"La Calle de la Amargura" la gran comedia negra de la desesperación humana
Allá por el 2009, las muertes de los miniluchadores La Parkita y Espectrito Jr. ocuparon las principales portadas a lo largo y ancho de México. Estos dos hermanos fueron envenenados por dos mujeres en un hotel de Cuauhtémoc con la intención de sacarles el dinero, aunque no de matarles. Sin embargo, no contaron con que las dosis deberían ser mucho menores e involuntariamente los asesinaron. Pues bien, inspirándose en este truculento hecho real, el ilustre realizador mexicano Arturo Ripstein, homenajeado este año en Venecia con un Premio Honorífico y responsable de inaugurar el actual Festival de Gijón, nos lleva por "La Calle de la Amargura" la que es sin duda, una de las propuestas más genuinas y personales de cuantas actualmente podemos disfrutar en nuestra cartelera.
¿De qué va?
Es la madrugada y dos putas de edad provecta vuelven a sus cuchitriles. No están cansadas de trabajar. Están cansadas de no hacerlo. Una, en su casa, tiene problemas con su hija adolescente y con su marido transvertido. La otra con su soledad. Pero para esa noche, tienen compromiso para celebrar la victoria en el ring de dos luchadores enanos a quienes pretenden despojar de sus ganancias.
¿Quién está detrás?
Arturo Ripstein, ilustre director mexicano, recién cumplido el medio siglo tras la cámara, fue merecidamente homenajeado por la pasada edición de la Mostra con un Premio Honorífico a su personalísima e imperdible filmografía. En Filmin damos buena cuenta de ello con "El coronel no tiene quien le escriba" (Sección Oficial en Cannes), "La Perdición de los Hombres" (Concha de Oro) y su última película, presentada a concurso también en San Sebastián, "Las Razones del Corazón".
¿Quién sale?
Las musas habituales de Ripstein en arrebatador estado de gracia. Con un registro maravillosamente naturalista, Nora Velázquez y Patricia Reyes Spíndola nos brindan unas interpretaciones para el eterno recuerdo. Mención aparte merecen La muerte chiquita (Juan Francisco Ingurra García) y Akita (Guillermo López López). Enanos pero ante todo, grandes.


¿Qué es?
Un caso real particularmente re-imaginado con claros ecos de Luis Buñuel por la mujer de Arturo Ripstein, su fiel colaboradora, Paz Alicia Garciadiego.
¿Qué ofrece?
Sin duda alguna, una de las propuestas más particularmente disfrutables y genuinamente personales de cuantas actualmente podemos disfrutar en nuestra cartelera. Envuelto de un contexto sumamente sórdido y bizarro aunque igualmente tierno, prácticamente tan humano como grotesco, así como de una aura surrealistamente buñuelana, Arturo Ripstein ensambla la gran comedia negra de la desesperación humana. Y lo hace evitando en todo momento innecesarios sentimentalismos, así como transmitiendo un amor absolutamente entrañable hacia sus estrafalarios pero ante todo, carismáticos personajes. "La Calle de la Amargura" supone una inmersión a los bajos fondos de la sociedad mexicana a través del tenebroso caos de la desesperanza y el deseo, que se ve plasmado por un magistral empleo del blanco y negro. Una cándida mirada rebosante de sugestivos matices formales en la que brilla con luz propia el habitual empleo de sutiles planos secuencia en constante movimiento, así como un hermoso y delicado uso del claro-oscuro. Estimulantes contrastes que probablemente nos lleven a una de las más destacables obras de la imperdible filmografía de Arturo Ripstein, una joya que bien debería obtener su merecido reconocimiento en taquilla.
