"El joven Ahmed" cuando no basta ni el amor

Autor: Joan Sala

"El joven Ahmed" cuando no basta ni el amor

Fue una las presencias más esperadas del pasado Festival de Cannes así como un valor seguro, como bien demostraron alzando el Premio a los Mejores Directores. De hecho, Jean-Pierre y Luc Dardenne fueron, junto a Ken Loach, los únicos directores presentes en aquella edición con dos Palmas de Oro en su haber, y sumando. Con el "El joven Ahmed", desmarcándose del camino tomado en "La chica desconocida", vuelven a tocar todas las teclas de su primigenio cine para relatarnos la historia de un personaje que se mueve entre el fanatismo religioso y el despertar adolescente.

¿De qué va?

En la Bélgica de nuestros días, el destino del joven Ahmed, de 13 años, ha quedado atrapado entre los ideales de pureza de los que le habla su imán y las pasiones de la vida.

¿Quién está detrás?

Jean-Pierre y Luc Dardenne. Hermanos belgas e hijos predilectos del Festival de Cannes, donde siempre han participado y siempre han triunfado: desde las Palmas de Oro obtenidas por "El niño" y "Rosetta", al Premio al Mejor Guión logrado por "El silencio de Lorna", pasando por el Premio al Mejor Actor acaparado por Olivier Gourmet en "El Hijo" o el Gran Premio del Jurado que les proporcionó recientemente "El niño de la bicicleta". Y "El Joven Ahmed" desde luego que no fue una excepción, otorgándoles el premio a Mejor Directores.

¿Quién sale?

Después de haber colaborado últimamente con actrices famosas de la talla de Adèle Haenel en "La chica desconocida" (2016) e incluso Marion Cotillard en "Dos días, una noche" (2014), los hermanos belgas vuelven a sus orígenes para rodearse de actores no profesionales. El joven Ahmed es interpretado en este caso por Idir Ben Addi en una caracterización realmente compleja, potente y del todo creíble. Lo cual demuestra, una vez más, la excelencia que los directores belgas atesoran a la hora dirigir actores no profesionales.

¿Qué es?

El amor cegado. La historia de un adolescente que queda atrapado entre los ideales de pureza del que le habla su imán y las pasiones de la vida. 

¿Qué ofrece?

En su aparente simpleza "El joven Ahmed" se revela en una obra absolutamente relevante, audaz y tremendamente compleja. Y lo hace, una vez más, partiendo desde ese crudo empleo del realismo que tanto y tan bien distingue el cine de los Dardenne, obviando por completo el recurso musical e incrustando en todo momento la cámara a su personaje principal. Un cometido, tanto a nivel temático como formal, que como era de esperar, y como siempre sucede en un cine tan personal y excepcional, cumplen con creces. De hecho, la que aparentemente podría ser señalada como una pequeña pieza de cámara, es en realidad una obra de una estructura y una ejecución minuciosamente elaborada y ejecutada.

Es bajo este sobresaliente e inconfundible aparato formal que los responsables de "El hijo" inciden, no es tanto en como el fundamentalismo religioso utiliza el espectro paterno-filial y el salto generacional para manipular y abducir a los adolescentes (que también), sino en como la inocencia y vulnerabilidad de estas criaturas es aprovechada y reconducida por ellos para llevarles hacia el acto yihadista. Logrando que esta debilidad resulte una virtud y fortaleza a la hora de provocar una determinación irreversible e incondicional en ellos. Un caso que es también, precisamente, el del joven Ahmed, un ser cuya aparente pérdida de inocencia no es real, más bien aplacada, soterrada, taimada por el adoctrinamiento y la radicalización. Es decir, el entusiasmo canalizado hacia un objetivo del todo perverso y concreto. El verdadero sentimiento del amor cegado por unos ideales de farisea pureza en los que no hay posibilidad alguna de reconducción a pesar de los constantes intentos fallidos de sus seres más cercanos y queridos de hacerle entrar en razón. Ni tan siquiera de experimentar el despertar sexual en toda, y esta vez, verdadera pureza. Hete ahí el verdadero conflicto a través del cual, "Le Jeune Ahmed" se revela en una película tan cinematográficamente rica como ideológicamente relevante y humanamente afectiva cuyo intenso final define y redondea a la perfección el corazón de una propuesta que bien mereció su reconocimiento en el palmarés final del Festival de Cannes.



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