Leos Carax: el eterno enfant terrible
Con cinco películas en casi cuarenta años de carrera, el genio francés Leos Carax nos ha ido suministrando su barroco, cinéfilo y peculiar arte en dosis muy pequeñitas, aunque eso puede cambiar pronto: se dice que su siguiente proyecto, un musical, ya está en marcha. Estrella surgida en los ochenta en los círculos intelectuales parisinos, cuando la Nouvelle Vague era ya más un recuerdo que otra cosa, Carax revolucionó el cine de autor con su pasión por la historia del séptimo arte y la exquisitez formal de sus películas. En filmin, celebramos los inicios de su carrera estrenando sus dos primeras.
Sus inicios, con los veinte recién cumplidos, como crítico en la redacción de Cahiers du Cinéma (de dónde surgieron Godard, Truffaut y compañía para reventar el cine clásico unos añitos antes) ya presagiaban que en el cine de Carax acabarían por darse siempre la mano dos cosas: una pasión irrefrenable por la historia del cine (del mudo al melodrama estadounidense, pasando por el musical o el propio cine moderno francés) y una inteligencia y creatividad inusuales a su edad que darían como fruto filmes estética y narrativamente visionarios, únicos. Injustamente poco distribuido en nuestro país, desde filmin queremos hacerle un homenaje a este gran pequeño genio del séptimo arte. Apúntate, pues, a este viaje por sus (de momento) cinco filmes. No te arrepentirás.
Chico Conoce Chica: Delirios de Juventud
La esencia del cine de Carax, destilada hasta un punto tan puro que incluso duele: las desventuras del joven Alex (Denis Lavant, actor fetiche del cineasta francés), aspirante a director de cine que decide matar a su mejor amigo por haberle levantado a la novia, están en equilibrio justo entre el descarado y brillante homenaje a la estética y gestualidad del cine negro y las ínfulas poéticas de un joven Carax que sólo quiere gritar a los cuatro vientos lo feliz que le hace el cine. Sorprendentemente maduro debut, que ya empezaría a situar al joven director como una figura a seguir.
Mala Sangre: Maestría Formal
Y entonces llegó Juliette Binoche: "Mala Sangre" podría considerarse un remake, mucho más directo y maduro, del primer filme de Carax, pero en este caso la chica a la que ama Lavant (Alex, de nuevo - ¿os hemos dicho que el verdadero nombre de Carax es Alex?) está interpretada por la Binoche, otra actriz fetiche del cineasta francés que, y no nos tiembla la mano al escribirlo, probablemente salga en esta película más guapa que en ninguna otra que haya protagonizado.
Hermosa (y atípica) historia de amor que de nuevo es homenaje al cine a la vez que alegato poético a favor del movimiento perpetuo (los personajes de Carax, en todos sus filmes, lo único que desean es correr, saltar y escapar de este mundo), "Mala Sangre" destaca por su formalismo exacerbado (con sus teatrales decorados y sus actuaciones impostadas) y por lo alocado de su premisa: una enfermedad empieza a matar a todos aquellos amantes que hacen el amor sin quererse de verdad. Ah, y también salen gángsters. Una obra maestra.
Los Amantes del Pont-Neuf: Un Auteur Megalómano
Sus dos primeros filmes le habían asentado definitivamente como la joven esperanza del hastiado cine francés de autor, y para su tercer proyecto Carax quiso ir a lo grande: como París no le dejaba rodar en el Pont-Neuf más de diez días, el cineasta se lió la manta a la cabeza y construyó en medio del campo un decorado a tamaño real del maldito puente y sus alrededores. ¿El resultado? Un rodaje alarmantemente largo que acabó por ser el más costoso de toda la historia del cine francés. No, si cuando decíamos que este tipo estaba loco, no estábamos bromeando.
En todo caso, "Los Amantes del Pont-Neuf" (de nuevo, Lavant y Binoche) acabó por convertirse en uno de los hitos del cine de los noventa, con su combinación de drama social, historia de amor melodramática, musical e incluso policíaco, incluyendo una de las más bellas secuencias de la historia del séptimo arte: aquella en la que los amantes bailan a lo largo del puente, en un asombroso plano secuencia, con los fuegos artificiales de toda París al fondo. Con esta película, Carax tocaría el cielo más que nunca, aunque el dinero que le costó llegar hasta él le apartó del cine durante un buen puñado de años.

Pola-X: Experimental Descenso a los Infiernos
La vuelta de Carax, allá por finales de los noventa, volvió a confirmarle como un director inesperado: de sus poéticos alegatos juveniles y su celebración del movimiento, en "Pola-X" (adaptación de una novela de Herman Melville, "Pierre: o, las Ambigüedades") pasó a un oscuro drama incestuoso en el que un excelente Guillaume Depardieu recibe la visita de una hermana que no sabía que existía (interpretada por Yekaterina Golubeva, mujer de Carax por aquel entonces: al francés le gusta rodar con sus amigos). Violenta y agresiva, polémica por su frialdad y su interés por el sexo y la violencia, Carax no dejó a nadie indiferente con su retorno de entre los muertos. Aunque lo que pasó con "Holy Motors" fue bastante más brutal.

Holy Motors: Regreso a la(s) Ficción(es)
En efecto, cuando ya nadie se acordaba de Carax, más de diez años después de su último largometraje, el francés volvió a Cannes con un filme tan inclasificable, imaginativo y sorprendente que incluso sus loquísimas obras de juventud se convierten en agradables dramas románticos a su lado. "Holy Motors" narra un día en la vida de Monsieur Oscar, un hombre sin pasado ni futuro que se dedica a transmutarse en diferentes personajes, interpretando un papel tras otro en medio de un París surrealista y poético. Ahí es nada.
Totalmente insobornable, el último filme de Carax es un compendio definitivo de todo lo que ha ido recorriendo su obra, esencialmente la visión poética del mundo y el homenaje a los géneros cinematográficos. De nuevo con un Denis Lavant más desatado que nunca, la última obra maestra del genio francés reflexiona acerca de lo que ha dado de sí el cine (el suyo y el de otros) hasta el momento para a la vez construir una idea de lo que será el cine del futuro, combinación insospechada de géneros que podrá encontrarse en cualquier dispositivo.