"La noche de 12 años" no son presos, son rehenes

Autor: Gerard Cassadó

"La noche de 12 años" no son presos, son rehenes

El director Álvaro Brechner ("Kaplan") relata los doce años de cautiverio, en condiciones infrahumanas, que sufrieron los disidentes políticos José Mújica, Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof durante la dictadura militar en Uruguay. Presentada en los festivales de Berlín, Venecia y San Sebastián, la película, coproducida por la empresa española Tornasol Films, nos ofrece una nueva interpretación soberbia de Antonio de la Torre en la piel del carismático ex presidente uruguayo.

¿De qué va?

En 1972, un año antes del golpe de estado que colocaría a las Fuerzas Armadas al frente del país, diversos disidentes políticos, miembros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, fueron detenidos y encarcelados, acusados de diversos delitos, entre ellos la sedición. Esta es la historia de tres de ellos, Mújica, Fernández Huidobro y Rosencof, que malvivieron durante 12 años de mazmorra en mazmorra, sufriendo todo tipo de torturas físicas y psicológicas, sometidos a un durísimo régimen de aislamiento. La derrota en el plebiscito de 1980 de la reforma constitucional propuesta por el régimen supuso el principio del fin de la dictadura, pero los tres presos permanecieron en prisión hasta la amnistía de febrero de 1985, ya con Rafael Addiego al frente del gobierno.

¿Quién está detrás?

"La noche de 12 años" es el tercer largometraje del uruguayo Álvaro Brechner tras "Un mal día para pescar" (2009) y "Kaplan" (2014) en la que ya abordó el tema de la memoria histórica y la necesidad de rendir cuentas con los verdugos del pasado. 

¿Quién sale?

Siendo esta una historia tan arraigada a su país, llama la atención que, de los tres protagonistas, sólo Alfonso Tort sea uruguayo. Antonio de la Torre, el plusmarquista de los Goya, encarna a José Mujica en uno de los papeles más especiales de su carrera, mientras que Chino Darín, el hijo de Ricardo Darín, se pone en la piel del poeta Mauricio Rosencof. La cantante y actriz ampurdanesa Sílvia Pérez Cruz tiene un pequeño papel y aporta dos temas originales al film, entre ellos una desgarrada versión del "The Sound Of Silence" de Simon & Garfunkel.

¿Qué es?

"Hunger" (Steve McQueen, 2008) + "The Act of Killing" (Joshua Oppenheimer, 2012).

¿Qué ofrece?

La primera secuencia de "La noche de 12 años" es toda una declaración de intenciones. En un gesto que sería más propio de una película de Gaspar Noé, Brechner nos sumerge en un mareante travelling circular en el interior de un centro penitenciario, mientras un grupo de militares saca de sus celdas a algunos presos para apalearles. El movimiento de cámara aporta confusión y extrañamiento a la imagen sin restarle un ápice de violencia y el film nos promete desde entonces una experiencia de inmersión en el infierno. Un infierno de estrechas cavernas, vejación extrema y torturas que llevan a la película casi al terreno del cine de terror, planteando situaciones que creeríamos inverosímiles si no supiésemos que responden a los recuerdos de los tres protagonistas, quienes, hoy ancianos, aún se estremecen al recordar aquella larga noche de 12 años en los que su vida se sumió en la oscuridad.

Que la película jamás se aleje del encierro físico que viven los personajes, sin prestarle tanta atención a la contextualización de los hechos narrados (unos rótulos esporádicos son suficientes para ubicarnos) ayuda a transmitirnos el desasosiego que flirtea con la locura en la mente de los presos políticos, en especial un José Mujica a través del cual vivimos algunas de las secuencias más alucinadas y surrealistas de la película. Esas fugas narrativas retratan el daño psicológico y emocional que padecieron los presos. Para el espectador podrían servir para tomar aire al permitirnos escapar fugazmente de las mazmorras mugrientas, pero son regalos envenenados pues tienen alma de pesadilla. El film logra con ello su objetivo, que empaticemos hasta el extremo con los personajes hasta llegar a la identificación.

"La verdadera lucha es aprender a convivir sin agredir a los demás", afirma en la actualidad el carismático e influyente José Mujica, que acabaría presidiendo Uruguay entre 2010 y 2015. Sin negar la necesidad de no olvidar lo ocurrido (más de 170 personas desaparecieron sin dejar rastro durante aquellos 12 años de ignomínia), "el presidente más pobre del mundo" (como fue definido durante su mandato) siempre tendió la mano a la reconciliación y al perdón. Observando las atrocidades a las que fue sometido durante más de una década cuesta creer que la ira y la venganza no se apoderaran de su alma. 

La película, sádica y cruel como lo son todos los regímenes totalitarios, pero no exenta de luz y esperanza, ilustra que privar de libertad a la disidencia política es la mejor manera de condenar la moralidad de una sociedad. Un mensaje apropiado, necesario, que no podría estar más de actualidad en una época en la que parecen regresar los totalitarismos, el abuso de poder y fuerza y en la que el poder judicial parece, en algunos países, más en entredicho que nunca. 

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