Las favoritas de Eloy Dominguez Serén
¿Quién le iba a decir al Eloy Dominguez Serén del pasado, aquel estudiante de Comunicación Audiovisual que recorría el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona, que iba a llegar a completar uno de los documentales más celebrados de 2018? Porque sí, tras triunfar en el Cinéma du Reel y el Festival de Gijón, podríamos definir “Hamada” como tal. Esta joya multipremiada nace de la experiencia del cineasta en un campamento de refugiados del Saraha Occidental, impartiendo clases de cine. Inmediatamente, quedó prendado de aquellos individuos que, por sus condiciones de vida alienadas, no habían tocado jamás una cámara. En sus palabras: “Era maravilloso comprobar cómo desarrollaban su lenguaje cinematográfico, sin las convenciones audiovisuales que damos por hechas en el mundo occidental”. Desde entonces, fue regresando periódicamente a lo largo de cuatro años para filmar la vida de tres de las personas con las que había entablado un vínculo más íntimo. El resultado es una pieza a caballo entre el retrato personal y el documental etnográfico que llega a Filmin de la mano de Elamedia.

“Hamada es un retrato de la juventud saharaui a través de su relación con los vehículos”. Esta cita del propio cineasta define perfectamente la esencia de su obra, puesto que, aunque tiene una gran carga política, no se trata de un documental político ni reivindicativo. Por lo menos, no activamente. Es, por el contrario, mucho más importante cómo conectan los personajes con su espacio y su contexto social a través la idea del movimiento. Algunos de ellos sueñan con emigrar a España, tierra de oportunidades según los saharauis, y otros, en cambio, se conforman con tener su propio coche, o incluso, con aprender a conducir. En suma, los tres amigos que protagonizan este relato, Sidahmed, Zaara y Taher, ocupan sus pensamientos con otros lugares, lugares exentos de las duras condiciones de vida del campamento de refugiados. Sin embargo, y a pesar de esto, todos ellos viven su presente de manera liviana y divertida, sin las connotaciones trágicas que implican el contexto político-social en el que se enmarcan sus vidas. Esto es lo que los transforma en unos personajes enormemente carismáticos de cara al espectador, que llega a empatizar con ellos de manera casi instantánea.
El paternalismo que a menudo caracteriza este tipo de documentales reivindicativos aquí se esfuma por completo. A través del retrato de una amistad a tres bandas, con los toques de humor que afloran repetidamente en la vida cotidiana, Serén consigue que la realidad política del lugar en el que se encuentra llegue al público no desde la tragedia y la compasión, sino desde el acercamiento respetuoso y humanista, y este es el principal acierto de la obra.
Desde el paisaje helado de su anterior película, “No cow on the ice” hasta el desierto de “Hamada”, Eloy Domínguez Serén ha reconocido entre sus referencias etnográficas, como no podía ser de otra manera, la influencia de Jean Rouch - que incluso está incluido en los agradecimientos de este último film -. En Filmin hemos querido ir más allá y con motivo del estreno de su película en Filmin, hemos preguntado al propio Eloy qué otras obras o directores le han marcado en su trayectoria cinematográfica, ya sea a nivel de referencias para su cine o, simplemente, de favoritas personales. Aquí su Top Five:
“Creo que nunca lo había pensado hasta ahora, pero posiblemente Roy Andersson es el cineasta que más me ha emocionado a lo largo de los últimos años, desde la carcajada desenfrenada hasta el afecto más desgarrador, pasando por la identificación sincera, la empatía profunda o el llanto nostálgico. Viví en Suecia durante tres años, sin duda los tres años más importantes de mi vida, y en aquel país, al que he ido regresando periódicamente y que considero mi segundo hogar, me convertí en la persona y el cineasta que hoy soy. Ningún otro creador o creadora que yo conozca ha sido capaz de diseccionar con tanta lucidez y mordacidad como Roy Andersson las singularidades de la identidad y la sociedad suecas, su idiosincrasia, sus glorias y miserias, sus contradicciones y tabúes, sus extravagancias, su humor, la riqueza y parquedad de su idioma... En definitiva, la esencia del alma sueca. Cada nueva película de este inimitable cineasta, dueño de ese estilo tan reconocible, tan pertinaz, tan reiterado, es un motivo de celebración y emoción para mí.”

“Es una película colosal y demoledora a la que regreso cada cierto tiempo, y que siempre me produce dolor, aflicción, fascinación y admiración. La considero, junto a Canciones para después de una guerra de Basilio Martín Patino y a la trilogía literaria de La forja de un rebelde de Arturo Barea, una de mis obras de referencia sobre la Guerra Civil Española. Todo en ella es impactante, asombroso y desolador, especialmente su material de archivo, portentoso, escalofriante e inolvidable, así como el formidable texto escrito por Madeleine Chapsal. También fueron extraordinarias las propias circunstancias en las que se realizó la película, que supuso todo un bofetón y un golazo por la escuadra al franquismo y a su entonces Ministro de Información e Turismo, Don Manuel Fraga Iribarne.”

“Una lección de cine, un prodigio técnico y una experiencia heroica, angustiosa e insoportablemente claustrofóbica. Recuerdo que tuvo un impacto fuertísimo en mí cuando la vi hace ya muchos años, y que permanece aún intacto a día de hoy. Recuerdo aquel inicio elegíaco: “observadles bien, son sus últimas horas de vida”. La considero una de mis películas bélicas favoritas de todos los tiempos. Intrépida, cruenta y magistral.”

4. CARRETERA ASFALTADA EN DOS DIRECCIONES
“Cine fulgurante, canalla y memorable donde lo haya. No sólo es una película que habría matado por haber hecho yo mismo, sino que crea un universo con el que he fantaseado muchas veces poder habitar, supongo que en mi versión más macarra, perdida y autodestructiva.”

5. PASIÓN
“Una de las películas más bellas y dolorosas que he visto nunca. El idioma sueco emocionándome profundamente, una vez más”.
