Rohmer. “Seis historias sobre los suburbios de Bucarest” que tratan “seis historias de amor” (en honor a los “Seis cuentos morales” de Eric Rohmer). Si la primera versaba sobre el amor al prójimo, o mejor dicho, su ausencia en la sociedad contemporánea y su segunda película lo hacía sobre el amor conyugal y su ausencia en el hogar, "Sieranevada” se inspira en el poema The Agathirsoi del rumano Aurel Rau para enmarcarse en el microcosmos familiar y la desintegración de sus valores como un insondable ente.



¿Qué es?

El camarote de los hermanos Marx, pero a la rumana, con todo lo que ello conlleva.

¿Qué ofrece?

Si hay un paralelismo destacado, que directamente emparenta las excepcionales obras que nos llegan desde el actual cine rumano, es que muchas de ellas parten desde las esferas acomodadas, desde la disección de una clase media-alta mediante la cual, penetramos en el corazón de una sociedad estigmatizada, tanto por su pasado como por su presente, ya sea desde el thriller (“Madre e Hijo”), el romance (“Box”), la aventura (“El Tesoro”) o ahora la dramedia, en el caso de la extraordinaria “Sieranevada”. La lucha de clases así como su análisis u obligado síntesis, son la piedra angular de una de las corrientes cinematográficas más exigentes, pero igualmente estimulantes y sorprendentes del momento. Y claro, en este sentido, la tercera película de Cristi Puiu no iba a ser menos: tres horas de metraje que exceptuando dos secuencias en las que transita exteriores, nos pasamos encerrados entre las paredes de un apartamento reducido y superpoblado por una familia que se reúne para rememorar la muerte de un padre. La excusa, una comida que sin embargo nunca parece llegar a ingerirse. Y claro, ya se sabe, cuando hay hambre y no se come es cuando las personas sacan lo peor de si mismos.

Una base argumental que bien podría llevarnos a pensar que ya estamos con la misma cantina de siempre, con una incursión más en ese topicazo que para el cine suponen las películas basadas en las crisis internas que se producen durante estas reuniones familiares. Pues no, aquí ni es navidad ni estamos ante la típica recesión familiar. Más bien, todo lo contrario. Este contexto que supuestamente parece redundante y limitado acaba por romper moldes gracias a que el conflicto que se vive en cada habitación de la casa construye su mundo propio. Mundos en miniatura a través de los cuales se disecciona una clase media en toda su entereza, a su vez que concibe la historia como la ficción más común que rodea nuestro día a día, enfrentando pasado con presente, el estado comunista con el 11-S, la memoria histórica con la fobia social que actualmente acecha al primer mundo a consecuencia de los ataques yihadistas. Partiendo desde el conflicto íntimo y familiar pero desembocando en una lectura absolutamente global y social, el realizador rumano nos enseña que no existe una historia como tal, sino que cada uno construye la suya propia, según lo que le enseñan y aprende, pero también según como se le educa y aquello que vive. Un encierro entre cuatro paredes como síntoma de un mundo absolutamente limitado y resquebrajado, como reflejo de una burguesía que se muestra tan estéril como conservadora, confundida y definitivamente inane ante el complejo momento histórico al que le ha tocado enfrentarse.

Lo que nos lleva a una propuesta tan inteligente como ambiciosa y compleja que para nuestra sorpresa, se expone desde un tratamiento cómico que bien podría llevarnos al bodevil, evocando a ratos películas supuestamente tan dispares como “El camarote de los hermanos Marx” o “Viaje a Darjeeling”. Tan lejos, tan cerca, básicamente por el juego de espacios sobre el que Cristi Puiu establece su juguetona interacción con el espectador, teniendo como principal arma un trabajo de cámara que resulta tan conciso como aplastante y riguroso, demostrando que lo que parece improvisado está ultraplanificado. Y es que no es otra que la cámara (con permiso de la comida) la principal protagonista de “Sieranevada”. Una cámara que a modo de periscopio se mantiene siempre anclada (sin desplazarse pero en constante giro) sobre un movimiento máximo de 180ª grados. Constantes primeros planos que sin embargo, se expanden con alcance de teleobjetivo para obsequiarnos con una de las Perlas más remarcables por las que seguro, recordaremos esta nueva edición del Festival de San Sebastián. Mejor no podíamos empezar.




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