Revelando a Vivian Maier
Muchos podremos pensar que no queda nada por descubrir, tampoco nada nuevo por crear, pero a veces, por dulces y extraordinarias casualidades de la vida, una brecha al pasado se abre y tenemos que reescribir todo lo que sabíamos o creíamos saber. En colaboración con Galería Bernal Espacio presentamos a Vivian Maier, la reina perdida de la fotografía callejera.
Si los estudiosos de la Street Photography primigenia pensaban
que ya tenían suficiente con Lee Friedlander o Helen Levitt, hace escasos años,
un joven con mucha suerte descubrió un diamante en bruto que reclamaba su
merecido puesto en la historia del arte. Vivian Maier aparecía en escena y su
prolífico y desconocido trabajo sorprendía a expertos y amateurs mientras todos se
preguntaban dónde había permanecido oculta esta artista disfrazada de
niñera.
Ahora, gracias a Galería Bernal Espacio, las fotografías de Vivian Maier por fin llegan a España. Desde el 9 de septiembre y hasta el día 26 de este mismo mes, Madrid podrá disfrutar de una cuidada selección en la que se incluyen 15 autorretratos y otros muchos tableux vivants de la Chicago del pasado siglo. En Filmin, para completar este exquisito deleite visual, os presentamos el documental “Buscando a Vivian Maier”, la epopeya personal de John Maloof, aquel chico con suerte del que os hablábamos y de su incansable curiosidad por conocer al peculiar personaje detrás de tan deslumbrantes fotografías.

Y es que si la mirada de Vivian parte de la excelencia, el primerizo director John Maloof, acompañado de Charlie Siskiel, curtido documentalista gracias a su participación en películas como “Bowling for Columbine”, no se queda atrás, ofreciendo un análisis mucho más poliédrico de lo que al principio podríamos atisbar. “Buscando a Vivian Maier” parte de una premisa tan sumamente sencilla como irresistiblemente interesante: En una subasta, el joven Maloof compra una caja repleta de negativos olvidados pertenecientes a una desconocida Vivian Maier. Tras observar la innegable calidad del trabajo, consulta a expertos, mueve Internet, cielo y tierra para averiguar algo, lo que sea, sobre esta fotógrafa perdida de la que nadie parece saber nada, ni siquiera los registros civiles.
Muchos investigadores y horas después, Maloof reúne la información suficiente para saber que: Vivian era niñera, jamás vio su trabajo publicado en vida y murió en la más abyecta soledad. Y tras este sencillo esquema, la incógnita sobre la cual bascula la primera parte del documental: ¿Por qué Vivian no mostró al mundo su trabajo? ¿Por qué acumular rollos y rollos de negativo fotográfico y postrarlos en una caja para el resto de la eternidad? Unas preguntas que inquietaran a aquellos que tengan alma de fotógrafo y que, sin duda, suponen un excelente marco narrativo para el documental que nos presenta Maloof. Pero como decíamos, esta gran pregunta queda resuelta la mitad del metraje, pero lo que podía haberse quedado tan solo en la historia de cómo John Maloof rescató a Vivian Maier del olvido se convierte en una divertidísima crítica, muy propia de Errol Moris, y sobretodo de su trabajo “Tabloid”, sobre lo oportunista de la memoria de aquellos que se plantan ante una cámara.

Para poder conocer a Vivian, Maloof se encargó de entrevistar a todas las familias y niños que convivieron con ella cuando ejerció de niñera. Toda una retahíla de personas a las que nos habría gustado verles las caras cuando el cineasta les dijo que su destartalada "nanny" había puesto el mundo de la fotografía patas arriba. Es aquí donde, para quien firma, reside el gran acierto de este documental que consiguió estar nominado al Oscar. Cuando hemos descubierto a la Vivian artista, nos sumergimos en su persona. Testimonios contradictorios empiezan a pintar a la enigmática Vivian en una amplia paleta de colores que va desde la arpía manipuladora a la estrafalaria niñera con Síndrome de Diogenes.
Es fácil deducir quién dice la verdad en esta historia de maltratos, fotografías posadas y escarnio, donde se llega a insinuar que Vivian sufría un trauma por posibles abusos sexuales cuando era niña, pues el montaje del propio Maloof ayuda a retratarse a si mismos a aquellos que, por lo que parece, se dejaron llevar por la imaginación tras poner la cara de sorpresa. Y es que muy mala no debía ser la buena de Vivian cuando dos de los niños a los que cuidó le pagaron un apartamento en la etapa final de su vida. Obviamente, todos extraeremos conclusiones, pero jamás sabremos la verdad, y como investigadores de una pesquisa policial, tenemos que navegar entre lo cierto y lo incierto de lo que exponen los acusados. Porque tanto en el cine como la fotografía, nunca debemos fiarnos de aquello que vemos u oímos, y la búsqueda de Vivian Maier no es más que un fútil intento de conocer a alguien a través de los ojos de otros, o del suyo propio gracias a sus fotografías. Vivian sigue siendo un misterio y quizá por eso nos sentimos tan atraídos por su legado y fragmentada historia.
